Historia del retrato
Módulo 12 · Temas transversales · Periodo: de la Antigüedad a hoy (con énfasis en c. 100 d. C. – 2000) · Regiones: tradición mediterránea, europea y norteamericana, con apertura a una mirada global
Panorama
Imagina que abres los ojos de un muerto. Eso es, casi literalmente, lo que hace un retrato de El Fayum: en el desierto egipcio, hace casi dos mil años, alguien pintó sobre una tablilla el rostro de una mujer joven, con grandes ojos oscuros y un brillo de luz en el pelo, y lo colocó sobre su momia. Te mira. Han pasado veinte siglos y te mira. Esa es la promesa —y el escalofrío— del retrato: arrancarle a la muerte una cara concreta, irrepetible, y hacerla durar.
El retrato es, probablemente, el género más cargado de sentido de toda la historia del arte, porque su tema es nosotros. Pero "parecerse" nunca fue lo único que estuvo en juego. Un retrato responde casi siempre a tres preguntas al mismo tiempo: ¿quién eres? (identidad), ¿qué lugar ocupas? (estatus), y ¿cómo quieres ser visto? (poder y mirada). El retrato de Enrique VIII que pintó Holbein no buscaba un parecido amable: buscaba aplastarte. Las meninas de Velázquez no solo retratan a una infanta: ponen en escena quién mira a quién en una corte. Y cuando Frida Kahlo se pinta a sí misma una y otra vez, o cuando Cindy Sherman se fotografía disfrazada de cincuenta personajes que no son ella, el retrato ya no certifica una identidad: la interroga.
Esta lección recorre esa larguísima aventura, desde la cara del difunto egipcio hasta el rostro disuelto, deformado o multiplicado del arte contemporáneo, pasando por el retrato de corte que fabricaba reyes, el autorretrato que inventó al artista como protagonista y la fotografía que, de pronto, puso el parecido al alcance de todos. ¿Por qué en un módulo de temas transversales? Porque el retrato cruza el curso entero —está en Roma y en Florencia, en Ámsterdam y en Ciudad de México— y porque pocas cosas enseñan mejor que el arte nunca es un espejo neutral: es siempre una decisión sobre quién merece ser recordado, cómo, y para quién.
Objetivos de aprendizaje
Al terminar esta lección serás capaz de:
- Definir el retrato como género y distinguir sus funciones históricas (conmemorar, certificar el poder, afirmar el estatus, explorar la identidad, recordar al difunto).
- Situar las grandes etapas del retrato occidental —funerario antiguo, de corte, burgués, fotográfico y contemporáneo— en su contexto histórico y social.
- Analizar un retrato atendiendo a la pose, la mirada, los atributos, el formato y el punto de vista, e interpretar qué dicen sobre quién encargó la obra y para qué.
- Comparar el retrato pintado con el autorretrato y con la fotografía, reconociendo qué cambia en cada caso la relación entre artista, modelo y espectador.
- Explicar la "crisis" o disolución del rostro en el arte de los siglos XX y XXI (Bacon, Sherman, Close) como respuesta a la fotografía y a una nueva idea de la identidad.
- Cuestionar críticamente quién ha tenido derecho a ser retratado a lo largo de la historia, y qué voces y rostros han quedado fuera del género.
Contexto histórico, social y cultural
El retrato no nace de un impulso "natural" de copiar caras: nace de necesidades sociales muy concretas, y cambia cuando cambian esas necesidades. Conviene seguir esa lógica.
El retrato como memoria del muerto (Antigüedad). Las primeras grandes tradiciones de retrato son funerarias y conmemorativas. En Roma, las familias patricias conservaban imagines —máscaras de cera de los antepasados— que se exhibían en los funerales: el retrato era un instrumento de linaje y prestigio. De ahí nace un retrato romano de un realismo a veces brutal, que no teme las arrugas, las calvas ni la papada, porque la gravitas (la seriedad, la autoridad de la edad) era un valor. En el Egipto romano, los retratos de El Fayum (siglos I–III d. C.) llevaban esa cara al ámbito de la momia: un rostro pintado del natural, asombrosamente vivo, para acompañar al difunto a la eternidad. Y esa lógica funeraria no es exclusiva del Mediterráneo: casi por las mismas fechas, en la costa norte del Perú, los ceramistas moche (c. 100–800 d. C.) modelaban los huacos retrato, botellas de cerámica con rostros masculinos tan individualizados —cicatrices, arrugas, gestos inconfundibles— que se ha podido reconocer a una misma persona retratada en distintas edades de su vida. Muchos se hallaron en tumbas: dos tradiciones sin contacto posible dieron, por separado, la misma respuesta al mismo problema (arte andino, Módulo 11).
El eclipse medieval y el retorno del individuo. Durante buena parte de la Edad Media occidental (Módulo 5), el retrato individual casi desaparece: lo que importa no es tu cara, sino tu función (rey, obispo, donante arrodillado) y la salvación de tu alma. El rostro se idealiza o se tipifica. El retrato moderno —el que busca a la persona concreta— renace con fuerza en el Renacimiento (Módulo 6), de la mano de un cambio profundo: el humanismo, que pone al individuo en el centro, y una nueva burguesía y nobleza con dinero, vanidad y ganas de perdurar. Aparece el retrato de perfil (a la manera de las medallas antiguas) y luego el retrato de tres cuartos, más íntimo y psicológico, que mira al espectador.
