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Simbolismo y Art Nouveau

Módulo 8 · El siglo XIX · Periodo: c. 1880 – 1910 (de los primeros manifiestos simbolistas a las vísperas de las vanguardias) · Regiones: Francia, Bélgica, Austria, España, países nórdicos y, en general, toda Europa


Panorama

Imagina que acabas de recorrer el Impresionismo y el Postimpresionismo: pintores empeñados en atrapar la luz, la sensación óptica, el instante visible del mundo. Ahora, hacia 1885, una parte de la nueva generación da un giro radical y casi contrario. Se cansa de pintar lo que el ojo ve y quiere pintar lo que el ojo no puede ver: el sueño, el deseo, la angustia, lo sagrado, la muerte, lo que late detrás de las apariencias. Si los impresionistas miraban hacia fuera, hacia el bulevar soleado, los simbolistas miran hacia dentro, hacia la noche del alma. El cuadro deja de ser una ventana al mundo y se convierte en una puerta a lo invisible: un objeto cargado de sentido, misterioso, que sugiere en vez de describir.

Al mismo tiempo, y muy entrelazado con ese clima, estalla por toda Europa una fiebre por rediseñar el mundo visible desde una idea nueva de belleza: el Art Nouveau. Es la primera gran moda decorativa verdaderamente internacional, y lo invade todo: carteles, joyas, lámparas, sillas, escaleras, vidrieras, fachadas, tipografías. Su lema implícito es que no hay arte mayor ni menor, que una farola o un picaporte pueden ser tan artísticos como un cuadro de museo, y que la naturaleza —el tallo, la flor, la ola, el cabello femenino— debe dictar una nueva línea orgánica, sinuosa y viva, que sustituya a los viejos órdenes académicos.

En esta lección recorrerás los dos rostros de ese fin de siglo. Conocerás el Simbolismo de Gustave Moreau, Odilon Redon y Puvis de Chavannes, y verás cómo El grito de Edvard Munch funciona como bisagra entre la angustia simbolista y la futura explosión expresionista. Y entrarás en el Art Nouveau de los carteles de Alphonse Mucha, de la Secesión de Viena y el oro de Gustav Klimt, y de la arquitectura visionaria de Antoni Gaudí, cuya Sagrada Familia sigue creciendo en Barcelona. Es el arte del fin de siglo (fin de siècle): refinado y decadente, místico y erótico, ornamental y angustiado, justo en el umbral de las vanguardias del Módulo 9.

Objetivos de aprendizaje

Al terminar esta lección serás capaz de:

  1. Definir el Simbolismo como reacción contra el Realismo, el Naturalismo y el Impresionismo, e identificar su programa: sugerir en lugar de describir, primar la idea, el sueño y el mito sobre lo visible.
  2. Situar el Simbolismo y el Art Nouveau en su contexto de fin de siècle (positivismo y su crisis, decadentismo, industrialización, nuevas ciudades, espiritismo y psicología naciente).
  3. Comparar las aportaciones de Moreau, Redon, Puvis de Chavannes y Munch, con sus fechas y obras clave, y explicar por qué El grito se considera una obra bisagra.
  4. Analizar los rasgos formales del Art Nouveau (línea orgánica y sinuosa, asimetría, motivos vegetales, "arte total") e identificar sus variantes nacionales (Mucha, la Secesión vienesa de Klimt, el modernisme de Gaudí).
  5. Analizar una obra maestra integrando descripción, forma, iconografía y contexto, y explicar cómo construye un significado simbólico o un programa decorativo total.
  6. Evaluar críticamente el periodo: la idea de "artes decorativas" frente a "bellas artes", el papel del mercado y la reproducción, y las representaciones de la mujer (la musa, la femme fatale) y su carga ideológica.

Contexto histórico, social y cultural

El último tercio del siglo XIX es una época de prosperidad material y malestar espiritual. Europa vive el apogeo de la Segunda Revolución Industrial: electricidad, acero, ferrocarril, grandes ciudades, exposiciones universales que celebran el progreso (la Torre Eiffel se levanta en la de París de 1889). La burguesía es rica y confía en la ciencia, en el positivismo —la idea de que solo lo medible y comprobable es conocimiento— y en un avance imparable. Pero, bajo esa superficie optimista, crece un profundo descontento. A muchos artistas e intelectuales, el mundo mecanizado y materialista les parece espiritualmente vacío. De ese rechazo nace el clima del fin de siglo (fin de siècle): una mezcla de hastío, refinamiento, pesimismo elegante y búsqueda de lo "otro" —lo espiritual, lo onírico, lo perverso— que se llamó decadentismo.

