Galería de obras

Las obras que comenta esta lección. Toca cualquiera para leer más en Wikipedia.

Expresionismo abstracto y la Escuela de Nueva York

Módulo 10 · De la posguerra a hoy · Periodo: c. 1943 – 1965 (apogeo c. 1947–1960) · Regiones: Estados Unidos (Nueva York), con eco internacional y diálogos con la École de Paris, el informalismo europeo y el muralismo mexicano


Panorama

Imagina entrar en una sala y encontrarte frente a un lienzo de casi cinco metros de ancho: no hay figuras, ni paisaje, ni historia que "leer". Solo una maraña de hilos de pintura goteada, enredados como una galaxia, que se extiende más allá de tu campo de visión y te envuelve. O imagina pararte ante tres bandas de color rojo profundo que flotan, vibran y parecen respirar, sin contorno fijo, hasta que sientes —físicamente— un nudo en la garganta sin saber por qué. Bienvenido al Expresionismo abstracto: el primer movimiento artístico verdaderamente importante nacido en Estados Unidos, y el momento en que el centro de gravedad del arte occidental cruzó el Atlántico y se instaló en Nueva York.

Durante siglos, en este curso, el "centro" del arte europeo fue itinerante pero siempre europeo: Florencia y Roma en el Renacimiento, Roma de nuevo en el Barroco, París desde el siglo XIX hasta las vanguardias. Tras la Segunda Guerra Mundial, ese mapa se rompe. Europa estaba en ruinas; muchos de sus mejores artistas —Mondrian, Ernst, Léger, Breton— habían huido a Nueva York; y allí, en torno a un puñado de pintores pobres y combativos, surgió un arte de escala monumental, gesto físico y ambición casi religiosa. Lo bautizaron de muchas maneras —Expresionismo abstracto, Action Painting, Color Field, "Escuela de Nueva York"—, pero todos sus protagonistas compartían una apuesta: que la pintura abstracta podía cargar con el peso de la experiencia humana más honda —la angustia, lo sublime, lo trágico— sin contar ninguna historia.

¿Por qué importa? Por tres razones. Primera, porque aquí la abstracción deja de ser un experimento europeo (Kandinsky, Mondrian, Malévich, que estudiaste en el Módulo 9) y se convierte en un lenguaje maduro, capaz de sostener una obra maestra entera por sí solo. Segunda, porque el Expresionismo abstracto inventa una idea del cuadro como acontecimiento y como campo: ya no una ventana a otro mundo, sino una superficie en la que ocurrió algo —un acto— y que te incluye a ti, espectador, por su tamaño. Y tercera, porque su historia es inseparable de la Guerra Fría y de cómo el arte puede volverse, casi sin quererlo, un símbolo político. Entender este movimiento es entender el nacimiento del arte contemporáneo tal como lo conocemos, y también aprender a sospechar de los relatos demasiado heroicos que la propia historia del arte ha construido.

Objetivos de aprendizaje

Al terminar esta lección serás capaz de:

  1. Situar el surgimiento del Expresionismo abstracto en su contexto histórico (la posguerra, el desplazamiento del centro artístico de París a Nueva York, la emigración europea y la Guerra Fría) y explicar por qué se considera el primer movimiento de vanguardia "americano".
  2. Distinguir las dos grandes corrientes del movimiento —la pintura de acción (action painting) y la pintura de campos de color (color field)— por su técnica, su intención y sus artistas representativos.
  3. Definir y reconocer los conceptos clave: all-over, dripping, gesto, escala, planitud (flatness), sublime y autonomía de la pintura.
  4. Analizar una obra abstracta integrando descripción, forma, técnica y contexto, sin recurrir a una "historia" figurativa, y articulando por qué produce el efecto que produce.
  5. Evaluar críticamente el papel de la crítica de arte (Clement Greenberg, Harold Rosenberg) y de la política cultural de la Guerra Fría en la consagración del movimiento.
  6. Cuestionar el relato canónico del "genio solitario", reconociendo el papel silenciado de las mujeres (Lee Krasner, Joan Mitchell, Helen Frankenthaler, Elaine de Kooning) y de artistas de otras procedencias en la Escuela de Nueva York.

Contexto histórico, social y cultural

El Expresionismo abstracto nace de una catástrofe y de un desplazamiento. La catástrofe es la Segunda Guerra Mundial (1939–1945): el Holocausto, Hiroshima, decenas de millones de muertos. Para una generación de artistas, después de semejante horror, la pintura agradable, decorativa o anecdótica resultaba obscena. Como en la Europa de 1916 con Dadá (Módulo 9), había que empezar de cero, buscar un arte a la altura de la tragedia y de las preguntas últimas: ¿qué sentido tiene el ser humano, qué es lo sagrado, cómo se pinta lo que no tiene forma?

El desplazamiento es geográfico. Antes de la guerra, Nueva York miraba a París como la capital indiscutible del arte moderno. Pero la guerra invirtió los papeles. Por un lado, una oleada de artistas e intelectuales europeos huyó del nazismo y recaló en Nueva York: el surrealista André Breton, Max Ernst, Marcel Duchamp, Fernand Léger, Piet Mondrian (que pintó allí su vibrante Broadway Boogie-Woogie), entre otros. Convivir con ellos y ver de cerca su obra fue una escuela decisiva para los jóvenes americanos. Del Surrealismo tomaron, sobre todo, el automatismo: la idea de pintar sin control consciente para que aflore el inconsciente. Por otro lado, durante los años treinta muchos de estos artistas habían sobrevivido gracias al Federal Art Project del New Deal, un programa estatal que pagó a los pintores en plena Depresión y los acostumbró a trabajar a gran escala (murales) y en comunidad. Algunos, como Pollock, habían trabajado además junto al muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, de quien aprendieron a verter y salpicar la pintura (recuerda el Muralismo mexicano del Módulo 9).