El retrato como instrumento de poder (siglos XVI–XVIII). En la Edad Moderna, el retrato se convierte en arma política. Los reyes no podían estar en todas partes, así que su imagen los representaba: el retrato de corte viajaba, se enviaba a las negociaciones matrimoniales (te casabas, literalmente, con un retrato antes que con una persona), colgaba en embajadas y palacios. Holbein, Tiziano, Velázquez, Van Dyck o Rigaud no pintaban hombres: fabricaban majestad. La pose, el manto, la columna, la cortina, el perro, la espada: todo era un vocabulario de poder. Y ese vocabulario no fue un monopolio europeo: en las mismas décadas, la corte mogol de la India perfeccionaba su propio retrato de aparato en formato de miniatura. Bajo el emperador Jahangir (r. 1605–1627), los pintores del taller imperial fijaron su perfil con exactitud minuciosa y lo rodearon de alegorías: en Jahangir prefiere a un jeque sufí antes que a los reyes (Bichitr, c. 1615–1618, Freer Gallery of Art, Washington), el emperador, nimbado por un enorme halo solar, entrega un libro a un santo mientras el rey Jacobo I de Inglaterra, copiado de un retrato inglés, espera relegado en una esquina. La miniatura viajaba, se regalaba y negociaba prestigio exactamente igual que el lienzo de Tiziano (los imperios de la pólvora, Módulo 4).
El retrato burgués y la democratización (siglo XIX). Con el ascenso de la burguesía, retratarse deja de ser privilegio de príncipes. La clase media quiere sus propios rostros en el salón, como prueba de respetabilidad. Y entonces, en 1839, irrumpe la fotografía (Módulo 8): de pronto, por unas monedas, cualquiera puede tener su imagen exacta. Es una revolución comparable a pocas en la historia del arte. El retrato pintado, liberado de la obligación de "parecerse", queda libre para hacer otra cosa: explorar la psicología, la pincelada, el color —o entrar en crisis.
La crisis del rostro (siglos XX–XXI). El siglo XX desconfía del rostro como garantía de identidad. El psicoanálisis sugiere que no somos transparentes ni siquiera para nosotros mismos; las guerras y los totalitarismos muestran el rostro humano desfigurado; los medios de masas multiplican las caras hasta el vértigo. El retrato responde deformando (Bacon), fragmentando (el cubismo), multiplicando (Warhol) o fingiendo (Sherman) el rostro. La pregunta deja de ser "¿se le parece?" para volverse "¿existe siquiera un yo estable al que parecerse?".
Idea clave. El retrato nunca fue un simple espejo. Es una negociación entre tres voluntades —la del artista, la de quien paga o posa, y la de quien mirará— sobre cómo debe recordarse a una persona. Aprender a leerlo es aprender a ver esa negociación.
Rasgos formales y estilísticos clave
Un retrato se "lee" prestando atención a un puñado de decisiones formales. Domínalas y podrás analizar casi cualquier ejemplo de la historia.
- El formato y el encuadre. ¿Es un busto (cabeza y hombros), un medio cuerpo, un cuerpo entero o un retrato ecuestre? La regla general: cuanto más cuerpo y más espacio ocupa la figura, más poder y estatus se le atribuye. El retrato de cuerpo entero y el ecuestre estaban casi reservados a reyes y grandes señores.
- La pose. De pie, sentado, de perfil, de tres cuartos, de frente. La pose comunica carácter: rigidez y frontalidad sugieren autoridad y distancia; una postura relajada o una torsión, intimidad o naturalidad.
- La mirada. ¿Te mira a los ojos o desvía la vista? La mirada directa establece una relación —de igualdad, de desafío o de seducción— con quien observa; la mirada perdida sugiere introspección o idealización.
- Los atributos. Objetos que "dicen" quién es el retratado: un libro (saber), una espada (rango militar), joyas y armiño (riqueza y nobleza), instrumentos del oficio (un pincel para el artista, un compás para el arquitecto), una flor o un perro (con sus significados de pureza o fidelidad).
- El fondo y el entorno. Un fondo neutro y oscuro concentra la atención en la cara; una arquitectura monumental, una cortina o un paisaje añaden estatus o estado de ánimo. El retrato de aparato rodea al modelo de un escenario de poder.
- Idealización frente a verismo. Toda la historia del retrato oscila entre embellecer (corregir defectos, rejuvenecer, ennoblecer) y decir la verdad (las arrugas, la fatiga, la fealdad). Cada época y cada encargo negocian ese equilibrio: el retrato romano tardío y el Rembrandt viejo se inclinan al verismo; el retrato de corte, casi siempre, a la idealización. Las cabezas de Ifé (Nigeria, siglos XII–XV), fundidas en aleación de cobre a la cera perdida, resuelven el dilema a su manera: rasgos individualizados bajo una serenidad sin edad ni defectos, porque retratan a la vez a una persona y a la dignidad sagrada del cargo real; las cabezas conmemorativas de Benín prolongaron esa vía en los altares de los obas difuntos (arte africano subsahariano, Módulo 11).