En literatura, este clima cristaliza antes que en la pintura. El Simbolismo es, de hecho, primero un movimiento poético: en 1886, el poeta Jean Moréas publica un Manifiesto del Simbolismo en Le Figaro. Poetas como Baudelaire (con su idea de las "correspondencias" entre sensaciones, sonidos y colores), Mallarmé, Verlaine y Rimbaud sostienen que el arte no debe nombrar las cosas, sino sugerirlas, evocar estados de ánimo, despertar resonancias. La novela A contrapelo (À rebours, 1884) de Joris-Karl Huysmans, con su protagonista esteta y hastiado que se rodea de objetos raros y refinados, se vuelve casi una biblia del gusto decadente. La pintura simbolista bebe directamente de esa literatura: muchos pintores ilustran a los poetas, frecuentan sus tertulias y comparten su desprecio por lo "vulgar" de la vida moderna.

A ese fondo se suman corrientes que alimentan la sed de misterio: un renovado interés por la religión y el misticismo, por el ocultismo, el espiritismo y la teosofía, y por las teorías sobre los sueños y la mente que culminarán, ya en 1900, en La interpretación de los sueños de Freud. El pesimismo filosófico de Schopenhauer y, después, Nietzsche, está en el aire. La sociedad de fin de siglo está obsesionada también con el sexo y la muerte, con la enfermedad y la histeria, con lo prohibido: temas que la pintura simbolista explota sin pudor.

El Art Nouveau comparte este clima, pero responde a otra urgencia. Nace en buena parte como reacción contra la fealdad de la producción industrial en serie y contra el revival histórico (el neogótico, el neobarroco) que copiaba estilos del pasado. Su antecedente directo es el movimiento inglés Arts and Crafts de William Morris (que estudiarás también en relación con el diseño): la idea de devolver dignidad y belleza al objeto cotidiano y al trabajo artesanal. El Art Nouveau toma esa bandera, le suma la línea curva inspirada en la naturaleza y en la estampa japonesa, y la convierte —paradójicamente— en un estilo de éxito comercial difundido por toda Europa gracias a las revistas ilustradas, los carteles y las nuevas técnicas de reproducción. Recibe nombres distintos según el país, lo que da idea de su alcance: Art Nouveau en Francia y Bélgica, Jugendstil en Alemania, Sezession en Austria, Modernisme en Cataluña, Liberty o Stile floreale en Italia, Modern en Rusia.

Rasgos formales y estilísticos clave

Conviene tratar los dos fenómenos por separado, porque comparten época y espíritu pero tienen lenguajes distintos.

El Simbolismo no es un estilo unificado (cada pintor tiene su técnica), sino una actitud y un repertorio de temas:

  • Sugerir, no describir. El objetivo no es representar el mundo visible, sino evocar una idea, un estado de ánimo o un misterio. La obra debe insinuar, dejar zonas de penumbra, abrir interpretaciones.
  • Primado del tema interior. Sueño, mito, leyenda, religión, ocultismo, deseo, angustia, muerte. El paisaje y la figura son vehículos de un contenido espiritual o psicológico.
  • Atmósfera onírica e irreal. Espacios indefinidos, luces extrañas, escalas alteradas, ausencia de tiempo y lugar concretos. Muchas obras parecen suceder "en ningún sitio" o dentro de la mente.
  • La mujer como símbolo. Recurrencia obsesiva de figuras femeninas idealizadas o amenazantes: la musa, la virgen, la esfinge, la femme fatale (Salomé, Judith, la sirena), encarnación del deseo y del peligro. Es un rasgo cargado de ideología que la mirada crítica debe examinar.
  • Color y línea expresivos. El color y el contorno se usan por su valor emotivo, no descriptivo, en una línea que enlaza con el Postimpresionismo de Gauguin y Van Gogh (lección anterior).

El Art Nouveau sí es un estilo formal reconocible, sobre todo decorativo y aplicado:

  • La línea orgánica y sinuosa. Su sello: la curva derivada del mundo vegetal —tallos, zarcillos, flores, algas— y de otras formas naturales (la ola, el cisne, el cabello suelto). La célebre línea en "latigazo" (coup de fouet, "golpe de látigo") que serpentea con energía.
  • Asimetría y dinamismo. Composiciones equilibradas pero no simétricas, con movimiento, frente a la rigidez clásica.
  • Naturaleza estilizada. No se copia la planta: se la estiliza y se la convierte en ornamento, en patrón rítmico.
  • Integración de las artes ("arte total"). Disolución de la frontera entre bellas artes y artes aplicadas: arquitectura, mobiliario, vidriera, cerámica, joyería, tipografía y cartel concebidos como un todo coherente (en alemán, Gesamtkunstwerk, "obra de arte total").
  • Nuevos materiales y la modernidad técnica. El hierro y el vidrio, antes "industriales", se asumen y se curvan con orgullo (las entradas del metro de París).
  • Lo plano y el contorno (influjo japonés). Áreas planas de color delimitadas por un contorno claro, herencia directa del ukiyo-e (Módulo 8, lección de Japonismo) y de la estampa.