A todo ello se suma un clima intelectual concreto. El existencialismo de Sartre y Camus —el individuo solo ante un universo sin sentido, condenado a crearse a sí mismo con sus actos— impregnaba la época y daba un marco filosófico al énfasis en el acto de pintar. El psicoanálisis, en especial el de Carl Jung (los arquetipos, el inconsciente colectivo, los mitos universales), atrajo a artistas como Pollock, que buscaban símbolos primigenios comunes a toda la humanidad. Y la búsqueda de lo sublime —esa categoría estética del siglo XVIII que designa lo inmenso, lo aterrador y lo elevado que desborda la razón— reaparece como aspiración: pintar no lo bello, sino lo abrumador.

Finalmente, está la Guerra Fría. Hacia 1950, Estados Unidos y la URSS se disputaban no solo el poder militar, sino la hegemonía cultural. La URSS imponía el realismo socialista (arte figurativo, propagandístico, al servicio del Estado). Frente a él, un arte radicalmente libre, individualista y abstracto como el de Nueva York podía presentarse como prueba de la superioridad del "mundo libre". Como veremos en los debates, hay constancia de que organismos estadounidenses —incluida la CIA, a través de fundaciones pantalla— promovieron discretamente exposiciones de Expresionismo abstracto en el extranjero. El arte más interior y apolítico se convirtió, paradójicamente, en arma de propaganda.

Rasgos formales y estilísticos clave

El Expresionismo abstracto no es un estilo unificado: agrupa a artistas muy distintos (entre un Pollock convulso y un Rothko silencioso hay un abismo visual). Lo que comparten son principios y actitudes:

  • Abstracción total. Salvo excepciones (la serie Mujer de De Kooning), se renuncia a la figura reconocible. El cuadro no representa nada del mundo exterior: es una realidad autónoma.
  • Gran escala. Los lienzos son enormes, a menudo de varios metros. No se trata de tamaño por capricho: la escala monumental hace que la obra deje de ser un objeto que miras desde fuera y se convierta en un ambiente que te envuelve. Te coloca dentro del cuadro.
  • El gesto y la huella del cuerpo. En la vertiente de acción, la pincelada (o el chorro, o el goteo) registra el movimiento físico del artista: su brazo, su muñeca, su cuerpo entero. El cuadro es la huella de una acción, casi como las pisadas en la arena.
  • La composición all-over ("por todas partes"). Desaparecen el centro, la jerarquía y el marco compositivo tradicional. La pintura se distribuye con intensidad pareja por toda la superficie, sin un punto focal privilegiado, de borde a borde, sugiriendo que la imagen podría continuar más allá del lienzo.
  • La afirmación del plano (planitud o flatness). Frente a siglos de pintura que fingía profundidad (la perspectiva renacentista, el claroscuro barroco), aquí se subraya que el cuadro es una superficie plana cubierta de pintura. Esta "sinceridad" del medio será el caballo de batalla del crítico Greenberg.
  • El color como experiencia. En la vertiente de campos de color, grandes extensiones de color saturado, sin gesto visible, buscan provocar una reacción emocional y casi física: envolver, vibrar, conmover.
  • La aspiración a lo sublime y lo trágico. Muchos de estos artistas hablaban de su obra en términos casi religiosos: querían que el espectador tuviera ante el lienzo una experiencia de trascendencia, vértigo o emoción profunda, no un mero placer estético.
  • La autonomía de la pintura. El cuadro no ilustra una idea previa ni cuenta una historia: se justifica a sí mismo. El significado no está "detrás" de la imagen, sino en la experiencia directa de mirarla.

Materiales y técnicas

  • El dripping y el vertido (Pollock). En vez de pincel sobre caballete, Pollock clavaba el lienzo en el suelo y caminaba a su alrededor, dejando gotear, chorrear y salpicar la pintura desde palos, brochas endurecidas o latas agujereadas. Usaba esmalte industrial (pintura de uso doméstico, líquida y brillante, marca Duco) en lugar de óleo, porque fluía mejor. Es una técnica heredada en parte del automatismo surrealista y de la experimentación de Siqueiros.
  • La pintura "todo el cuerpo". El cambio de técnica implica un cambio de gesto: ya no se mueve solo la mano, sino el brazo y el cuerpo entero. El cuadro registra una coreografía; por eso Rosenberg hablará de "pintura de acción".
  • El óleo aplicado con violencia (De Kooning, Kline). En la rama gestual figurativa o semifigurativa, se usa el óleo tradicional pero con pinceladas anchas, rápidas y agresivas, dejando chorretones y empastes visibles. Kline empleaba brochas de pintor de brocha gorda para sus grandes trazos negros.
  • El staining o teñido (color field). Rothko aplicaba finísimas capas y veladuras de óleo muy diluido, superpuestas, para que el color pareciera emanar del interior del lienzo, sin pincelada marcada, con bordes vaporosos. Newman pintaba grandes campos planos cruzados por una franja vertical (su zip), a menudo reservada con cinta adhesiva.
  • La pintura empapada en lienzo crudo (Frankenthaler). En 1952 Helen Frankenthaler inventa el soak-stain: verter pintura muy diluida (como acuarela) directamente sobre lienzo sin imprimar, de modo que el color empapa la tela y se funde con ella en lugar de posarse encima. Esta técnica será decisiva para la siguiente lección (la abstracción pospictórica de Louis y Noland).
  • La escala arquitectónica. Trabajar tan grande exigía grandes estudios (a menudo lofts industriales baratos del bajo Manhattan) y, a veces, concebir la obra para un espacio específico, como una capilla (la Capilla Rothko de Houston) o un edificio.

