Arte, poder, religión y propaganda
Módulo 12 · Temas transversales · Periodo: de c. 3000 a. C. a hoy (con hitos en Egipto, Roma, la Europa de las monarquías absolutas y los totalitarismos del siglo XX) · Regiones: enfoque global, con énfasis en Egipto, Mesopotamia, Roma, la cristiandad europea y los regímenes del siglo XX
Panorama
Imagina que eres un campesino egipcio del año 1250 a. C. y nunca has visto al faraón. ¿Cómo sabes quién manda? Lo sabes porque su imagen está en todas partes: colosal, repetida, idéntica, tallada en granito que durará milenios, siempre con el mismo gesto sereno y la misma escala sobrehumana frente a unos enemigos diminutos. No necesitas haberlo visto en persona; su imagen ya te ha gobernado. Eso es el arte al servicio del poder, y es una de las funciones más antiguas y persistentes que el arte ha tenido jamás —mucho más antigua que la idea moderna de que el arte sirve para la contemplación desinteresada o la expresión personal.
Esta lección recorre una pregunta que atraviesa todo el curso: ¿para qué sirve una imagen cuando alguien quiere mandar, convencer o hacerse obedecer? La respuesta nos lleva desde las paletas y relieves del Próximo Oriente antiguo hasta los carteles del realismo socialista; desde los retratos de Augusto que uniformaron un imperio hasta las catedrales que hacían sentir a un campesino analfabeto el peso entero del cielo; desde la iconoclasia que destruye imágenes por considerarlas peligrosas hasta las puestas en escena del nazismo. En todos esos casos, el arte no es un adorno del poder: es una de sus herramientas de gobierno.
El término que usamos hoy, propaganda, nació en un contexto religioso —la Congregatio de Propaganda Fide, fundada por el papado en 1622 para "propagar la fe"— y solo en el siglo XX adquirió su sentido peyorativo. Esa genealogía no es casual: poder y religión han compartido durante milenios el mismo taller de imágenes. Aprender a leer ese taller —a reconocer cómo una obra construye legitimidad, infunde temor, fabrica consenso o sacraliza a un gobernante— es una de las competencias críticas más valiosas que te llevarás de este curso. Porque la pregunta "¿quién encargó esto y qué quería que yo sintiera?" no caduca: sigue siendo urgente cada vez que abres una pantalla.
Objetivos de aprendizaje
Al terminar esta lección serás capaz de:
- Analizar los recursos visuales (escala, frontalidad, repetición, jerarquía, simbología) con que el arte ha construido y comunicado el poder político y religioso a lo largo de la historia.
- Comparar estrategias de legitimación visual de épocas y regímenes muy distintos (faraón, emperador romano, monarquía absoluta, totalitarismos del siglo XX), identificando continuidades y rupturas.
- Situar obras concretas en su contexto de encargo y reconocer la función propagandística o devocional que cumplían para su público original.
- Distinguir entre imagen de culto, imagen devocional e imagen propagandística, y explicar por qué la frontera entre arte religioso y arte político es a menudo porosa.
- Explicar el fenómeno de la iconoclasia y la damnatio memoriae como reverso del poder de las imágenes, y relacionarlo con las destrucciones de patrimonio antiguas y contemporáneas.
- Valorar críticamente los límites del concepto de "propaganda" y aplicar a cualquier imagen —histórica o actual— la pregunta por su comitente, su intención y sus efectos.
Contexto histórico, social y cultural
A diferencia de otras lecciones del curso, esta no estudia un estilo ni un periodo, sino una función que reaparece en casi todos. Conviene recorrer sus grandes escenarios.
El Próximo Oriente y Egipto: la imagen funda el Estado. Desde que existen Estados, existe arte de Estado. La Paleta de Narmer (c. 3000 a. C.) ya muestra, en el albor de Egipto, a un rey golpeando a un enemigo arrodillado: el esquema del "soberano victorioso" que se repetirá durante tres milenios. En Mesopotamia, la estela de Hammurabi (c. 1750 a. C.) coloca al rey recibiendo las leyes del dios Shamash: la autoridad se vuelve sagrada. Los relieves asirios de los palacios de Nínive y Nimrud (siglos IX-VII a. C.) narran cacerías de leones y campañas militares para abrumar al visitante con el poder despiadado del rey. El arte aquí no representa el poder: lo constituye y lo perpetúa (recuerda los Módulos 1 y 2).
Roma: la propaganda imperial como sistema. Roma perfeccionó el arte político hasta convertirlo en una maquinaria. Augusto entendió que para gobernar un imperio inmenso necesitaba un rostro reconocible y un mensaje único. Su retrato oficial —juvenil, idealizado, sereno— se replicó en miles de copias por todo el Mediterráneo; sus monumentos (el Ara Pacis, los arcos de triunfo, la columna de Trajano más tarde) narraban victorias y prometían una "edad de oro" de paz. Es el primer gran ejemplo de una imagen de marca estatal coordinada. Y su reverso: la damnatio memoriae, el borrado oficial de la imagen y el nombre de un emperador caído en desgracia.