- La luz. Modela el volumen del rostro y crea atmósfera. El claroscuro dramático (Caravaggio, Rembrandt) carga la cara de psicología; una luz uniforme la presenta con claridad documental.
Materiales y técnicas
El "cómo está hecho" condiciona qué tipo de retrato es posible, cuánto cuesta y quién puede tenerlo.
- Encáustica. Pigmentos mezclados con cera caliente, la técnica de los retratos de El Fayum. Permite una pincelada densa y luminosa, de una frescura que ha sobrevivido dos milenios.
- Escultura en mármol y bronce. Vehículo del retrato romano (bustos, estatuas, monedas con el perfil del emperador). La moneda fue, de hecho, el primer "retrato de masas": la cara del poder en el bolsillo de todos.
- Temple y óleo sobre tabla y lienzo. El óleo, perfeccionado en Flandes en el siglo XV, fue decisivo para el retrato: sus veladuras translúcidas permiten imitar la piel, el brillo de una joya o la textura de una tela con un realismo inédito. Es el medio del retrato de corte y burgués durante cinco siglos.
- La miniatura. Retratos diminutos (a la acuarela sobre vitela o marfil) que se llevaban como joya o se enviaban por correo: el "selfie" portátil de los siglos XVI a XVIII.
- El pastel. Frescura y delicadeza para el retrato del siglo XVIII (Rosalba Carriera, Maurice Quentin de La Tour).
- El grabado. Multiplicaba el retrato (de reyes, sabios, escritores) y lo difundía como una imagen pública, antes de la fotografía. En el Japón de Edo, la estampa ukiyo-e, impresa y vendida por miles, hizo lo mismo a escala de masas: los retratos de actores de kabuki de Tōshūsai Sharaku (activo 1794–1795), con sus rostros a página entera y sus muecas llevadas al límite, convirtieron la cara del actor en imagen de celebridad, dos siglos antes de Warhol (arte de Japón, Módulo 3).
- La fotografía (desde 1839). Daguerrotipo, carte de visite, retrato de estudio: por primera vez, una imagen mecánica, barata y exacta. Transformó para siempre lo que se le pedía al retrato pintado.
- Medios contemporáneos. El siglo XX y XXI suman el fotomontaje, la serigrafía (Warhol), la fotografía escenificada (Sherman), el vídeo y lo digital, ampliando el retrato más allá del lienzo.
Artistas y figuras clave
- Anónimos de El Fayum (Egipto romano, siglos I–III d. C.). Autores de los primeros grandes retratos pintados conservados, de un naturalismo conmovedor.
- Jan van Eyck (c. 1390–1441, Flandes). Pionero del retrato al óleo de máximo realismo; introdujo la pose de tres cuartos y un detallismo psicológico inédito.
- Hans Holbein el Joven (c. 1497–1543, Alemania/Inglaterra). El gran retratista de la corte de Enrique VIII: precisión implacable y poder visual abrumador.
- Tiziano (c. 1488/90–1576, Venecia). Inventor del retrato de aparato moderno; retrató a Carlos V y a media Europa, fijando el modelo del retrato regio.
- Alberto (Albrecht) Durero (1471–1528, Alemania). Su autorretrato de 1500 es un hito: el artista se representa de frente, en una pose reservada a Cristo, reivindicando la dignidad casi sagrada del creador.
- Diego Velázquez (1599–1660, España). Cumbre del retrato de corte; en Las meninas convierte el retrato en una reflexión sobre la mirada y la representación misma.
- Anton van Dyck (1599–1641, Flandes/Inglaterra). Definió el retrato aristocrático elegante y desenvuelto que dominaría Europa durante dos siglos.
- Rembrandt van Rijn (1606–1669, Países Bajos). El gran maestro del autorretrato: cerca de ochenta a lo largo de su vida, un diario implacable del paso del tiempo y la introspección.
- Bichitr (activo c. 1615–1650, India mogol). Maestro de la miniatura de corte de Jahangir y Shah Jahan: retratos de perfil de precisión implacable y alegorías del poder imperial, exactamente contemporáneos de Velázquez.
- Élisabeth Vigée Le Brun (1755–1842, Francia). Retratista de María Antonieta y de las cortes europeas (ver la lección Mujeres en la historia del arte, en este mismo módulo).
- Tōshūsai Sharaku (activo 1794–1795, Japón). Retratista de actores de kabuki en el grabado ukiyo-e: en apenas diez meses produjo un conjunto de retratos de una intensidad caricaturesca y psicológica única, y desapareció sin dejar rastro.
- Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780–1867, Francia). Perfección del dibujo y de la línea en el retrato burgués y aristocrático del siglo XIX.
- Vincent van Gogh (1853–1890, Países Bajos). Sus autorretratos convierten el rostro en un campo de color y pincelada expresiva, anticipando las vanguardias.