Artistas y figuras clave

Jackson Pollock (1912–1956). El nombre-icono del movimiento, hasta el punto de que la revista Life preguntó en 1949 si era "el mayor pintor vivo de Estados Unidos". Formado en el realismo americano y marcado por el muralismo mexicano y el automatismo surrealista, hacia 1947 dio con su técnica del dripping: lienzos goteados en el suelo, sin figura, sin centro, de una energía rítmica hipnótica. Su imagen pública —el vaquero rudo, alcohólico, atormentado, "macho"— alimentó el mito del genio solitario. Murió a los 44 años en un accidente de coche conduciendo borracho.

Lee Krasner (1908–1984). Pintora rigurosa y cultísima, esposa de Pollock y artista de primer orden por derecho propio, largamente eclipsada por la fama de su marido (a quien, paradójicamente, ella misma ayudó a formarse y a darse a conocer). Su obra —de un gesto controlado, atenta a la composición y al collage, en permanente reinvención— ha sido reivindicada por la crítica reciente como una de las cumbres del movimiento. Es el caso modelo del talento femenino sepultado bajo el relato del genio.

Willem de Kooning (1904–1997). Neerlandés emigrado a Estados Unidos, el más virtuoso dibujante del grupo. Cabeza de la vertiente gestual, nunca abandonó del todo la figura: su escandalosa serie Mujer (Woman, c. 1950–1953) presenta cuerpos femeninos feroces, descoyuntados, con dientes y ojos saltones, entre la diosa antigua, el icono publicitario y la caricatura agresiva. Su pintura es una batalla visible entre abstracción y figuración.

Mark Rothko (1903–1970). Nacido Marcus Rothkowitz en Letonia (entonces Imperio ruso), emigró de niño a EE. UU. Máximo representante del color field. Hacia 1949 llegó a su fórmula madura: dos o tres rectángulos de color de bordes difusos, flotando sobre un fondo, en lienzos grandes. Rechazaba que se hablara de "color" o "composición": decía buscar las emociones humanas básicas —"tragedia, éxtasis, destino"— y quería que el espectador, colocado muy cerca, tuviera una experiencia casi mística. Su pintura se oscureció con los años; se suicidó en 1970.

Barnett Newman (1905–1970). Teórico y pintor del color field. Sus grandes campos de color monocromo, cruzados por una o varias franjas verticales —el zip—, aspiran a lo sublime: en su ensayo The Sublime Is Now (1948) reivindica un arte de lo absoluto. Títulos como Vir Heroicus Sublimis o la serie Stations of the Cross revelan su ambición filosófica y casi sagrada.

Franz Kline (1910–1962). Pintor del gesto en blanco y negro: enormes trazos negros sobre fondo blanco, anchos como vigas, que evocan estructuras industriales (puentes, vías) sin representarlas. A menudo se comparó con la caligrafía oriental, comparación que él rechazaba, insistiendo en que pintaba espacio, no signos.

Clyfford Still (1904–1980). Uno de los pioneros, de carácter intransigente. Grandes lienzos de superficies empastadas, abruptas, como cortezas o paisajes geológicos desgarrados, con campos de color desiguales y bordes "rasgados".

Adolph Gottlieb (1903–1974), Robert Motherwell (1915–1991) y Philip Guston (1913–1980). Motherwell, el más intelectual y elocuente del grupo, autor de la serie Elegías a la República Española; Gottlieb, de sus "pictogramas" y "estallidos" (Bursts); Guston, que tras pasar por la abstracción regresó a la figuración a finales de los sesenta con un crudo lenguaje de cómic, escandalizando a sus contemporáneos.

Las creadoras de la Escuela de Nueva York. Además de Krasner, fueron figuras de primer orden Joan Mitchell (1925–1992), de una pintura gestual exuberante y luminosa, derivada del paisaje, que desarrolló en Francia; Helen Frankenthaler (1928–2011), inventora del soak-stain y puente hacia la generación siguiente; Elaine de Kooning (1918–1989), pintora y crítica; y Grace Hartigan (1922–2008). Durante décadas la historiografía las trató como satélites; hoy se reconocen como protagonistas.

Los críticos. Clement Greenberg (1909–1994), el crítico más influyente del siglo XX en EE. UU., teórico de la "autocrítica" del medio: cada arte debe depurarse hacia lo que le es esencial, y lo esencial de la pintura es la planitud de la superficie. Harold Rosenberg (1906–1978), su gran rival, acuñó en 1952 la expresión "action painting": para él, el lienzo era "una arena en la que actuar", y la obra, el registro de un acontecimiento existencial. Y la galerista Peggy Guggenheim, cuya galería Art of This Century lanzó a Pollock y a otros.

Obras maestras comentadas

1. Number 1, 1950 (Lavender Mist) — Jackson Pollock

Number 1, 1950 (Lavender Mist)
Number 1, 1950 (Lavender Mist)imagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Jackson Pollock · Fecha: 1950 · Técnica: óleo, esmalte y pintura de aluminio sobre lienzo, c. 221 × 300 cm · Ubicación: National Gallery of Art, Washington D. C.