La Iglesia: la imagen como "Biblia de los iletrados". Con el cristianismo, el arte se vuelve el gran vehículo de la fe para una sociedad mayoritariamente analfabeta. El papa Gregorio Magno (c. 600) formuló la idea célebre: las imágenes son la "lectura de los que no saben leer". Mosaicos bizantinos, tímpanos románicos con el Juicio Final, vidrieras góticas: la catedral medieval es una enciclopedia visual de la salvación y la condena, diseñada para enseñar, conmover y disciplinar (Módulo 5). Tras la Reforma protestante, el Concilio de Trento (1545-1563) reafirmó el valor de las imágenes y dio lugar al arte contrarreformista: el Barroco, con su patetismo y su teatralidad, es en buena medida propaganda católica de altísimo voltaje emocional (Módulo 7).
Las monarquías absolutas: el rey como espectáculo. En los siglos XVI-XVIII, el retrato de corte y la arquitectura palaciega escenifican el poder absoluto. Felipe II y los Habsburgo construyen una imagen de gravedad y piedad (El Escorial); Luis XIV, el "Rey Sol", convierte Versalles y su propio cuerpo en un teatro permanente de la majestad (Módulo 7). Cada retrato ecuestre, cada techo alegórico, cada jardín geométrico afirma que el orden del mundo emana del soberano.
Otras cortes, la misma gramática: los imperios de América y Asia. Nada de esto es exclusivo de Occidente. En Tenochtitlan, el Templo Mayor mexica (c. 1325-1521) funcionaba como escenografía total del poder-religión: una montaña sagrada artificial, ampliada por cada tlatoani sobre la de su antecesor, con santuarios gemelos a Huitzilopochtli y Tláloc en la cima. Los sacrificios celebrados en lo alto —ante miles de espectadores, incluidos los embajadores de los pueblos sometidos— escenificaban que el Estado mexica sostenía el orden del cosmos; al pie de la escalinata, el relieve de la diosa desmembrada Coyolxauhqui recordaba el destino de quienes desafiaban ese orden (arte mesoamericano). Y en la India mogol, casi en los mismos años en que Luis XIV convertía su lever en ceremonia, los emperadores practicaban el jharokha-darshan: la aparición diaria del soberano en una ventana-balcón del palacio para ser visto por sus súbditos, pues la contemplación ritual de su persona (darshan, término tomado de la devoción hindú) confería bendición y confirmaba que el imperio seguía en pie. Instituida por Akbar y mantenida por Jahangir y Shah Jahan, la práctica fue abolida por Aurangzeb (c. 1669) por considerarla idolátrica: una querella iconoclasta en torno a un cuerpo vivo (imperios otomano, safaví y mogol). Versalles, Agra y Tenochtitlan hablan dialectos del mismo idioma.
Los totalitarismos del siglo XX: el arte total al servicio del Estado. El siglo XX llevó la propaganda visual a una escala y una eficacia inéditas, ayudada por la fotografía, el cine y la reproducción masiva. La Alemania nazi promovió un arte "ario" academicista y monumental mientras tachaba la vanguardia de "arte degenerado" (Entartete Kunst, exposición de 1937); orquestó congresos y desfiles como obras de arte total, registrados por el cine de Leni Riefenstahl. La URSS impuso el realismo socialista (doctrina oficial desde 1934) como único estilo permitido: obreros heroicos, koljosianas radiantes y un Stalin omnipresente, mientras la vanguardia constructivista que había servido a la Revolución era arrinconada. Dos regímenes opuestos coincidieron en lo esencial: el arte debía ser legible, edificante y al servicio del Estado, y la libertad formal era sospechosa.
Este último escenario enlaza directamente con el Módulo 9 (Arte y guerras mundiales) y con la lección de Mecenazgo, mercado del arte y museos de este mismo módulo: quien paga —corte, Iglesia o partido— condiciona lo que se crea.
Rasgos formales y estilísticos clave
No hay un "estilo" del arte de poder, porque atraviesa todos los estilos. Lo que sí existe es un repertorio de recursos formales que reaparece una y otra vez al servicio de la autoridad:
- Escala y monumentalidad. Lo grande impone. El coloso, la pirámide, el arco de triunfo y el rascacielos del régimen funcionan por tamaño: el cuerpo del espectador se siente pequeño, y esa pequeñez física se traduce en sometimiento simbólico.
- Jerarquía de tamaños (perspectiva jerárquica). El personaje más importante se representa más grande que los demás, al margen de la perspectiva real. El faraón empequeñece a sus enemigos; Cristo en majestad supera a los apóstoles; el líder destaca sobre la masa.
- Frontalidad, simetría y quietud. El poder sagrado tiende a representarse de frente, simétrico e inmóvil, mirando al espectador (el Pantocrátor bizantino, el faraón entronizado). La frontalidad crea distancia y respeto; el movimiento se reserva a las figuras secundarias.