Materiales y técnicas

  • Pintura al óleo y a la témpera, pero con un giro decorativo: en Klimt, por ejemplo, conviven el óleo con el pan de oro y plata aplicado como en un mosaico bizantino o un icono, borrando la frontera entre pintura y orfebrería.
  • El pastel, el carboncillo y el "negro" de Redon. Odilon Redon trabajó durante años casi solo en blanco y negro —litografías y carboncillos que él llamaba sus noirs ("negros")— para sus visiones oníricas, antes de estallar en color con pasteles y óleos luminosos en su madurez.
  • La litografía y el cartel a color. El gran salto técnico del periodo. La cromolitografía permitió imprimir carteles a todo color, baratos y de gran tamaño, que tapizaron las calles de París. El cartel se vuelve un género artístico mayor (Mucha, Toulouse-Lautrec), arte para la calle y para todos.
  • El vidrio. Florecimiento extraordinario del vidrio artístico: las lámparas y vidrieras de Louis Comfort Tiffany en Estados Unidos, el vidrio de Émile Gallé y la Escuela de Nancy en Francia, las vidrieras emplomadas de las casas modernistas.
  • El hierro forjado y la fundición. Materiales de la era industrial puestos al servicio de la curva orgánica: las marquesinas del metro de París de Hector Guimard, las rejas y balcones modernistas, las estructuras de Gaudí.
  • Mosaico, cerámica y trencadís. En el modernisme catalán, el trencadís (mosaico hecho con fragmentos irregulares de cerámica y vidrio rotos) cubre superficies onduladas, como en el Park Güell de Gaudí.
  • El arte total en el taller. Muchos artistas Art Nouveau dirigían talleres que producían de todo —muebles, telas, joyas, lámparas— para vestir un interior completo y coherente.

Artistas y figuras clave

Simbolismo

Gustave Moreau (1826–1898). El gran maestro del Simbolismo pictórico francés. Pintó escenas mitológicas y bíblicas (Salomé, Edipo, Orfeo, quimeras) con una minuciosidad joyante, casi de orfebre, acumulando detalles preciosistas hasta saturar la superficie. Su mundo es estático, suntuoso, cargado de misterio y erotismo contenido. Fue además un profesor influyente en la École des Beaux-Arts: por su taller pasaron Matisse y Rouault (futuros protagonistas del Módulo 9). Su casa-taller en París es hoy el Museo Gustave Moreau.

Odilon Redon (1840–1916). El pintor del sueño y de lo invisible. Durante décadas trabajó en sus noirs, litografías y carboncillos poblados de seres extraños: ojos flotantes, arañas sonrientes, cabezas que ascienden como globos, monstruos amables. Inspirado por la ciencia natural, por Poe y por la literatura, buscaba —decía— "poner la lógica de lo visible al servicio de lo invisible". En su madurez se volvió hacia el color y pintó flores, mitos y figuras de una luminosidad casi mística. Anticipa el Surrealismo (Módulo 9).

Pierre Puvis de Chavannes (1824–1898). El gran muralista del Simbolismo, aunque su pintura es serena, no inquietante. Cubrió de frescos y grandes lienzos murales edificios públicos franceses (el Panteón de París, museos, ayuntamientos) con escenas alegóricas de tonos pálidos, figuras quietas y composiciones simplificadas, de aire arcaico y atemporal. Su simplificación de la forma y su color plano y suave influyeron enormemente en Gauguin, en Seurat y en los jóvenes que harían las vanguardias.

Edvard Munch (1863–1944). Pintor noruego, la figura bisagra de la lección. Partió del Simbolismo y del clima decadente, pero lo llevó a una intensidad emocional nueva. Su gran proyecto, el Friso de la vida, reúne obras sobre el amor, los celos, la ansiedad, la enfermedad y la muerte. Su obra más célebre, El grito, condensa la angustia existencial del fin de siglo. Munch funciona como puente hacia el Expresionismo alemán del siglo XX: cuando el color y la línea se ponen al servicio del grito interior, ya estamos a las puertas de la vanguardia (Módulo 9).