Descripción y forma: una superficie inmensa cubierta, de borde a borde, por una maraña de hilos de pintura goteada y salpicada: líneas blancas, negras, rosadas, de aluminio, que se cruzan y entretejen en capas. No hay figuras, ni arriba ni abajo, ni centro: es una composición all-over pura. Pese al aparente caos, el conjunto vibra con un ritmo y una densidad sorprendentemente equilibrados; el delicado tono lavanda no proviene de ningún violeta puro, sino del juego óptico del conjunto (de ahí el título Lavender Mist, "bruma lavanda", sugerido por el crítico Greenberg). Iconografía y contenido: no hay tema ni símbolo. El "contenido" es el acto mismo de pintar: el registro de los movimientos del cuerpo de Pollock danzando alrededor del lienzo en el suelo. En un margen quedaron sus huellas de manos, como una firma corporal arcaica. Contexto: 1950 es el punto culminante del dripping, el año en que el fotógrafo Hans Namuth filmó a Pollock pintando, fijando para siempre la imagen del "pintor de acción". Por qué importa: es el manifiesto visual de la action painting y de la composición all-over. Demuestra que un cuadro puede prescindir por completo de la figura, del centro y del relato, y aun así poseer una energía y una unidad poderosas. Cambió la idea misma de qué puede ser una pintura.

2. Woman I — Willem de Kooning

Woman I
Woman Iimagen: CC BY 3.0 · Wikimedia
  • Autor: Willem de Kooning · Fecha: 1950–1952 · Técnica: óleo sobre lienzo, c. 193 × 147 cm · Ubicación: Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York.

Descripción y forma: una figura femenina monumental, sentada de frente, construida con pinceladas anchas, violentas y chorreantes que parecen a punto de deshacerla. Tiene ojos enormes y fijos, una boca de dientes feroces (que De Kooning recortó, se dice, de un anuncio de cigarrillos) y unos pechos rotundos; el resto es una tormenta de pintura. La figura emerge y se disuelve a la vez en la abstracción del entorno. Iconografía y contenido: la imagen es ambivalente y perturbadora. Evoca a la vez la diosa madre arcaica (los ídolos de la fertilidad), el icono sonriente de la publicidad estadounidense y una criatura agresiva, casi monstruosa. De Kooning hablaba con ironía de la "sonrisa americana". Contexto: la obra escandalizó porque, en pleno triunfo de la abstracción pura, De Kooning se atrevió a volver a la figura —y a una figura tan poco halagadora—. Le costó dos años y decenas de repintes. Por qué importa: demuestra que el gesto expresionista no exigía abandonar la figuración, y plantea un cuadro como campo de batalla entre abstracción y figura. Es también una obra clave para el debate feminista posterior: ¿celebración de la mujer, sátira de su imagen mediática, o agresión misógina? La discusión sigue abierta.

3. No. 61 (Rust and Blue) — Mark Rothko

No. 61 (Rust and Blue)
No. 61 (Rust and Blue)imagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Mark Rothko · Fecha: 1953 · Técnica: óleo sobre lienzo, c. 293 × 294 cm · Ubicación: Museum of Contemporary Art (MOCA), Los Ángeles.

Descripción y forma: sobre un fondo de tono cálido, dos grandes rectángulos de color —uno azul oscuro arriba, uno pardo rojizo (óxido) debajo— flotan apilados, con los bordes difusos, vaporosos, sin contorno neto. No hay línea, ni dibujo, ni gesto visible: solo masas de color que parecen respirar y emanar luz desde dentro, gracias a las finísimas veladuras superpuestas. Iconografía y contenido: ninguna imagen. Rothko insistía en que no pintaba "abstracciones", sino emociones: "Estoy interesado en expresar las grandes emociones humanas: tragedia, éxtasis, destino." Quería que el espectador se colocara muy cerca (a unos 45 cm, recomendaba) para sentirse envuelto por el color. Contexto: hacia 1949–1950 Rothko había llegado a esta fórmula madura tras pasar por el surrealismo y la mitología. Buscaba una experiencia de recogimiento casi religioso, lejos del ruido del mundo. Por qué importa: es el ejemplo cumbre del color field y de la apuesta por lo sublime. Frente al gesto físico de Pollock, Rothko propone el silencio y la contemplación: la prueba de que la abstracción podía alcanzar una intensidad espiritual y emotiva sin contar nada.

4. Vir Heroicus Sublimis — Barnett Newman

Vir Heroicus Sublimis
Vir Heroicus Sublimisimagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Barnett Newman · Fecha: 1950–1951 · Técnica: óleo sobre lienzo, c. 242 × 542 cm · Ubicación: Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York.

Descripción y forma: un vasto campo de color rojo que ocupa casi cinco metros y medio de ancho, atravesado por cinco delgadas franjas verticales (zips) de tonos ligeramente distintos, situadas de forma asimétrica. Eso es todo: ni figuras, ni profundidad, ni gesto. El cuadro es tan ancho que, visto de cerca como Newman quería, desborda la visión periférica y rodea al espectador de rojo. Iconografía y contenido: el título latino significa "Hombre heroico y sublime". Las franjas verticales, según Newman, evocan al ser humano erguido, solo, "presente" ante la inmensidad —un eco del primer gesto de la Creación—. El zip no divide el campo: lo activa y le da escala humana. Contexto: se relaciona con su ensayo The Sublime Is Now (1948), donde reclama para el arte americano la categoría de lo sublime, libre del peso de la belleza europea. Por qué importa: lleva al extremo la idea de que el color y la escala bastan para crear una experiencia abrumadora. Su radical simplicidad y su énfasis en el campo de color y la franja anticipan directamente el Minimalismo y la abstracción pospictórica (próximas lecciones).