- Repetición y estandarización. La imagen del poder se multiplica idéntica: retratos de Augusto, iconos, efigies en monedas, carteles de Mao o de Stalin. La repetición naturaliza: lo que se ve mil veces parece eterno e indiscutible.
- Idealización y tipos fijos. El soberano rara vez se muestra envejecido o defectuoso: se le idealiza según un canon de belleza, juventud o gravedad. La verdad cede ante el mensaje.
- Simbología del atributo. Coronas, cetros, nimbos, águilas, esvásticas, hoces y martillos: un vocabulario de signos comunica de un vistazo a quién hay que obedecer o venerar.
- Teatralidad y emoción dirigida. El Barroco contrarreformista y la propaganda moderna comparten la voluntad de arrebatar al espectador: éxtasis, luz dramática, gestos amplios, puestas en escena. No basta con informar; hay que conmover para convencer.
Materiales y técnicas
El poder elige sus materiales en función de dos objetivos: durar y difundirse.
- La piedra de la permanencia. Granito, basalto, mármol: materiales duros y caros que dicen "esto es para siempre". El faraón se talla en granito; Roma reviste de mármol; los regímenes del XX recuperan el clasicismo pétreo para sugerir eternidad. La elección del material es ya un mensaje político.
- El oro y el mosaico de lo sagrado. En Bizancio, el fondo de oro del mosaico y el icono no es decorativo: representa la luz increada, lo divino, un espacio fuera del tiempo. El oro convierte una pared en una ventana al cielo y sacraliza a quien aparece sobre él (emperador o Cristo).
- El textil como tesoro de Estado. En los Andes, el material supremo del poder no fue la piedra ni el oro, sino el tejido: el cumbi, tapiz finísimo de lana de alpaca o vicuña reservado al Sapa Inca y a quienes él distinguía, se producía en talleres estatales (las acllas, mujeres escogidas, y tejedores especializados) y se regalaba, se vestía o se quemaba en sacrificio como instrumento de gobierno. Recibir un cumbi de manos del Inca obligaba políticamente a quien lo aceptaba, y sus motivos geométricos (tocapu) codificaban rango e identidad: un imperio administrado, en parte, con telas (arte andino).
- El fresco y el lienzo de la corte. La pintura mural (Capilla Sixtina, techos barrocos) y el gran retrato al óleo permiten programas alegóricos complejos para públicos cultos: la corte, la curia, el palacio.
- La estampa y la reproducción seriada. El grabado, y más tarde la litografía, multiplican imágenes baratas: la propaganda de la Reforma y la Contrarreforma viajó en xilografías; las revoluciones modernas, en carteles litográficos. La reproductibilidad democratiza la imagen y, a la vez, la convierte en arma de masas.
- La fotografía, el cine y el fotomontaje. El siglo XX añade medios de enorme poder persuasivo. El fotomontaje se usó tanto para el poder (propaganda soviética) como contra él (las sátiras antinazis de John Heartfield). El cine de Riefenstahl demostró que el montaje podía fabricar lo sublime al servicio del horror. (Conecta con el Módulo 9, Fotografía moderna.)
Artistas y figuras clave
A diferencia de otras lecciones, aquí las "figuras clave" son tanto artistas como comitentes: quien encarga es, en el arte de poder, tan determinante como quien ejecuta.
- Augusto (63 a. C. – 14 d. C., Roma). No fue artista, sino el gran ideólogo visual de la Antigüedad: diseñó un programa de imagen imperial coherente (retrato, monumento, moneda) que sirvió de modelo a todo Occidente.
- Justiniano (c. 482-565, Imperio bizantino) y la corte de Rávena. Bajo su mandato, el mosaico imperial-religioso (San Vitale) fusionó de forma insuperable poder político y autoridad sagrada.
- Abad Suger de Saint-Denis (c. 1081-1151, Francia). Promotor del primer gótico; teorizó la luz de las vidrieras como vía hacia lo divino y unió arte, fe y prestigio de la monarquía francesa.
- Los obas de Benín (siglos XV-XIX, actual Nigeria). Comitentes dinásticos por excelencia del África occidental: el gremio real de fundidores (Igun Eronmwon) trabajaba en exclusiva para el palacio, y las cabezas conmemorativas y placas de latón construían la memoria oficial de la dinastía. Como Augusto, el oba gobernaba también mediante un programa de imágenes controlado desde la corte (arte africano subsahariano).
- Gian Lorenzo Bernini (1598-1680, Italia). Genio del Barroco y gran propagandista visual del papado: la columnata de la plaza de San Pedro, el Baldaquino y el Éxtasis de Santa Teresa son arte de la Contrarreforma en estado puro (Módulo 7).
- Diego Velázquez (1599-1660, España). Retratista de Felipe IV; elevó el retrato de corte a cima de la pintura, construyendo la imagen de la majestad hispánica con una sutileza sin igual (Módulo 7).