Otras figuras simbolistas a situar: el belga Fernand Khnopff (1858–1921), de enigmáticas esfinges y mujeres herméticas; el suizo Arnold Böcklin (1827–1901), autor de La isla de los muertos; el francés Pierre Cécile Puvis ya citado; el grupo de los Nabis (Maurice Denis, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard), que partieron del Simbolismo y de Gauguin hacia un arte de lo íntimo y decorativo; y, en el límite, el "naïf" Henri Rousseau (1844–1910), cuyas selvas oníricas resuenan con el gusto simbolista.

Art Nouveau

Alphonse Mucha (1860–1939). Artista checo afincado en París, el rostro popular del Art Nouveau gráfico. Saltó a la fama en 1894 con sus carteles para la actriz Sarah Bernhardt: mujeres esbeltas y soñadoras, envueltas en ropajes y cabellos sinuosos, rodeadas de flores y aureolas decorativas, en una paleta suave. Su estilo —el "estilo Mucha" (le style Mucha)— definió la imagen comercial de toda una época. En su madurez, ya de vuelta en su patria, dedicó veinte años a un ciclo monumental de pintura histórica, la Epopeya eslava.

Gustav Klimt (1862–1918). El gran pintor del Art Nouveau vienés y líder fundador de la Secesión de Viena (1897), el grupo de artistas que se separó de la academia oficial bajo el lema "A cada época su arte, al arte su libertad". Klimt fundió la figura humana con un ornamento dorado y plano de inspiración bizantina, creando un arte a la vez erótico, decorativo y simbólico. Su "período dorado" (El beso, Retrato de Adele Bloch-Bauer I) es la cima del lujo decorativo del fin de siglo. Maestro también de paisajes y retratos.

Antoni Gaudí (1852–1926). El genio del modernisme catalán y uno de los arquitectos más originales de la historia. En Barcelona levantó un mundo propio: la Casa Batlló, la Casa Milà ("La Pedrera"), el Park Güell y, sobre todo, el inacabado templo de la Sagrada Familia. Llevó la línea orgánica del Art Nouveau hasta una arquitectura estructural y geométrica inspirada en la naturaleza (huesos, troncos, conchas, formas que la física sostiene), con catenarias, superficies regladas y color. Profundamente católico, murió atropellado por un tranvía con su gran templo aún en obras; las obras continúan hoy.

Otras figuras Art Nouveau a situar: el belga Victor Horta (1861–1947), pionero de la arquitectura Art Nouveau (Hôtel Tassel, Bruselas); el francés Hector Guimard (1867–1942), autor de las entradas del metro de París; el escocés Charles Rennie Mackintosh (1868–1928), de un Art Nouveau más geométrico y sobrio (Escuela de Arte de Glasgow); Louis Comfort Tiffany (1848–1933) y sus lámparas y vidrieras en Estados Unidos; Émile Gallé (1846–1904) y el vidrio de Nancy; el ilustrador inglés Aubrey Beardsley (1872–1898), de eróticas y perversas tintas en blanco y negro; y Henri de Toulouse-Lautrec (1864–1901), maestro del cartel de Montmartre, en la frontera entre Postimpresionismo y Art Nouveau gráfico.

Obras maestras comentadas

1. La aparición (L'Apparition) — Gustave Moreau

La aparición (L'Apparition)
La aparición (L'Apparition)imagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Gustave Moreau · Fecha: c. 1876 · Técnica: acuarela sobre papel (existe también una versión al óleo) · Ubicación: Museo de Orsay, París (la acuarela); versiones y dibujos en el Museo Gustave Moreau, París.

Descripción y forma: en un palacio fastuoso, Salomé, semidesnuda y cubierta de joyas, señala con el brazo una visión sobrenatural: la cabeza decapitada de San Juan Bautista, que flota en el aire rodeada de un halo de luz y la mira fijamente, goteando sangre. Moreau acumula columnas, arabescos, mosaicos y orfebrería con una minuciosidad obsesiva; cada centímetro vibra de detalle. Iconografía y contenido: el episodio bíblico de Salomé, que pide la cabeza del Bautista como recompensa por su danza, era el gran mito decadente de la época: la femme fatale, la mujer cuya belleza y deseo conducen a la muerte. La aparición flotante de la cabeza es invención de Moreau: convierte el relato en una visión interior, casi alucinatoria. Contexto: la obra fascinó a los escritores decadentes; Huysmans la describe extasiado en À rebours. Por qué importa: es el manifiesto del Simbolismo pictórico: tema mítico, atmósfera onírica, erotismo y muerte entrelazados, técnica preciosista. Y ejemplifica como ninguna la obsesión del fin de siglo con la mujer peligrosa, un tópico que conviene mirar con ojo crítico.