5. Chief — Franz Kline

Chief
Chiefimagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Franz Kline · Fecha: 1950 · Técnica: óleo sobre lienzo, c. 148 × 187 cm · Ubicación: Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York.

Descripción y forma: sobre un fondo blanco, unos trazos negros enormes, anchos como vigas, se curvan y se cruzan con una energía contenida. El blanco no es un simple fondo: es tan activo como el negro, y los dos colores luchan por el mismo espacio. Las pinceladas, aplicadas con brochas de pintor de paredes, dejan ver chorretones y velocidades distintas. Iconografía y contenido: Chief era el nombre de una locomotora que Kline recordaba de su infancia en la Pensilvania de las minas y los ferrocarriles. La obra no la representa, pero su masa, su empuje y su sensación de estructura en tensión evocan ese mundo industrial. Contexto: Kline llegó a su lenguaje en blanco y negro hacia 1949–1950, al proyectar ampliados sus pequeños bocetos. Rechazaba la comparación con la caligrafía oriental: insistía en que pintaba espacio y estructura, no signos. Por qué importa: demuestra que el gesto abstracto puede tener la fuerza arquitectónica de una construcción, y que el blanco y negro —sin color— basta para una pintura de enorme presencia física. Es el polo más austero de la pintura de acción.

6. The Seasons — Lee Krasner

The Seasons
The Seasonsimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Autor: Lee Krasner · Fecha: 1957 · Técnica: óleo y pintura de uso doméstico sobre lienzo, c. 236 × 518 cm · Ubicación: Whitney Museum of American Art, Nueva York.

Descripción y forma: un lienzo de más de cinco metros de ancho, recorrido por formas redondeadas, orgánicas —óvalos, semillas, brotes— en rosas, verdes y ocres, ligadas por una línea negra rítmica que las enlaza como un tejido vegetal. La composición es exuberante, pulsante, claramente all-over pero con un orden interno vegetal y cíclico. Iconografía y contenido: sin ser figurativa, la obra evoca con fuerza la fertilidad, el crecimiento y los ciclos de la naturaleza (las estaciones del título). Fue pintada en 1957, el año siguiente a la muerte de Pollock: una afirmación vital y un trabajo a gran escala en el granero-estudio que había sido de él. Contexto: demuestra que Krasner no era una "discípula" sino una creadora con lenguaje propio, en permanente reinvención (rara vez repetía fórmula). Por qué importa: es una de las grandes obras del Expresionismo abstracto en su fase madura y un caso central para reescribir el canon: durante décadas, esta pintura magistral quedó a la sombra del mito Pollock. Verla hoy es corregir una injusticia historiográfica y comprobar que el movimiento fue más diverso de lo que su relato heroico admitía.

Conexiones e influencias

Qué lo precede. La deuda con las vanguardias europeas (Módulo 9) es enorme: la abstracción de Kandinsky (con su idea de la pintura como música del alma), de Mondrian y de Malévich; el automatismo del Surrealismo, transmitido en persona por los exiliados en Nueva York, es la matriz directa del dripping de Pollock. También pesan el muralismo mexicano —la gran escala y el chorreado de Siqueiros— y el Federal Art Project del New Deal, que enseñó a estos pintores a trabajar en grande. En el plano de las ideas, el existencialismo y la psicología de Jung dan el clima filosófico. Y la aspiración a lo sublime enlaza con el Romanticismo del siglo XIX (Módulo 8): los grandes lienzos de Rothko son, en cierto modo, los descendientes abstractos de las inmensidades de Caspar David Friedrich o de las atmósferas de luz de Turner.

Con quién dialoga en su tiempo. En la Europa de posguerra surgía en paralelo un arte gestual y matérico afín, el informalismo o Art Informel (Wols, Fautrier, Hartung) y el Tachisme francés, junto al grupo CoBrA y al japonés Gutai (que llevó la pintura de acción a un extremo performativo). El Expresionismo abstracto no fue, pues, un fenómeno aislado, sino la versión más ambiciosa y mejor promocionada de un impulso internacional.

Qué anticipa (dentro del Módulo 10). Su herencia define el resto del módulo, casi siempre por reacción. El Pop Art (lección siguiente) se rebela contra su solemnidad y su subjetividad: frente al gesto angustiado y único, propone imágenes frías, impersonales y tomadas de la cultura de masas. El Minimalismo y la abstracción pospictórica prolongan en cambio la vía del color field y de Newman, pero eliminando toda emoción y todo gesto: el soak-stain de Frankenthaler conduce directamente a Morris Louis y Kenneth Noland. El gesto y la idea del lienzo como "arena de acción" desembocan, llevados al cuerpo real, en el happening y la performance (lecciones posteriores). Y la escala envolvente de Rothko o Newman prepara el terreno de la instalación y del environment. En suma: casi todo el arte de las décadas siguientes se entiende como respuesta a este movimiento, a favor o en contra.

Debates e interpretaciones

¿Arte de la libertad o arma de la Guerra Fría? Es el gran debate. La lectura tradicional veía el Expresionismo abstracto como arte puro, interior, apolítico, expresión de la libertad individual. Pero en 1973–1974, la historiadora Eva Cockcroft publicó un ensayo célebre, Abstract Expressionism, Weapon of the Cold War, que mostró cómo el gobierno estadounidense —y en concreto la CIA, a través del Congress for Cultural Freedom y de exposiciones itinerantes del MoMA— promovió discretamente este arte en Europa como símbolo de la superioridad del "mundo libre" frente al realismo socialista soviético. ¿Invalida esto la sinceridad de los artistas? La mayoría de ellos no lo supieron ni lo buscaron. El debate enseña una lección de mirada crítica: una obra puede ser sincera y, a la vez, ser utilizada políticamente; el significado de un arte no se agota en las intenciones de quien lo hace.