- Nadar (Gaspard-Félix Tournachon, 1820–1910, Francia). Pionero del retrato fotográfico artístico; retrató a la élite cultural de su tiempo.
- Frida Kahlo (1907–1954, México). Hizo del autorretrato un universo simbólico sobre el dolor, la identidad y lo mexicano (Módulo 9).
- Pablo Picasso (1881–1973, España). Fragmentó el rostro con el cubismo y lo reinventó una y otra vez a lo largo del siglo.
- Francis Bacon (1909–1992, Reino Unido). Deformó el rostro hasta el grito y el borrón, en retratos de una violencia psicológica desgarradora.
- Andy Warhol (1928–1987, EE. UU.). Convirtió el retrato en producto de masas: la cara serigrafiada y repetida de la celebridad (Marilyn, Mao).
- Chuck Close (1940–2021, EE. UU.). Llevó el retrato a una escala monumental e hiperrealista, construido a partir de una retícula.
- Cindy Sherman (n. 1954, EE. UU.). Con sus Untitled Film Stills, se fotografía a sí misma encarnando estereotipos: el "retrato" sin sujeto fijo, pura identidad construida.
Obras maestras comentadas
1. Retrato de El Fayum (mujer joven, llamada a veces "europea"), Egipto romano

- Ficha. Encáustica sobre tabla de madera · c. 100–150 d. C. · diversos ejemplares repartidos entre el British Museum (Londres), el Louvre (París), el Metropolitan (Nueva York) y el Museo Egipcio de El Cairo.
- Descripción. Un rostro frontal de mujer joven, de grandes ojos oscuros y húmedos que miran directamente al espectador; el pelo recogido, pendientes de oro, un punto de luz en la pupila que parece animarla.
- Forma y técnica. La encáustica (pigmento en cera) permite una pincelada cargada y luminosa; el modelado del rostro, con sombras suaves y reflejos, busca un naturalismo casi fotográfico, herencia de la pintura helenística.
- Iconografía y contenido. Estos retratos se colocaban sobre el rostro de las momias, fundiendo la tradición funeraria egipcia con el realismo grecorromano. No idealizan a un dios: fijan a una persona concreta para la eternidad.
- Contexto. Egipto bajo dominio romano, una sociedad mestiza (griega, egipcia, romana) donde se cruzan dos ideas de la muerte. Son los retratos pintados más antiguos que se conservan en tan buen estado.
- Por qué importa. Demuestran que el retrato naturalista —ese rostro que "te mira"— existe desde hace dos mil años, y que su raíz es la memoria del difunto: vencer a la muerte poniéndole una cara.
2. Huaco retrato moche (botella con rostro de dignatario), Perú antiguo

- Ficha. Cerámica moldeada y pintada con engobes (botella de asa estribo) · c. 200–600 d. C. · numerosos ejemplares en el Museo Larco (Lima), el Art Institute of Chicago y el Metropolitan Museum (Nueva York).
- Descripción. Una botella cerámica cuyo cuerpo es una cabeza humana casi de tamaño natural: pómulos marcados, nariz poderosa, ojos atentos bajo un tocado anudado; a veces una cicatriz o un labio partido individualizan aún más el rostro, precisado con pintura crema y rojiza.
- Forma e iconografía. Los ceramistas moche combinaban el molde con el retoque a mano para producir rostros individualizados, no tipos: se han identificado series de vasijas que muestran a la misma persona en distintas edades, del joven al hombre maduro. Los retratados son, casi con seguridad, señores y guerreros de rango de la costa norte del Perú.
- Contexto. La cultura moche (c. 100–800 d. C.) floreció sin escritura, pero con una cerámica narrativa extraordinaria. Muchos huacos retrato proceden de tumbas, lo que sugiere, como en El Fayum, una función funeraria y conmemorativa (arte andino, Módulo 11).
- Por qué importa. Es la gran tradición de retrato individual de la América precolombina, surgida sin contacto alguno con el Mediterráneo: la prueba más contundente de que el retrato no es un invento europeo del Renacimiento, sino una respuesta que varias culturas dieron, por separado, a la misma necesidad de fijar un rostro.
3. Hans Holbein el Joven, Retrato de Enrique VIII (tipo de c. 1536–1537)

- Ficha. Óleo sobre tabla · c. 1536–1537 y copias del taller · versiones en la Galleria Nazionale d'Arte Antica (Roma), Thyssen-Bornemisza (Madrid) y otras; el gran mural original de Whitehall se perdió en un incendio.
- Descripción. El rey, de frente o casi, ocupa la tabla con una presencia aplastante: hombros descomunales ensanchados por el jubón acuchillado, joyas, las piernas separadas y firmes, la mirada dura y la cabeza pequeña sobre un cuerpo de coloso.
- Forma e iconografía. Holbein renuncia a la torsión elegante para imponer una frontalidad casi heráldica: el cuerpo es un escudo de poder. Las telas, las piedras preciosas y el oro están pintados con un detallismo que abruma. El rey no posa: domina.