2. El ojo, como un globo extraño, se dirige hacia el infinito — Odilon Redon

  • Autor: Odilon Redon · Fecha: 1882 (de la serie litográfica À Edgar Poe) · Técnica: litografía (uno de sus noirs) · Ubicación: ejemplares en el MoMA (Nueva York), el Art Institute of Chicago, la Biblioteca Nacional de Francia y otros gabinetes de estampas.

Descripción y forma: sobre un fondo de penumbra, un ojo gigantesco montado en lo que parece el cuerpo de un globo aerostático asciende hacia el cielo, llevando abajo una pequeña cabeza o bandeja. Todo está hecho en finísimas gradaciones de negro y gris, con una luz interior que emana de la nada. Iconografía y contenido: Redon no ilustra una escena concreta; crea una imagen-enigma. El ojo que mira el infinito puede leerse como símbolo de la conciencia, de la búsqueda espiritual, del propio acto de visión interior. La serie está dedicada a Edgar Allan Poe, maestro de lo macabro y lo fantástico, muy leído por los simbolistas. Contexto: durante casi veinte años Redon trabajó casi exclusivamente en estos noirs, antes de pasar al color. Por qué importa: muestra el otro polo del Simbolismo, opuesto al lujo de Moreau: lo onírico despojado, inquietante y abierto. Redon "pone la lógica de lo visible al servicio de lo invisible", y su mundo de criaturas imposibles anticipa directamente el Surrealismo del Módulo 9.

3. El grito (Skrik) — Edvard Munch

El grito (Skrik)
El grito (Skrik)imagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Edvard Munch · Fecha: 1893 (la versión más célebre; existen varias versiones en pintura, pastel y litografía, c. 1893–1910) · Técnica: temple y pastel sobre cartón (la versión de 1893) · Ubicación: Galería Nacional de Noruega y Museo Munch, ambos en Oslo (las distintas versiones).

Descripción y forma: sobre un puente, una figura andrógina y esquelética se lleva las manos a la cabeza y abre la boca en un grito mudo, con los ojos desorbitados; su cuerpo parece disolverse en líneas onduladas que se contagian al paisaje. El cielo arde en franjas de rojo y naranja sobre un fiordo de azules y verdes turbios. Dos figuras se alejan al fondo, indiferentes. Iconografía y contenido: Munch anotó el origen de la obra: un atardecer, paseando, sintió de pronto "un grito infinito que atravesaba la naturaleza". No es la figura quien grita: es la naturaleza entera la que grita, y la figura solo lo oye y se tapa los oídos, sobrecogida. Es la imagen pura de la angustia existencial, de la soledad y el pánico del individuo moderno. Contexto: forma parte del Friso de la vida, ciclo de Munch sobre el amor, el miedo y la muerte. Por qué importa: es la obra bisagra de la lección y uno de los iconos del arte universal. Nace del Simbolismo (lo invisible, el estado de ánimo hecho imagen) pero su distorsión de la forma y su color emocional anuncian el Expresionismo del siglo XX. Cuando la línea se retuerce para expresar lo que se siente y no lo que se ve, la vanguardia ya está aquí.

4. Gismonda (cartel para Sarah Bernhardt) — Alphonse Mucha

Gismonda
Gismondaimagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Alphonse Mucha · Fecha: 1894 (impreso a finales de año, para estrenarse en 1895) · Técnica: cromolitografía (cartel) · Ubicación: ejemplares en numerosas colecciones, entre ellas el Museo Mucha de Praga y museos de artes decorativas y carteles.

Descripción y forma: un cartel alto y estrecho (casi a tamaño natural) muestra a la actriz Sarah Bernhardt en el papel de Gismonda, de pie, majestuosa, con un traje bizantino bordado y una palma en la mano, sobre un fondo de mosaico dorado y un arco decorativo que la enmarca como a una santa de icono. La paleta es suave; la línea, elegante y fluida; la tipografía, integrada en el conjunto. Iconografía y contenido: no hay narración, solo presencia y elegancia: el cartel vende un espectáculo y una estrella, pero lo eleva a objeto artístico. Contexto: Mucha hizo este cartel de urgencia, en plenas fiestas navideñas, cuando ningún otro artista estaba disponible; gustó tanto a Bernhardt que le firmó un contrato y lo lanzó a la fama. Nace así el "estilo Mucha". Por qué importa: es la pieza fundacional del Art Nouveau gráfico. Demuestra el principio clave del periodo —que el arte puede estar en la calle, reproducido, comercial y bello a la vez— y borra la frontera entre bellas artes y diseño. El cartel, gracias a la cromolitografía, se convierte en arte de masas.