- Charles Le Brun (1619-1690, Francia). Primer pintor de Luis XIV y director de la manufactura real; orquestó la imagen del Rey Sol en Versalles, ejemplo de propaganda monárquica coordinada.
- Jacques-Louis David (1748-1825, Francia). Pintor de la Revolución y luego de Napoleón; sus grandes lienzos (La consagración de Napoleón) muestran cómo un mismo artista puede servir a regímenes opuestos con idéntica eficacia propagandística (Módulo 7-8).
- Aleksandr Ródchenko (1891-1956) y El Lissitzky (1890-1941, URSS). Constructivistas que pusieron la vanguardia (fotomontaje, diseño gráfico, cartel) al servicio de la Revolución, antes de que el realismo socialista los desplazara (Módulo 9).
- Leni Riefenstahl (1902-2003, Alemania). Cineasta del régimen nazi; El triunfo de la voluntad (1935) es el caso límite de cómo una técnica artística refinada puede ponerse al servicio de un proyecto criminal. Su nombre obliga a pensar la responsabilidad ética del creador.
- John Heartfield (1891-1968, Alemania). Maestro del fotomontaje antifascista; demostró que las mismas herramientas de la propaganda podían volverse arma de resistencia y sátira contra el poder.
Obras maestras comentadas
1. Paleta de Narmer (c. 3000 a. C.)

- Ficha. Esquisto tallado en relieve · c. 3100-3000 a. C. · Museo Egipcio, El Cairo.
- Descripción. En una de sus caras, una figura imponente —el rey Narmer, con la corona blanca del Alto Egipto— levanta una maza para golpear a un enemigo arrodillado al que sujeta por el pelo. Filas de figuras menores y signos jeroglíficos completan la escena.
- Forma e iconografía. Todo es jerarquía: el rey es gigantesco; el enemigo, sumiso y pequeño. El esquema del "faraón victorioso aniquilando al caos" queda fijado aquí para tres mil años.
- Contexto. Conmemora (de forma idealizada, quizá ritual más que histórica) la unificación de Egipto. Es uno de los primeros documentos donde imagen, escritura y poder estatal nacen juntos.
- Por qué es importante. Es el "acta de nacimiento" visual del arte de poder: muestra que, desde el origen del Estado, la imagen sirve para fundar y proclamar la autoridad.
2. Augusto de Prima Porta (principios del siglo I d. C.)

- Ficha. Mármol · copia de un original en bronce, h. 20 a. C. · Museos Vaticanos, Roma.
- Descripción. El emperador Augusto, de pie, con coraza decorada y brazo alzado en gesto de arenga (adlocutio); a sus pies, un pequeño Cupido sobre un delfín. Rostro joven, sereno, idealizado.
- Forma e iconografía. El cuerpo sigue el canon clásico griego (el Doríforo de Policleto): Augusto se presenta como heredero de la perfección helénica. La coraza narra una victoria diplomática; el Cupido alude a su ascendencia divina (la diosa Venus). Cada detalle es mensaje.
- Contexto. Augusto siempre se representó joven, aunque la estatua se realizara en su madurez o tras su muerte: la imagen no envejece porque el poder no debe parecer mortal.
- Por qué es importante. Es el modelo del retrato de propaganda imperial: idealización, repetición y simbolismo combinados en una imagen exportable a todo el imperio (Módulo 2).
3. Mosaicos de Justiniano y su corte, San Vitale de Rávena (c. 547)

- Ficha. Mosaico parietal · c. 547 · Iglesia de San Vitale, Rávena (Italia).
- Descripción. El emperador Justiniano, con nimbo dorado, púrpura imperial y corona, aparece frontal, rodeado de cortesanos, soldados y clérigos, portando una patena. Frente a él, en el muro opuesto, su esposa Teodora.
- Forma e iconografía. Frontalidad, fondo de oro, nimbo: el emperador se presenta como figura casi sagrada, situado entre el poder civil y el eclesiástico, ofreciendo el pan de la eucaristía. No hay sombras ni espacio real: estamos en un tiempo eterno.
- Contexto. Rávena era el bastión bizantino en Italia. El mosaico afirma la autoridad de un emperador que está físicamente lejos, fusionando trono y altar.
- Por qué es importante. Es la fusión perfecta de poder político y religioso: el gobernante como representante de Dios en la tierra, idea que recorrerá toda la Edad Media (Módulo 5).
4. Éxtasis de Santa Teresa, de Gian Lorenzo Bernini (1647-1652)

- Ficha. Mármol y bronce dorado · 1647-1652 · Capilla Cornaro, iglesia de Santa Maria della Vittoria, Roma.
- Descripción. La santa, suspendida en una nube, se desvanece en éxtasis mientras un ángel sonriente le clava una flecha de oro; un haz de rayos dorados desciende sobre ellos. A los lados, "palcos" con figuras de la familia Cornaro contemplan la escena como en un teatro.
- Forma e iconografía. Bernini funde escultura, arquitectura y luz natural (oculta) en una obra de arte total que busca el arrebato emocional del fiel. El éxtasis místico se representa con una intensidad casi corporal.