El mito del genio (masculino) solitario. El relato canónico, alimentado por la prensa (la revista Life, las fotos de Namuth), construyó la figura del héroe atormentado y viril —Pollock vaquero y borracho, De Kooning macho, Rothko trágico— que crea desde su angustia individual. Este relato es a la vez seductor y engañoso: invisibilizó a las mujeres del movimiento (Krasner, Mitchell, Frankenthaler, Hartigan, Elaine de Kooning), reducidas a esposas o discípulas, y ocultó el carácter colectivo de la escena neoyorquina (las tertulias del Cedar Tavern, el Club, las redes de apoyo). La crítica feminista, desde los años setenta, ha reescrito esta historia: hoy sabemos que el Expresionismo abstracto fue mucho más plural de lo que su mito admitía.

Greenberg contra Rosenberg: dos teorías incompatibles. Los dos grandes críticos interpretaron el mismo arte de maneras opuestas. Para Greenberg, lo importante era formal: la pintura se depuraba hacia su esencia, la planitud del plano, en una lógica histórica casi inevitable (su favorito era el color field, no el gesto). Para Rosenberg, lo importante era existencial: el cuadro no era un objeto sino el rastro de un acto, un acontecimiento vivido (de ahí "action painting"). El choque entre la forma y la acción —entre ver el cuadro como objeto o como huella de un suceso— sigue estructurando la teoría del arte.

"Mi hijo de cinco años podría hacer eso." La objeción popular acompaña a este arte desde el principio. ¿Por qué unos goteos o tres rectángulos son obras maestras? La respuesta no es que sean "difíciles de hacer técnicamente", sino que importa la decisión, el contexto y el efecto: el control rítmico de Pollock, las proporciones exactas y las veladuras de Rothko, el momento histórico en que se hicieron. Es el mismo debate que abrió Duchamp (Módulo 9) sobre qué convierte algo en arte; aquí reaparece con la abstracción.

El "fin" del movimiento y la cuestión nacional. Hacia 1960 el movimiento estaba agotado como vanguardia, desafiado por el Pop y el Minimalismo, y varios de sus protagonistas habían muerto trágicamente (Pollock en 1956, Kline en 1962, Rothko se suicidó en 1970). Queda además una pregunta incómoda: ¿fue de verdad el "primer arte americano", o una síntesis brillante de aportes europeos (abstracción, surrealismo) hecha en suelo americano? La respuesta más equilibrada es que fue ambas cosas: enraizado en Europa, pero con una escala, una ambición y una energía nuevas que solo pudieron darse en el Nueva York de la posguerra.

Glosario de la lección

  • Expresionismo abstracto: movimiento pictórico nacido en Nueva York hacia 1943–1947, primer gran movimiento de vanguardia estadounidense, caracterizado por la abstracción, la gran escala y la aspiración a expresar emociones o experiencias profundas sin figuración.
  • Escuela de Nueva York: nombre que designa al conjunto de artistas (y de poetas) activos en Nueva York en torno al Expresionismo abstracto en los años cuarenta y cincuenta; subraya el componente colectivo y geográfico del fenómeno.
  • Pintura de acción (action painting): término acuñado por Harold Rosenberg (1952) para la vertiente gestual del movimiento, que entiende el lienzo como "arena" en la que actuar y la obra como registro físico del acto de pintar (Pollock, De Kooning, Kline).
  • Pintura de campos de color (color field): vertiente que emplea grandes extensiones de color saturado, sin gesto visible, para producir una experiencia contemplativa o sublime (Rothko, Newman, Still).
  • Dripping (goteo): técnica de Pollock consistente en dejar caer, chorrear o salpicar pintura líquida sobre un lienzo colocado en el suelo, sin que el pincel toque la tela.
  • All-over ("por todas partes"): tipo de composición sin centro ni jerarquía, en la que la pintura se distribuye con intensidad pareja por toda la superficie, de borde a borde.
  • Gesto: huella visible del movimiento corporal del artista (pincelada, chorro, trazo), entendida como registro directo de una energía o un estado interior.
  • Escala: aquí, el gran tamaño del lienzo, concebido no como mero formato sino como medio para envolver al espectador y convertir la pintura en un ambiente.
  • Planitud (flatness): insistencia en que el cuadro es una superficie plana cubierta de pintura, sin ilusión de profundidad; rasgo que el crítico Greenberg consideraba la esencia de la pintura moderna.
  • Sublime: categoría estética (del siglo XVIII) que designa lo inmenso, sobrecogedor o trascendente que desborda la razón; recuperada por Newman y Rothko como aspiración de su pintura.
  • Zip: nombre que Barnett Newman dio a la franja vertical que cruza sus campos de color, activándolos y dándoles escala humana.
  • Soak-stain (teñido por empapado): técnica inventada por Helen Frankenthaler (1952) consistente en verter pintura muy diluida sobre lienzo crudo sin imprimar, de modo que el color empapa la tela en vez de posarse sobre ella.