- Contexto. Enrique VIII acababa de romper con Roma y fundar la Iglesia de Inglaterra; necesitaba una imagen de autoridad absoluta. Holbein, pintor de corte, le construyó un icono visual que se copió y difundió por todo el reino.
- Por qué importa. Es el ejemplo perfecto del retrato como propaganda: una imagen tan eficaz que todavía hoy "vemos" a Enrique VIII tal como Holbein quiso que lo viéramos. (Enlaza con Arte, poder, religión y propaganda, en este módulo.)
4. Alberto Durero, Autorretrato con abrigo de pieles (1500)
- Ficha. Óleo sobre tabla · 1500 · Alte Pinakothek, Múnich.
- Descripción. El artista, de 28 años, se representa rigurosamente de frente, con larga melena rizada, la mano sobre el cuello de pieles, sobre un fondo oscuro con inscripciones; el rostro es solemne, hierático, intemporal.
- Forma e iconografía. La frontalidad simétrica y la mano alzada son las de las imágenes de Cristo (Salvator Mundi). Durero no se compara a Cristo por soberbia, sino que reivindica que el artista, como creador, participa de un don casi divino. La inscripción afirma que se pintó "con colores imperecederos".
- Contexto. En torno a 1500, el estatus del artista se eleva del artesano al genio creador (un cambio que estudiarás también en Mecenazgo, mercado y museos). Durero, orgulloso de su fama, firma con su célebre monograma.
- Por qué importa. Es uno de los autorretratos fundacionales de Occidente: el momento en que el artista se coloca a sí mismo en el centro del cuadro y reclama dignidad intelectual y creadora.
5. Diego Velázquez, Las meninas (1656)

- Ficha. Óleo sobre lienzo · 1656 · Museo del Prado, Madrid.
- Descripción. En una sala del Alcázar, la infanta Margarita rodeada de sus damas (meninas), una enana, un perro y otros personajes; a la izquierda, el propio Velázquez ante un gran lienzo; al fondo, en un espejo, se reflejan los reyes Felipe IV y Mariana; una figura en una puerta iluminada, al fondo, mira hacia dentro.
- Forma e iconografía. Velázquez orquesta un juego de miradas y espacios sin igual: ¿a quién pinta el pintor del cuadro? Probablemente a los reyes, que estarían en el lugar del espectador y se reflejan en el espejo. El retrato se vuelve una reflexión sobre el acto de mirar y de representar.
- Contexto. Velázquez, ya pintor y aposentador del rey, ansiaba el reconocimiento social del artista (la cruz de Santiago que luce fue añadida después). La obra afirma la dignidad de la pintura como arte liberal, no como oficio manual.
- Por qué importa. Considerada una de las cumbres de la pintura universal, lleva el retrato de corte a un plano filosófico: ¿quién mira a quién? ¿Dónde está el verdadero protagonista? El espectador queda atrapado dentro del cuadro.
6. Vincent van Gogh, Autorretrato (1889, Saint-Rémy)

- Ficha. Óleo sobre lienzo · septiembre de 1889 · Musée d'Orsay, París.
- Descripción. El artista, de medio cuerpo, sobre un fondo de remolinos azul verdosos que parecen vibrar; el rostro tenso, la mirada penetrante, el pelo y la barba rojizos; toda la superficie está recorrida por una pincelada ondulante y nerviosa.
- Forma e iconografía. El color y la pincelada ya no describen: expresan. El fondo turbulento contagia su movimiento a la figura, de modo que el estado interior del retratado invade el cuadro entero. La identidad se vuelve emoción y energía pintada.
- Contexto. Van Gogh lo pintó internado en el asilo de Saint-Rémy, en un periodo de crisis. Sin dinero para modelos, se pintó a sí mismo decenas de veces, como Rembrandt: el autorretrato como laboratorio y como diario.
- Por qué importa. Anuncia el expresionismo y las vanguardias (Módulo 9): el retrato deja de buscar el parecido externo para perseguir la verdad interior, abriendo el camino a la disolución del rostro en el siglo XX.
7. Cindy Sherman, Untitled Film Still #21 (1978)

- Ficha. Fotografía en gelatina de plata · 1978 · MoMA (Nueva York) y otras colecciones; pertenece a la serie Untitled Film Stills (1977–1980).
- Descripción. En blanco y negro, una joven con traje y sombrerito mira inquieta hacia arriba, en una calle de rascacielos; parece el fotograma de una película de los años cincuenta que no existe. La mujer es la propia Sherman.
- Forma e iconografía. Sherman se fotografía a sí misma encarnando estereotipos del cine: la chica de ciudad, la ama de casa, la femme fatale. No hay una "Cindy Sherman" real en la imagen: solo un papel, un cliché aprendido de los medios.
- Contexto. Arte feminista y posmoderno (Módulos 10 y 12, Mujeres en la historia del arte): la identidad —sobre todo la femenina— se muestra como una construcción impuesta por las imágenes que consumimos, no como una esencia.
- Por qué importa. Es el anti-retrato por excelencia: usa el rostro propio para demostrar que no hay un yo estable detrás del rostro. Cierra el arco de la lección: del Fayum que fijaba a una persona para siempre, a Sherman que disuelve a la persona en un juego de máscaras.