- Contexto. Plena Contrarreforma: frente al rechazo protestante de las imágenes y del culto a los santos, la Iglesia católica responde con un arte que emociona y persuade mediante los sentidos.
- Por qué es importante. Ejemplifica el arte religioso como propaganda de la fe (la palabra propaganda nace precisamente en este contexto): no enseña con frialdad, sino que conquista el corazón (Módulo 7).
5. El obrero y la koljosiana, de Vera Mújina (1937)

- Ficha. Acero inoxidable · 1937 · originalmente para el Pabellón soviético de la Exposición Universal de París; hoy en Moscú.
- Descripción. Dos figuras colosales avanzan juntas con ímpetu: un obrero alza un martillo y una campesina (koljosiana) una hoz, formando en alto el emblema soviético, las telas y los cuerpos lanzados hacia delante.
- Forma e iconografía. Realismo socialista en estado puro: figuras heroicas, idealizadas, dinámicas y legibles, encarnando la alianza de obreros y campesinos. El dinamismo, heredado en parte de la vanguardia, se pone al servicio del optimismo de Estado.
- Contexto. En la Exposición de París de 1937, el pabellón soviético y el alemán (de Albert Speer) se enfrentaron literalmente cara a cara: dos totalitarismos compitiendo en monumentalidad.
- Por qué es importante. Muestra cómo un régimen impone un estilo oficial obligatorio y convierte el arte en instrumento de movilización; el reverso de la libertad de las vanguardias (Módulo 9).
6. Adolf Hitler como portaestandarte / la maquinaria visual nazi (años 1930)
- Ficha. Conjunto de imágenes y puestas en escena (pintura academicista, fotografía de Hoffmann, cine de Riefenstahl, arquitectura de Speer) · Alemania, años 1930-40.
- Descripción. El régimen nazi orquestó una imagen total: pintura "aria" de cuerpos idealizados y escenas campesinas, retratos heroicos del líder, congresos de Núremberg como liturgias de masas filmadas desde abajo para agigantar al jefe.
- Forma e iconografía. Clasicismo monumental, simetría, repetición de la masa uniformada, el individuo disuelto en el ornamento humano. La modernidad técnica (cine, fotografía, megafonía) al servicio de un mensaje arcaizante.
- Contexto. En paralelo, la exposición de "Arte degenerado" (1937) ridiculizaba la vanguardia (expresionismo, cubismo, abstracción) como enferma y "judeobolchevique": la iconoclasia moderna del régimen.
- Por qué es importante. Es el caso límite que obliga a separar calidad técnica y valor moral: una propaganda visualmente eficaz puede servir al mayor de los horrores. Plantea la cuestión ética central de la lección (Módulo 9).
7. Placas de latón del palacio real de Benín (siglos XVI-XVII)

- Ficha. Latón fundido a la cera perdida · c. 1550-1650 · Museo Británico (Londres), Ethnologisches Museum (Berlín) y otras colecciones; restituciones en curso a Nigeria.
- Descripción. Cientos de placas rectangulares en relieve que revestían los pilares del palacio del oba en la ciudad de Benín: el rey con sus atributos, guerreros con escudos y lanzas, cortesanos, músicos y también mercaderes portugueses con sus armas de fuego.
- Forma e iconografía. La perspectiva jerárquica rige la composición: el oba, mayor y frontal, centra las escenas, y sus acompañantes disminuyen según su rango —la misma gramática de Narmer, reinventada de forma independiente—. Los fondos de rosetas y la técnica virtuosa de la cera perdida proclaman la riqueza del reino y el monopolio real sobre el latón obtenido en el comercio con Europa.
- Contexto. Las placas formaban una crónica dinástica y ceremonial del reino de Benín en su apogeo, un archivo visual de la corte custodiado por gremios que trabajaban solo para el palacio. En 1897, una expedición punitiva británica saqueó el palacio y dispersó miles de piezas por museos occidentales; su restitución es hoy el caso más célebre del debate descolonizador (véase la lección de Patrimonio, restitución y descolonización del museo de este módulo).
- Por qué es importante. Demuestra que el programa dinástico —imagen oficial, taller controlado por la corte, crónica visual del poder— no es un invento europeo; y su historia posterior añade una capa más a la lección: apropiarse de las imágenes ajenas es también un acto de poder.
Conexiones e influencias
Esta lección es, por naturaleza, un hilo que cose el curso entero. Lo que precede: el arte de poder hunde sus raíces en la Prehistoria y, sobre todo, en las primeras civilizaciones (Módulo 1: Egipto, Mesopotamia) y en la Antigüedad clásica (Módulo 2: Grecia y, decisivamente, Roma), donde nacen la perspectiva jerárquica, el retrato oficial y el monumento conmemorativo.