Actividades y preguntas para debatir

  1. Acción frente a campo. Compara Number 1, 1950 (Lavender Mist) de Pollock con No. 61 (Rust and Blue) de Rothko. ¿Qué busca cada artista del espectador (energía o contemplación, mirar o sentir)? Describe cómo la técnica de cada uno sirve a esa intención. ¿Cuál te conmueve más y por qué?
  2. ¿Arma de la Guerra Fría? A partir de la tesis de Eva Cockcroft, debatid: ¿deja de ser "auténtica" una obra de arte por el hecho de que un gobierno la utilice como propaganda? ¿Puede el artista controlar el uso político de su obra? Aplicad la conclusión a otros casos del curso.
  3. El genio y los silenciados. Investiga la obra de Lee Krasner, Joan Mitchell o Helen Frankenthaler. ¿Por qué crees que el relato del movimiento las relegó? ¿Qué cambia en nuestra imagen del Expresionismo abstracto cuando se las incluye como protagonistas?
  4. "Eso lo hace cualquiera." Organizad un debate sobre la objeción popular ("mi hijo podría hacer eso"). Un bando la defiende; el otro debe explicar, con argumentos formales e históricos, por qué un Pollock o un Rothko no es un garabato. ¿Logra el debate definir qué añade el artista?
  5. Greenberg o Rosenberg. Cada grupo asume una de las dos teorías (la pintura como forma depurada / la pintura como acción existencial) y la defiende ante el mismo cuadro de Pollock. ¿Cuál explica mejor la obra? ¿Pueden ser compatibles?
  6. Pintar la naturaleza sin pintarla. The Seasons de Krasner y Chief de Kline evocan, sin representarlos, la naturaleza y el mundo industrial. Comenta cómo una pintura abstracta puede "hablar" de algo del mundo a través del ritmo, el color y la forma, sin mostrarlo.

Ejercicio de mirada

Vamos a aplicar el método del curso a una obra abstracta, lo que exige adaptar nuestras herramientas: aquí no buscaremos una "historia", sino una experiencia. Usaremos No. 61 (Rust and Blue) de Mark Rothko (1953), en el MOCA de Los Ángeles. Busca una reproducción en alta resolución y, si puedes, imagina sus casi tres metros de altura.

  1. Mirar antes de saber (1–2 minutos). No interpretes: solo mira y registra tu reacción física y emocional. ¿Te calma, te inquieta, te entristece, te deja indiferente? Anótalo. En el color field, esa primera reacción es el contenido.
  2. Descripción objetiva. Describe sin valorar: un lienzo casi cuadrado y muy grande; sobre un fondo cálido, dos grandes rectángulos horizontales de color (uno azul oscuro, uno pardo rojizo) apilados, con los bordes difusos y borrosos, sin línea que los separe.
  3. Análisis formal. Fíjate en las proporciones (cuánto pesa cada banda, cuánto fondo queda alrededor), en los bordes que vibran y en cómo el color parece emanar luz desde dentro. ¿Hay profundidad o todo es plano? ¿Los rectángulos avanzan hacia ti o retroceden? ¿Cómo cambia la sensación si imaginas la obra a tamaño real frente a ti?
  4. Técnica y materia. Recuerda que Rothko superpone finísimas veladuras de óleo muy diluido, sin pincelada visible. ¿Por qué esa ausencia de gesto? ¿Qué se gana al borrar la "mano" del artista, frente al chorreado bien visible de Pollock?
  5. Contenido y efecto. Aquí no hay iconografía: pregúntate qué emoción propone el cuadro y cómo la consigue (el color, la escala, los bordes, la quietud). Recuerda las palabras de Rothko: "tragedia, éxtasis, destino". ¿Funciona en ti esa aspiración a lo sublime, o te parece una pretensión exagerada?
  6. Contexto. Sitúa la obra: Nueva York, 1953, plena madurez del color field, en un momento en que el arte busca lo trascendente tras el horror de la guerra. Recuerda también el dato incómodo de la Guerra Fría: este arte "interior" se exhibió como bandera de Occidente.
  7. Mirada crítica. Pregúntate por la distancia entre la intención y el efecto: Rothko quería una experiencia casi religiosa, pero hoy sus obras alcanzan precios millonarios y decoran vestíbulos corporativos. ¿Cambia eso lo que sientes? ¿Puede un cuadro mantener su "sacralidad" convertido en activo financiero?
  8. Síntesis y juicio. En dos o tres frases: ¿qué hace este cuadro y por qué es importante en la historia de la abstracción? Vuelve a tu reacción del paso 1: ahora que lo has "leído", ¿la sostienes, la matizas o la has cambiado?

Autoevaluación

  1. (Opción múltiple) ¿Cuál de estos rasgos define la composición all-over de Pollock? a) un punto focal central muy marcado; b) la distribución uniforme de la pintura por toda la superficie, sin centro ni jerarquía; c) el uso de la perspectiva para crear profundidad; d) la presencia de una figura humana descoyuntada.

  2. (Opción múltiple) ¿Quién acuñó la expresión "action painting" y qué entendía por ella? a) Clement Greenberg; el cuadro como superficie plana depurada; b) Mark Rothko; el cuadro como experiencia religiosa; c) Harold Rosenberg; el lienzo como arena en la que actuar, y la obra como registro de un acto; d) Peggy Guggenheim; el cuadro como objeto de mercado.

  3. (Abierta) Explica la diferencia entre la pintura de acción (action painting) y la pintura de campos de color (color field) en cuanto a técnica, intención y efecto buscado. Cita un artista y una obra representativos de cada una.

  4. (Abierta) ¿Por qué se dice que el Expresionismo abstracto desplazó el centro del arte de París a Nueva York? Menciona al menos dos factores históricos que lo hicieron posible.

  5. (Abierta) Resume la tesis de Eva Cockcroft sobre el Expresionismo abstracto y la Guerra Fría, y explica por qué este caso es un buen ejercicio de mirada crítica sobre la relación entre arte y política.