Conexiones e influencias
Qué la precede. El retrato hunde sus raíces en las máscaras funerarias y las efigies de las primeras civilizaciones (Módulo 1) y, sobre todo, en el retrato grecorromano (Módulo 2): los bustos, las monedas imperiales y los retratos de El Fayum fijan el modelo del rostro individual y verista que Occidente recuperará una y otra vez.
Diálogos dentro del curso. El retrato es un hilo que recorre casi todos los módulos: el Renacimiento (Módulo 6) lo resucita con Van Eyck, Leonardo (La Gioconda) y Durero; el Barroco (Módulo 7) lo lleva a la cumbre con Velázquez, Rembrandt y Van Dyck; el siglo XIX (Módulo 8) lo democratiza con la burguesía, Ingres y la fotografía; las vanguardias y la posguerra (Módulos 9–10) lo desmontan con Picasso, Bacon, Warhol y Sherman. Releer esos módulos siguiendo solo los rostros es un magnífico ejercicio.
Qué anticipa. El autorretrato (Durero, Rembrandt, Van Gogh, Kahlo) anticipa la obsesión contemporánea por el yo y su imagen: del autorretrato al selfie hay una línea directa. Y la disolución del rostro en el siglo XX prepara un arte donde la identidad ya no se da por supuesta, sino que se construye, se interroga o se reinventa.
Diálogos con otras tradiciones y otros temas transversales. El retrato individualista no es universal: muchas culturas privilegiaron la representación del rango, el tipo o el ancestro sobre el parecido físico —las cabezas de Ifé y de Benín en África (Módulo 11), los retratos de antepasados en China, las máscaras rituales—, lo que obliga a relativizar la idea occidental de "retrato". Dentro de este módulo, dialoga con Mujeres en la historia del arte (el retrato y el autorretrato fueron géneros "permitidos" a las mujeres), con Arte, poder, religión y propaganda (el retrato de corte como imagen del poder), con El paisaje y la jerarquía de los géneros (el lugar intermedio del retrato en esa jerarquía) y con Mecenazgo, mercado y museos (quién pagaba por ser retratado).
Debates e interpretaciones
- ¿Parecido o construcción? ¿Un buen retrato es el que más se parece, o el que mejor "capta" a la persona —su carácter, su alma—? Y si toda imagen idealiza o interpreta, ¿existe siquiera un parecido "objetivo"? El debate atraviesa toda la historia del género.
- El retrato como ficción de poder. La historiografía crítica (influida por Foucault y por los estudios visuales) subraya que el retrato de corte no documenta a un rey: lo produce. La imagen no refleja un poder previo, sino que ayuda a crearlo y sostenerlo. ¿Hasta qué punto cualquier retrato "oficial" es propaganda?
- ¿Quién tiene derecho a ser retratado? Durante siglos, el retrato fue un privilegio de quien podía pagarlo: reyes, nobles, burguesía. Los pobres, los esclavizados, los colonizados rara vez aparecen como individuos con nombre (cuando aparecen, suele ser como tipos o como servidumbre al fondo). La fotografía amplió enormemente el acceso, pero el sesgo de clase, raza y género del género merece una mirada crítica (enlaza con Patrimonio, restitución y descolonización del museo).
- La mirada y el género. ¿Cómo se ha representado de forma distinta a hombres y mujeres? La crítica feminista (la noción de male gaze) señala que muchas mujeres fueron retratadas para ser miradas —pasivas, decorativas, ofrecidas a la vista—, mientras los hombres se retrataban en actitud de acción y autoridad. Sherman juega precisamente con eso.
- ¿Murió el retrato con la fotografía? Una tesis clásica sostiene que la fotografía "liberó" a la pintura del parecido y la empujó a la abstracción. ¿Es así de simple? ¿O el retrato pintado simplemente cambió de función, conviviendo con la foto?
- El autorretrato: ¿confesión o pose? ¿Cuando un artista se pinta a sí mismo nos muestra su verdad íntima, o construye otra imagen pública más, igual de calculada que un retrato de encargo? Rembrandt envejeciendo y Sherman disfrazándose son los dos polos de esta pregunta.
Glosario de la lección
- Retrato. Representación de una persona concreta, real o histórica, que busca evocar su identidad (su parecido, su rango o su carácter), por oposición a una figura genérica o ideal.
- Autorretrato. Retrato en el que el artista se representa a sí mismo; funcionó como exploración psicológica, afirmación profesional y, a veces, manifiesto.
- Retrato de El Fayum. Retrato funerario pintado en encáustica sobre tabla (Egipto romano, siglos I–III d. C.), colocado sobre la momia; los retratos pintados más antiguos conservados.
- Encáustica. Técnica pictórica que mezcla los pigmentos con cera caliente, de gran luminosidad y durabilidad.
- Retrato de corte (o de aparato). Retrato oficial de un monarca o gran señor, concebido para proyectar poder, majestad y estatus mediante la pose, los atributos y el escenario.