5. El beso (Der Kuss) — Gustav Klimt

El beso (Der Kuss)
El beso (Der Kuss)imagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Gustav Klimt · Fecha: 1907–1908 · Técnica: óleo y pan de oro sobre lienzo (180 × 180 cm) · Ubicación: Galería Belvedere, Viena.

Descripción y forma: una pareja se abraza, arrodillada al borde de un prado florido, fundida en un manto dorado que los envuelve a ambos. El hombre, de espaldas, inclina la cabeza para besar la mejilla de la mujer, que cierra los ojos en éxtasis. Los cuerpos casi desaparecen bajo el oro: solo emergen los rostros, las manos y los pies. El manto se decora con motivos geométricos (rectángulos negros y blancos para él) y orgánicos (círculos y flores de colores para ella). El fondo es un campo de oro liso. Iconografía y contenido: la unión amorosa elevada a icono atemporal y sagrado. El oro y el plano remiten al arte bizantino (los mosaicos de Rávena, que Klimt visitó) y a los iconos; la distinción de patrones masculinos y femeninos ha dado pie a muchas lecturas sobre el género y el deseo. Contexto: culmina el "período dorado" de Klimt y el espíritu de la Secesión de Viena, donde el cuadro y la ornamentación son inseparables. Por qué importa: es la obra cumbre del Art Nouveau pictórico y del lujo decorativo del fin de siglo. Une la figura simbólica (el amor, el deseo) con el ornamento total, y muestra hasta qué punto pintura, joyería y mosaico podían fundirse en una sola superficie deslumbrante.

6. Templo Expiatorio de la Sagrada Familia — Antoni Gaudí

Templo Expiatorio de la Sagrada Familia
Templo Expiatorio de la Sagrada Familiaimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Autor: Antoni Gaudí (proyecto desde 1883, tras un proyecto previo de Francisco de Paula del Villar) · Fecha: en construcción desde 1882, aún inacabado · Técnica: arquitectura (piedra, hormigón, cerámica, vidrieras) · Ubicación: Barcelona.

Descripción y forma: una basílica colosal cuyas torres se elevan como termiteros o estalagmitas, erizadas y rematadas con pináculos de colores. Las fachadas —la del Nacimiento, hecha en vida de Gaudí, exuberante y orgánica; la de la Pasión, más adusta y angulosa— se cubren de esculturas. Dentro, las columnas se ramifican como árboles de un bosque de piedra para sostener las bóvedas, y las vidrieras tiñen el espacio de luz coloreada. Iconografía y contenido: todo el templo es un gigantesco catecismo en piedra: las fachadas narran la vida de Cristo, las torres se dedican a los apóstoles, evangelistas, la Virgen y Cristo. Gaudí concibió el edificio como una lectura de la naturaleza como obra de Dios: sus formas no son caprichos, sino soluciones estructurales inspiradas en la geometría natural (catenarias, superficies regladas, formas de hueso y tronco). Contexto: es la obra máxima del modernisme catalán y del Art Nouveau llevado a la arquitectura sagrada. Gaudí dedicó sus últimos años solo a ella y murió en 1926 con el templo muy lejos de terminarse; las obras prosiguen hoy con financiación de visitantes y donativos. Por qué importa: lleva la línea orgánica del Art Nouveau a su consecuencia más radical y monumental, y demuestra el ideal de arte total: arquitectura, escultura, color, luz y símbolo fundidos en una sola obra. Es Patrimonio de la Humanidad (UNESCO).

Conexiones e influencias

Qué lo precede. El Simbolismo y el Art Nouveau son, en parte, una reacción contra lo que viste antes en este módulo. Frente al Realismo (Courbet) y al Impresionismo, que querían pintar lo visible y lo contemporáneo, el Simbolismo reivindica lo invisible, el mito y el sueño. Pero también son herederos: del Romanticismo (lección 1 de este módulo) toman el gusto por lo sublime, lo nocturno, lo medieval y lo emocional; los prerrafaelitas ingleses (Rossetti, Burne-Jones), con sus mujeres melancólicas y sus temas legendarios, son un puente directo hacia el Simbolismo. Del Postimpresionismo (lección anterior) heredan algo decisivo: la idea de Gauguin de que el color y la línea pueden ser simbólicos y planos, no descriptivos, fue la semilla técnica del Simbolismo pictórico y del Art Nouveau. Y del Japonismo (lección de este módulo) viene la línea fluida, el plano de color y la composición asimétrica del Art Nouveau.