Clave de respuestas

  1. b). All-over significa "por todas partes": la pintura cubre toda la superficie con intensidad pareja, sin centro, jerarquía ni marco compositivo tradicional, de borde a borde (como en Lavender Mist). La opción (d) describe más bien la serie Mujer de De Kooning.
  2. c). La expresión la acuñó Harold Rosenberg en 1952: para él, el lienzo era "una arena en la que actuar" y el cuadro, el registro de un acontecimiento existencial, no un objeto que representa algo. (Greenberg, en cambio, defendía la lectura formal de la "planitud").
  3. La pintura de acción es gestual: registra el movimiento físico del artista mediante chorreados, salpicaduras o pinceladas violentas; busca transmitir energía y la huella de un acto (ej.: Jackson Pollock, Number 1, 1950 / Lavender Mist; o Franz Kline, Chief; o De Kooning, Woman I). La pintura de campos de color usa grandes extensiones de color sin gesto visible, con técnica de veladuras o campos planos, para producir una experiencia contemplativa o sublime (ej.: Mark Rothko, No. 61 (Rust and Blue); o Barnett Newman, Vir Heroicus Sublimis). (Se aceptan otras obras correctas.)
  4. Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó en ruinas y Nueva York heredó el liderazgo artístico. Entre los factores: (1) la emigración a Nueva York de muchos de los mejores artistas europeos huyendo del nazismo (Mondrian, Ernst, Breton, Léger, Duchamp), que transmitieron de primera mano la vanguardia, en especial el automatismo surrealista; (2) la existencia, durante la Depresión, del Federal Art Project del New Deal, que sostuvo a los artistas y los acostumbró a la gran escala; (3) el clima de la Guerra Fría, que convirtió a Nueva York y a su arte abstracto en estandarte cultural de Occidente. (Bastan dos factores bien explicados.)
  5. Eva Cockcroft (Abstract Expressionism, Weapon of the Cold War, 1974) sostuvo que el gobierno de EE. UU., y en particular la CIA a través de fundaciones y exposiciones del MoMA, promovió discretamente el Expresionismo abstracto en el extranjero como símbolo de la libertad individual del "mundo libre", frente al realismo socialista soviético. Es un buen ejercicio de mirada crítica porque muestra que una obra puede ser sincera y al mismo tiempo instrumentalizada políticamente: su significado no se agota en la intención del artista, y conviene desconfiar de los relatos heroicos y "puros" sobre el arte.

Para profundizar

Textos de época y de los protagonistas:

  • Clement Greenberg, Arte y cultura (ensayos; incluye "Pintura modernista" y "American-Type Painting"): la teoría formalista del movimiento, en su propia voz.
  • Harold Rosenberg, "The American Action Painters" (1952): el ensayo que acuñó "pintura de acción".
  • Barnett Newman, "The Sublime Is Now" (1948): el manifiesto de la aspiración a lo sublime.
  • Mark Rothko, La realidad del artista (escritos): el pensamiento del pintor sobre la emoción y la tragedia.

Estudios modernos de referencia:

  • Irving Sandler, El triunfo de la pintura norteamericana: historia del expresionismo abstracto: relato clásico y detallado del movimiento.
  • Serge Guilbaut, De cómo Nueva York robó la idea de arte moderno: lectura crítica del ascenso de Nueva York en el contexto de la Guerra Fría.
  • Eva Cockcroft, "Abstract Expressionism, Weapon of the Cold War" (Artforum, 1974): el ensayo clave sobre arte y política.
  • Frances Stonor Saunders, La CIA y la guerra fría cultural: investigación sobre la financiación encubierta de la cultura occidental.
  • Mary Gabriel, Ninth Street Women: historia coral de Krasner, Mitchell, Frankenthaler, Hartigan y Elaine de Kooning, esencial para reescribir el canon.
  • Como marco general, las fichas y ensayos de Smarthistory y Khan Academy sobre Pollock, Rothko, De Kooning y el color field.

Museos y lugares (dónde ver las obras):

  • Nueva York – MoMA: Woman I de De Kooning, Vir Heroicus Sublimis de Newman, Chief de Kline, One: Number 31 de Pollock y un conjunto fundamental del movimiento.
  • Washington D. C. – National Gallery of Art: Number 1, 1950 (Lavender Mist) de Pollock y obras de Rothko, Newman y otros.
  • Houston (Texas) – Rothko Chapel: espacio meditativo no confesional con catorce murales oscuros de Rothko; la experiencia color field en su forma más total.
  • Los Ángeles – MOCA y The Broad: No. 61 (Rust and Blue) de Rothko y obras del movimiento.
  • Nueva York – Whitney Museum of American Art: The Seasons de Lee Krasner y arte americano del periodo.
  • Buffalo (Nueva York) – Buffalo AKG Art Museum (antes Albright-Knox): excepcional colección de Clyfford Still, Pollock y la Escuela de Nueva York; complementario del Clyfford Still Museum de Denver.

Enlace con el resto del módulo: has visto cómo, tras la Segunda Guerra Mundial, el centro del arte se trasladó a Nueva York y nació el Expresionismo abstracto, con su doble vía —el gesto físico de la action painting y el silencio envolvente del color field—, su ambición de lo sublime y su ambiguo papel en la Guerra Fría. En la próxima lección, Pop Art, verás la reacción frontal a todo esto: frente a la solemnidad, la angustia y el gesto único del artista-héroe, una nueva generación llenará el museo de latas de sopa, cómics y estrellas de cine —imágenes frías, impersonales y sacadas de la cultura de masas—, planteando que el arte ya no tiene por qué venir del alma del genio, sino que puede venir del supermercado.