Lo que atraviesa: la Edad Media (Módulo 5) lleva al extremo la fusión de trono y altar (Bizancio, el románico, el gótico de Suger); el Renacimiento (Módulo 6) pone el genio al servicio de papas y príncipes (la Sixtina de Julio II); el Barroco (Módulo 7) convierte la Contrarreforma y el absolutismo en espectáculo (Bernini, Versalles, Velázquez); el siglo XIX (Módulo 8) ve la propaganda napoleónica y la nacionalista.
Lo que anticipa: la maquinaria del siglo XX (Módulo 9) y, más allá, la publicidad y la imagen política contemporánea, que heredan directamente estos recursos. Cuando hoy un anuncio repite un rostro, idealiza un cuerpo o monumentaliza una marca, está usando gramática faraónica.
Diálogos globales: la sacralización del gobernante no es exclusiva de Occidente. El emperador chino y la Ciudad Prohibida, los dioses-reyes mesoamericanos y andinos (Módulo 11), o los soberanos del arte islámico y sus inscripciones de poder (Módulo 4) ofrecen variantes fascinantes del mismo fenómeno, que conviene poner en diálogo para evitar una mirada eurocéntrica.
Debates e interpretaciones
¿Toda imagen de poder es "propaganda"? El término es moderno y peyorativo; aplicarlo sin más a un mosaico bizantino o a un retablo medieval puede ser anacrónico. Muchos historiadores prefieren hablar de legitimación, representación del poder o imagen de culto, reservando "propaganda" para los sistemas de comunicación de masas modernos. ¿Dónde está la frontera?
Arte religioso: ¿devoción o control? ¿Una catedral gótica es la expresión sincera de una fe colectiva o un dispositivo de disciplina social que infunde temor al infierno? La respuesta honesta suele ser "ambas cosas a la vez", y aprender a sostener esa ambivalencia es parte de la madurez crítica.
El problema de Riefenstahl: ¿se puede separar forma y contenido? ¿Es El triunfo de la voluntad una obra maestra del cine a pesar de ser propaganda nazi, o esa misma maestría la hace más perversa? El debate sobre si la excelencia técnica puede juzgarse al margen de su fin es uno de los más difíciles de la estética.
Iconoclasia: destrucción o también discurso. Romper imágenes —la querella iconoclasta bizantina (siglos VIII-IX), la Reforma protestante, la Revolución francesa, las voladuras de los Budas de Bamiyán (2001) por los talibanes, el derribo de estatuas coloniales y confederadas en el siglo XXI— no es solo barbarie: es otra forma de creer en el poder de las imágenes. Se destruye lo que se teme. La iconoclasia es el reverso exacto de la propaganda, y conecta con la lección de Patrimonio, restitución y descolonización del museo de este módulo.
¿El arte "auténtico" es el que se resiste al poder? La narrativa romántica y modernista ensalza al artista rebelde y desconfía del arte oficial. Pero gran parte de las obras maestras del canon fueron encargos del poder (la Sixtina, Velázquez, Bernini). ¿Tiene sentido despreciar el arte "al servicio de"? El propio canon, recuerda el Módulo 0, es una construcción interesada.
Glosario de la lección
- Propaganda. Difusión sistemática de imágenes o ideas para influir en las creencias y conductas de un público; el término nació en 1622 en sentido religioso (propagar la fe) y adquirió su matiz peyorativo en el siglo XX.
- Legitimación. Construcción del derecho a gobernar; el arte de poder fabrica legitimidad presentando al gobernante como justo, victorioso, elegido por los dioses o necesario.
- Perspectiva jerárquica. Convención por la que el personaje más importante se representa de mayor tamaño que los demás, al margen de la distancia o la perspectiva real.
- Iconografía de poder. Repertorio de atributos y signos (corona, cetro, nimbo, águila, esvástica, hoz y martillo) que identifican y exaltan a una autoridad.
- Imagen de culto. Imagen sagrada destinada a ser venerada (icono, estatua de un dios), en la que para el fiel lo representado y la imagen casi se confunden.
- Damnatio memoriae. Práctica romana de borrar oficialmente el nombre y la imagen de un personaje caído en desgracia, para condenar su memoria; antecedente antiguo de la iconoclasia política.
- Iconoclasia. Destrucción deliberada de imágenes por motivos religiosos o políticos (de eikón, imagen, y klaō, romper); paradójicamente, afirma el poder de aquello que destruye.
- Contrarreforma. Respuesta católica a la Reforma protestante (Concilio de Trento, 1545-1563) que reafirmó el valor de las imágenes e impulsó un arte emotivo y persuasivo: el Barroco religioso.
- Arte degenerado (Entartete Kunst). Etiqueta con que el régimen nazi denigró y persiguió la vanguardia; su exposición de 1937 ridiculizaba el arte moderno como enfermo y antialemán.
- Realismo socialista. Doctrina artística oficial de la URSS (desde 1934) que exigía un arte realista, optimista y comprensible, glorificando al trabajador, al Partido y al líder.