Con quién dialoga dentro del módulo. Comparte protagonistas y problemas con el Postimpresionismo: Gauguin es a la vez postimpresionista y "fuente" simbolista; los Nabis (Bonnard, Vuillard, Denis) nacen del cruce de ambos. Y se conecta con la última lección del módulo, Escultura y arquitectura del siglo XIX: la Sagrada Familia y las casas de Gaudí, el uso del hierro y el vidrio, las entradas del metro de Guimard, pertenecen tanto a esta lección como a la historia de la arquitectura del XIX.

Qué anticipa más allá del módulo. Esta lección es la antesala directa de las vanguardias del Módulo 9. El grito de Munch anuncia el Expresionismo alemán (Die Brücke, Der Blaue Reiter); los monstruos de Redon, el Surrealismo; el color simbólico desemboca en el Fauvismo de Matisse (que estudió con Moreau). La Secesión de Viena fue el caldo de cultivo del que saldría Egon Schiele y, en arquitectura, Otto Wagner y Adolf Loos —este último reaccionando contra el ornamento Art Nouveau con su célebre ensayo Ornamento y delito (1908), que anuncia el funcionalismo y el racionalismo del siglo XX—. El Art Nouveau, con su disolución de fronteras entre arte y diseño, prepara también el camino de la Bauhaus (Módulo 9) y del diseño moderno.

Debates e interpretaciones

¿Movimiento o atmósfera? El problema de definir el Simbolismo. El Simbolismo no tuvo un estilo común ni un grupo cerrado: Moreau pinta como un orfebre, Redon como un soñador en blanco y negro, Puvis como un muralista pálido, Munch como un volcán emocional. ¿Qué los une, entonces? Más que una técnica, una actitud: la primacía de la idea, del misterio y de la sugestión sobre la descripción de lo visible. Por eso algunos historiadores prefieren hablar de un "clima" o una "sensibilidad" de fin de siglo más que de un movimiento con fronteras nítidas.

¿"Arte mayor" o "arte decorativo"? El estatus del Art Nouveau. Durante mucho tiempo, la historia del arte —centrada en la pintura y la escultura— miró el Art Nouveau con condescendencia, como un estilo "menor", "femenino", decorativo, de moda pasajera (en efecto, pasó de moda muy rápido tras 1910). Hoy se reivindica precisamente por lo contrario: por haber cuestionado la jerarquía que separa las bellas artes de las artes aplicadas, por haber dignificado el diseño, el cartel y el objeto cotidiano, y por anticipar la idea moderna de que el arte debe estar en la vida diaria. El debate "bellas artes vs. artes decorativas" sigue siendo central.

La mujer: musa, símbolo... y estereotipo. Tanto el Simbolismo como el Art Nouveau están poblados de mujeres, pero rara vez como sujetos: aparecen como musas, vírgenes, flores, esfinges o femmes fatales (Salomé, Judith, la sirena). La crítica feminista (en la línea de Linda Nochlin, que viste en la lección de Impresionismo) ha mostrado cómo esa iconografía proyecta las ansiedades masculinas del fin de siglo —miedo y deseo, fascinación por una sexualidad femenina vista como peligrosa— en un momento de primeras reivindicaciones feministas. Conviene preguntarse: ¿quién pinta a estas mujeres, para quién, y qué dice de su época? Y también: ¿dónde están las mujeres artistas del periodo, a menudo confinadas a las "artes decorativas" precisamente por su género?

Decadentismo: ¿refugio elitista o crítica de la modernidad? Se ha acusado al fin de siglo de escapismo elitista: un arte de estetas ricos que, ante la fealdad industrial y la "vulgaridad" burguesa, se refugian en el mito, el lujo y el sueño, dando la espalda a los problemas sociales. Pero también puede leerse como una crítica lúcida del materialismo y del positivismo de su tiempo, una defensa del espíritu, lo espiritual y lo sensible frente a la máquina. Las dos lecturas conviven y son fértiles para el debate.

El "falso medievalismo" del trabajo artesanal. El Art Nouveau, heredero de Morris y Arts and Crafts, soñaba con devolver dignidad al trabajo artesanal frente a la industria. Pero sus objetos, hechos a mano y carísimos, solo podían comprarlos los ricos: una contradicción que el propio Morris vivió con angustia. El cartel litográfico (Mucha) resolvió en parte la paradoja al ser barato y reproducible, pero el debate sobre arte, industria y acceso quedó abierto para el siglo XX.