- Atributo. Objeto que acompaña al retratado y "dice" quién es (libro, espada, joya, instrumento del oficio, animal), añadiendo significado.
- Idealización. Tendencia a embellecer o ennoblecer al modelo (corregir defectos, rejuvenecer), frente al verismo, que muestra el rostro tal cual, con sus imperfecciones.
- Pose y mirada. Decisiones formales clave del retrato: la postura del cuerpo y la dirección de los ojos, que definen la relación del retratado con el espectador.
- Miniatura. Retrato de muy pequeño formato (sobre vitela o marfil), usado como joya o enviado a distancia.
- Carte de visite. Pequeño retrato fotográfico montado en cartulina, popularísimo desde mediados del siglo XIX, que democratizó la imagen personal.
- Male gaze ("mirada masculina"). Concepto de la crítica feminista que describe la tendencia a representar a la mujer como objeto pasivo de una mirada masculina.
- Disolución del rostro. Tendencia del arte de los siglos XX–XXI a deformar, fragmentar, multiplicar o vaciar el rostro, cuestionando la identidad como esencia estable.
Actividades y preguntas para debatir
- Las tres preguntas. Elige un retrato cualquiera (de la lección o de un museo de tu ciudad) y respóndelas: ¿quién es (identidad)?, ¿qué lugar ocupa (estatus)?, ¿cómo quiere ser visto (mirada/poder)? Justifica cada respuesta con detalles formales concretos (pose, atributos, fondo).
- Holbein y la propaganda. Compara el Enrique VIII de Holbein con un retrato oficial actual (un presidente, un monarca, una foto de campaña). ¿Qué recursos de poder se repiten cinco siglos después? ¿Qué ha cambiado?
- El espejo de Velázquez. En Las meninas, ¿quién crees que es el verdadero protagonista: la infanta, los reyes del espejo, el pintor o el propio espectador? Defiende tu interpretación. ¿Por qué esta obra desconcierta tanto?
- Autorretrato: confesión o máscara. Compara un autorretrato de Rembrandt anciano con un Untitled Film Still de Cindy Sherman. ¿Cuál te parece más "verdadero" y por qué? ¿Existe un yo real detrás de cualquier autorretrato?
- ¿Quién falta? Repasa los retratos famosos que conoces. ¿Qué tipos de personas casi nunca aparecen retratadas como individuos con nombre antes del siglo XIX? ¿Por qué? Relaciónalo con el dinero, el poder y el acceso al arte.
- Del retrato al selfie. ¿Es el selfie un heredero del autorretrato, o algo completamente distinto? ¿Qué busca quien se hace un selfie: parecido, estatus, identidad, las tres cosas? Debátelo conectando con la historia del género.
- Dos inventos independientes. Compara un retrato de El Fayum con un huaco retrato moche (busca ejemplos en la colección en línea del Museo Larco de Lima). Dos tradiciones sin contacto posible produjeron, casi al mismo tiempo, rostros individuales de un realismo sorprendente, y ambas en contextos funerarios. ¿Qué te dice esa coincidencia sobre la idea de que el retrato es un invento europeo del Renacimiento? ¿Qué funciones comparten ambos conjuntos y en qué difieren?
Ejercicio de mirada
Aplica el método del Módulo 0 a Diego Velázquez, Las meninas (1656, Museo del Prado), prestando especial atención a la mirada y al juego de la representación.
- Descripción objetiva (¿qué hay?). Antes de interpretar, inventaría: ¿cuántas figuras hay y dónde están? ¿Qué hace cada una? ¿Qué ves en el espejo del fondo? ¿Quién aparece en la puerta iluminada? ¿Dónde está el pintor y qué sostiene?
- Análisis formal. Estudia la composición (el gran lienzo a la izquierda, la diagonal de la luz, los planos de profundidad), la luz (las ventanas a la derecha, la puerta del fondo) y cómo Velázquez crea un espacio real, habitable, en el que parece que podrías entrar.
- La mirada. Es el corazón del cuadro. ¿Hacia dónde miran las figuras? Varias miran hacia ti, hacia el lugar del espectador. Pregúntate: ¿qué está mirando el pintor del cuadro mientras pinta? La respuesta (los reyes, reflejados en el espejo) te sitúa dentro de la escena.
- Iconografía y contenido. Identifica a los personajes (la infanta Margarita, las meninas, los reyes en el espejo, el propio Velázquez con la cruz de Santiago) y la situación cortesana. ¿De qué trata realmente el cuadro: de la infanta, o del acto de retratar y de mirar?
- Contexto. Sitúalo: corte de Felipe IV, aspiración de Velázquez al reconocimiento del artista como creador noble. Recuerda que la cruz de Santiago se añadió después de su muerte.
- Valoración crítica (¿por qué importa?). Formula con tus palabras por qué se considera una cumbre del retrato y de la pintura: cómo convierte un retrato de corte en una reflexión sobre la mirada, el poder y la representación, atrapando al espectador en el cuadro.