- Obra de arte total (Gesamtkunstwerk). Fusión de varias artes (arquitectura, escultura, luz, música, escenografía) en una experiencia unitaria; recurso del Barroco y, de modo inquietante, de las liturgias de masas del siglo XX.
- Retrato de corte. Género que construye la imagen pública del soberano (de pie, ecuestre, entronizado) combinando semejanza, idealización y simbología de la majestad.
Actividades y preguntas para debatir
- El abecé del poder. Elige tres obras de esta lección de épocas distintas (por ejemplo, la Paleta de Narmer, el Augusto de Prima Porta y El obrero y la koljosiana) e identifica en cada una qué recursos formales comparten (escala, frontalidad, idealización, repetición). ¿Qué te dice esa continuidad de tres mil años?
- ¿Devoción o disciplina? Discute en grupo: el programa visual de una catedral gótica, ¿es sobre todo una expresión de fe o un instrumento de control social? Defended ambas posturas con ejemplos concretos (tímpano del Juicio Final, vidrieras, reliquias).
- El dilema Riefenstahl. Organizad un debate: ¿puede una obra de propaganda al servicio de un régimen criminal ser, a la vez, una obra maestra técnica? ¿Cambia eso cómo debemos exhibirla o estudiarla hoy?
- Caza la gramática faraónica. Busca una imagen política o publicitaria actual (un cartel electoral, un anuncio, la fotografía oficial de un líder) y analízala con el vocabulario de la lección: ¿qué recursos del arte de poder reconoces?
- Iconoclasia hoy. El derribo de estatuas coloniales o confederadas en el siglo XXI, ¿es vandalismo, justicia simbólica o un nuevo capítulo de la vieja iconoclasia? Relaciónalo con la querella iconoclasta bizantina y con la lección de restitución del museo.
- El mismo pincel, dos amos. Investiga el caso de Jacques-Louis David, pintor de la Revolución y luego de Napoleón, o el de los constructivistas soviéticos. ¿Qué nos dice sobre la relación entre artista y poder que un mismo talento sirva a regímenes opuestos?
- Versalles, Agra, Tenochtitlan. Compara tres maneras de escenificar el cuerpo del soberano: el lever de Luis XIV en Versalles, el jharokha-darshan mogol y la aparición del tlatoani en lo alto del Templo Mayor. ¿Qué recursos comparten (elevación, distancia, ritualización de la mirada)? ¿Qué papel se asigna al espectador en cada caso: cortesano, súbdito bendecido, testigo del sacrificio?
Ejercicio de mirada
Aplica el método del Módulo 0 a los mosaicos de Justiniano y su corte en San Vitale de Rávena (c. 547), atendiendo especialmente a cómo la imagen construye autoridad.
- Descripción objetiva (¿qué hay?). Enumera los hechos antes de interpretar: un grupo de figuras de pie, frontales; una destaca por la púrpura, la corona y un disco dorado tras la cabeza; sostiene un objeto; el fondo es completamente dorado, sin paisaje ni sombras.
- Análisis formal. Estudia la frontalidad (todos miran al espectador), la ausencia de profundidad (no hay suelo ni espacio real), la simetría y el fondo de oro que elimina el tiempo y el lugar. ¿Cómo te hace sentir esa rigidez? ¿A quién dirige tu mirada la composición?
- Iconografía y contenido. Identifica los atributos del poder: la púrpura imperial, la corona, el nimbo (normalmente reservado a los santos) sobre la cabeza del emperador, la patena eucarística que sostiene. ¿Qué se afirma al rodear a un emperador civil de signos sagrados?
- Contexto. Sitúa la obra: Imperio bizantino, Rávena como bastión en Italia, un emperador que gobierna desde lejos y necesita estar presente mediante su imagen. Considera el papel de la Iglesia y del Estado fundidos en una sola autoridad.
- La cuestión del poder. Pregúntate: ¿por qué a Justiniano se le representa con nimbo, atributo de la santidad? ¿Qué relación entre el trono y el altar propone esta imagen? Compárala mentalmente con el Augusto de Prima Porta: ¿qué ha cambiado, qué permanece?
- Valoración crítica (¿por qué importa?). Formula con tus palabras por qué esta obra es central para la lección: qué demuestra (que la imagen puede sacralizar el poder y volver indiscutible al gobernante) y qué herramientas formales lo logran.
Autoevaluación
1. (Opción múltiple) La perspectiva jerárquica consiste en: a) Dibujar las figuras lejanas más pequeñas, como en la perspectiva renacentista. b) Representar al personaje más importante mayor que los demás, al margen de la distancia real. c) Ordenar los colores según su prestigio. d) Pintar siempre al rey en el centro del cuadro.
2. (Opción múltiple) El término propaganda tiene su origen en: a) La Revolución francesa. b) La maquinaria de comunicación de los regímenes del siglo XX. c) La Congregatio de Propaganda Fide, fundada por el papado en 1622 para propagar la fe. d) La publicidad comercial del siglo XIX.