Autoevaluación
1. (Opción múltiple) Los retratos de El Fayum se caracterizan por: a) Ser esculturas de mármol del emperador romano. b) Ser retratos pintados en encáustica y colocados sobre las momias en el Egipto romano. c) Ser miniaturas medievales de donantes. d) Ser los primeros daguerrotipos de la historia.
2. (Opción múltiple) El Retrato de Enrique VIII de Holbein es un ejemplo paradigmático de: a) Autorretrato introspectivo. b) Retrato burgués del siglo XIX. c) Retrato de corte como instrumento de poder y propaganda. d) Disolución contemporánea del rostro.
3. (Opción múltiple) ¿Qué transformación provocó la fotografía (desde 1839) en el retrato pintado? a) Lo hizo desaparecer por completo de inmediato. b) Obligó a todos los pintores a retratar solo a reyes. c) Al ofrecer un parecido exacto y barato, liberó al retrato pintado de la obligación del mero parecido, empujándolo hacia la expresión, la psicología y, finalmente, la disolución del rostro. d) No tuvo ningún efecto sobre la pintura.
4. (Abierta) Explica por qué el Autorretrato de Durero (1500) se considera un hito en la historia del retrato y del estatus del artista. Menciona el recurso formal que utiliza y su significado.
5. (Abierta) Elige dos obras de la lección de épocas distintas y explica cómo cada una entiende la relación entre rostro e identidad (por ejemplo: el rostro que fija a una persona para la eternidad frente al rostro que se muestra como máscara o construcción).
Clave de respuestas
1. b) Los retratos de El Fayum son retratos pintados en encáustica (pigmento en cera) sobre tabla, colocados sobre el rostro de las momias en el Egipto romano (siglos I–III d. C.); son los retratos pintados más antiguos conservados. 2. c) Holbein construyó para Enrique VIII una imagen de poder absoluto (frontalidad, escala, lujo) destinada a difundirse y a imponer autoridad: un retrato de corte que funciona como propaganda. 3. c) La fotografía proporcionó un parecido exacto y asequible para todos, de modo que el retrato pintado quedó liberado de la obligación de "parecerse" y pudo dedicarse a la expresión, la psicología y la experimentación que conducen a la disolución del rostro en el siglo XX. 4. Respuesta abierta. Debe señalar que Durero se representa rigurosamente de frente y en simetría, en una pose reservada a las imágenes de Cristo (Salvator Mundi), no por soberbia sino para reivindicar la dignidad casi sagrada del artista como creador. Marca el momento en que el artista se sitúa en el centro y reclama estatus intelectual, en sintonía con el ascenso del artista en el Renacimiento. 5. Respuesta abierta. Ejemplo válido: el retrato de El Fayum entiende el rostro como la fijación de una persona concreta para vencer a la muerte (identidad = parecido y memoria); el Untitled Film Still de Cindy Sherman entiende el rostro como una máscara o construcción sin un yo estable detrás (identidad = papel impuesto por las imágenes). Otros contrastes válidos: Velázquez (identidad ligada al poder y a la mirada) frente a Van Gogh (identidad como emoción interior y color); Durero (el rostro que dignifica al creador) frente a Bacon (el rostro deformado por la angustia).
Para profundizar
Lecturas de referencia (reales):
- Richard Brilliant, Portraiture (1991) — ensayo clásico sobre la naturaleza y las funciones del retrato.
- Shearer West, Portraiture (Oxford History of Art, 2004) — introducción panorámica, clara y fiable.
- John Berger, Modos de ver (Ways of Seeing, 1972) — imprescindible sobre la mirada, el poder y el retrato (en especial el retrato al óleo).
- Ernst van de Wetering, Rembrandt's Self-Portraits — sobre el gran ciclo de autorretratos.
- Euphrosyne Doxiadis, The Mysterious Fayum Portraits — monografía sobre los retratos de El Fayum.
- Frances Borzello, Seeing Ourselves: Women's Self-Portraits — el autorretrato femenino (enlaza con Mujeres en la historia del arte).
- Laura Mulvey, "Visual Pleasure and Narrative Cinema" (1975) — origen del concepto de male gaze, útil para el retrato y la mirada.
Museos y colecciones:
- National Portrait Gallery (Londres) y National Portrait Gallery (Washington): museos dedicados íntegramente al retrato.
- Museo del Prado (Madrid): Las meninas y los grandes retratos de corte (Velázquez, Tiziano, Van Dyck, Goya).
- British Museum (Londres), Louvre (París) y Metropolitan Museum (Nueva York): retratos de El Fayum.
- Alte Pinakothek (Múnich): el Autorretrato de Durero de 1500.
- Musée d'Orsay (París): autorretratos de Van Gogh y Cézanne.
- MoMA (Nueva York): Warhol, Bacon, Cindy Sherman.
Recursos en línea:
- Smarthistory (smarthistory.org): análisis fiables de El Fayum, Durero, Las meninas, Van Gogh y el retrato contemporáneo.
- Catálogos en línea del Prado, la National Gallery (Londres), el Metropolitan y el Rijksmuseum (Ámsterdam, para Rembrandt).
- Para la fotografía de retrato: archivos en línea sobre Nadar y la carte de visite del siglo XIX.