3. (Opción múltiple) El realismo socialista y el arte oficial nazi, pese a ser de regímenes opuestos, coincidían en que: a) Ambos exaltaban la abstracción y la vanguardia. b) Ambos rechazaban toda representación de la figura humana. c) Ambos exigían un arte legible, idealizado y al servicio del Estado, y desconfiaban de la libertad formal de las vanguardias. d) Ambos prohibían la escultura monumental.
4. (Abierta) Explica qué es la iconoclasia y por qué se dice que, paradójicamente, afirma el poder de las imágenes que destruye. Cita al menos dos ejemplos históricos de distintas épocas.
5. (Abierta) Elige dos obras de la lección de contextos distintos (por ejemplo, religioso y político) y explica, en cada caso, qué recursos formales (escala, frontalidad, idealización, simbología, oro, teatralidad…) emplea para construir autoridad o devoción.
Clave de respuestas
1. b) La perspectiva jerárquica jerarquiza por tamaño simbólico, no por distancia: el faraón empequeñece a sus enemigos y Cristo en majestad supera a los apóstoles, aunque "deberían" estar a la misma escala. 2. c) La palabra nace en un contexto religioso (propagar la fe) y solo en el siglo XX adquiere su sentido peyorativo; esa genealogía revela el viejo parentesco entre poder, religión e imagen. 3. c) Dos ideologías enfrentadas coincidieron en lo esencial: el arte debía ser comprensible, edificante y obediente al Estado, y la experimentación formal era sospechosa (de ahí el "arte degenerado" nazi y la marginación de la vanguardia soviética). 4. Respuesta abierta. Debe definir la iconoclasia como destrucción deliberada de imágenes por motivos religiosos o políticos, y argumentar que se destruye lo que se teme: si las imágenes fueran inertes, no haría falta romperlas; al destruirlas se reconoce su poder. Ejemplos válidos: la querella iconoclasta bizantina (s. VIII-IX), la Reforma protestante, la Revolución francesa, los Budas de Bamiyán (2001), el derribo de estatuas coloniales/confederadas (s. XXI). 5. Respuesta abierta. Ejemplos válidos: en San Vitale, frontalidad + nimbo + fondo de oro + púrpura sacralizan a Justiniano; en el Augusto de Prima Porta, idealización clásica + simbología (Cupido, coraza narrativa) + repetición del tipo por el imperio; en el Éxtasis de Santa Teresa, teatralidad + luz dirigida + emoción persuaden al fiel; en El obrero y la koljosiana, escala colosal + idealización heroica + dinamismo + emblema movilizan. Debe identificarse el recurso y vincularlo a su efecto (respeto, obediencia, arrebato devocional, entusiasmo).
Para profundizar
Lecturas de referencia (reales):
- Ernst H. Gombrich, La imagen y el ojo y capítulos de La historia del arte — sobre la función de la imagen y el arte al servicio del poder.
- David Freedberg, El poder de las imágenes (The Power of Images) — clásico sobre la respuesta emocional, el culto y la iconoclasia.
- Paul Zanker, Augusto y el poder de las imágenes — estudio modélico de la propaganda visual romana.
- Peter Burke, La fabricación de Luis XIV — cómo se construyó la imagen del Rey Sol; ejemplo de manual de propaganda monárquica.
- Igor Golomstock, Arte totalitario (Totalitarian Art) — comparación de la estética nazi, soviética, fascista y maoísta.
- Boris Groys, Obra de arte total Stalin — sobre el arte como proyecto total bajo el estalinismo.
- Susan Sontag, "Fascinante fascismo" (ensayo, 1975) — crítica imprescindible del caso Riefenstahl.
- Dario Gamboni, The Destruction of Art: Iconoclasm and Vandalism since the French Revolution — sobre la iconoclasia moderna.
Museos y colecciones:
- Museo Egipcio (El Cairo): Paleta de Narmer.
- Museos Vaticanos (Roma): Augusto de Prima Porta; y la Capilla Sixtina como arte de poder papal.
- Iglesia de San Vitale (Rávena): mosaicos de Justiniano y Teodora.
- Santa Maria della Vittoria (Roma): Éxtasis de Santa Teresa de Bernini; plaza de San Pedro (Vaticano).
- Palacio de Versalles (Francia): la puesta en escena del absolutismo.
- Museo del Louvre (París) y Museo del Prado (Madrid): retrato de corte (David, Velázquez).
- Galería Tretiakov (Moscú) y museos de la época soviética: realismo socialista; el monumento de Mújina en Moscú.
- Deutsches Historisches Museum (Berlín): documentación de la propaganda y el "arte degenerado" nazis.
Recursos en línea:
- Smarthistory (smarthistory.org): análisis fiables de la mayoría de estas obras (Narmer, Augusto, San Vitale, Bernini).
- Archivos en línea de los Museos Vaticanos, el Louvre y el Prado.
- Para la iconoclasia y la restitución contemporáneas, enlaza con las lecciones Patrimonio, restitución y descolonización del museo y Conservación, restauración y autenticidad de este mismo módulo.