Glosario de la lección

  • Simbolismo: movimiento literario y artístico de fin de siglo (c. 1885–1910) que rechaza describir el mundo visible para sugerir ideas, sueños, mitos y estados de ánimo; prima el contenido espiritual y psicológico sobre la apariencia.
  • Art Nouveau: estilo decorativo internacional (c. 1890–1910) basado en la línea orgánica y sinuosa inspirada en la naturaleza, que busca integrar todas las artes y dignificar el objeto cotidiano; recibe distintos nombres según el país.
  • Fin de siècle ("fin de siglo"): clima cultural del cambio de siglo XIX al XX, marcado por el refinamiento, el pesimismo elegante, la decadencia y la búsqueda de lo espiritual y lo onírico frente al materialismo.
  • Decadentismo: corriente estética y vital del fin de siglo que exalta lo artificial, lo raro, lo enfermizo y lo refinado, en abierto rechazo de la "vulgaridad" burguesa y del progreso material.
  • Femme fatale ("mujer fatal"): figura femenina recurrente en el arte de fin de siglo (Salomé, Judith, la esfinge, la sirena) cuya belleza y deseo conducen a la perdición o la muerte; encarna las ansiedades masculinas de la época.
  • Línea orgánica / latigazo (coup de fouet): línea curva, sinuosa y dinámica, inspirada en tallos, flores y olas, sello formal del Art Nouveau; el "latigazo" es su variante más enérgica y serpenteante.
  • Arte total (Gesamtkunstwerk): ideal de fusionar todas las artes —arquitectura, mobiliario, pintura, vidriera, joyería— en una obra unitaria y coherente; central en el Art Nouveau y en Gaudí.
  • Secesión (de Viena): grupo de artistas vieneses (fundado en 1897, con Klimt al frente) que se "separó" de la academia oficial para promover un arte nuevo y libre; sede en el edificio de la Secesión.
  • Modernisme: nombre del Art Nouveau en Cataluña, con la arquitectura de Gaudí, Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch como máximos exponentes.
  • Cromolitografía: técnica de impresión litográfica a varios colores que permitió producir carteles artísticos baratos y de gran formato, clave para el Art Nouveau gráfico y el cartel como arte de masas.
  • Trencadís: técnica decorativa del modernisme catalán que reviste superficies onduladas con fragmentos irregulares de cerámica y vidrio, muy usada por Gaudí (Park Güell).
  • Noirs ("negros"): nombre que Odilon Redon dio a sus obras en blanco y negro (litografías y carboncillos) de visiones oníricas, antes de pasar al color.

Actividades y preguntas para debatir

  1. Mirar hacia fuera, mirar hacia dentro. Compara una obra impresionista (por ejemplo, una de Monet de la lección anterior) con El ojo, como un globo extraño de Redon o El grito de Munch. ¿Qué quiere captar cada artista? ¿Qué relación tiene el arte con la realidad visible en cada caso?
  2. La bisagra Munch. Analiza El grito señalando qué tiene de simbolista (el estado de ánimo hecho imagen, lo invisible) y qué de expresionista (la distorsión de la forma, el color emocional). ¿Por qué decimos que es una obra "bisagra"?
  3. Arte en la calle. Discute la afirmación de que el cartel de Mucha es "tan arte" como el cuadro de Klimt. ¿Qué significa que el Art Nouveau borre la frontera entre bellas artes y diseño? ¿Sigue vigente esa frontera hoy?
  4. La femme fatale a examen. Reúne imágenes de Salomé (Moreau) y de mujeres de Klimt o Mucha. ¿Cómo se representa a la mujer? ¿Quién la pinta y para qué público? Relaciona el tópico de la "mujer peligrosa" con las ansiedades de género del fin de siglo.
  5. ¿Naturaleza o estructura? El caso Gaudí. Observa la Sagrada Familia y el Park Güell. ¿Las formas de Gaudí son solo decoración "orgánica", o responden a una lógica estructural y geométrica? Investiga sus modelos colgantes de catenarias y explica la diferencia.
  6. Escapismo o crítica. Debate: el arte de fin de siglo, ¿es un refugio elitista que da la espalda a los problemas sociales, o una crítica lúcida del materialismo industrial? Defiende una postura con ejemplos.

Ejercicio de mirada

Vamos a aplicar el método del curso a El beso de Gustav Klimt (1907–1908), en la Galería Belvedere de Viena. Busca una buena reproducción en alta resolución.

  1. Mirar antes de saber (1–2 minutos). Solo observa. ¿Qué sensación te produce el oro? ¿La escena te parece íntima, sagrada, lujosa, fría, ardiente? Anota tu primera reacción, sin juzgar.
  2. Descripción objetiva. Describe sin interpretar: dos figuras arrodilladas al borde de un prado florido, envueltas en un manto dorado; un hombre que inclina la cabeza hacia la mejilla de una mujer de ojos cerrados; un fondo de oro liso.
  3. Análisis formal. Fíjate en el contraste entre lo plano (el oro, el fondo, el ornamento) y lo realista (los rostros, las manos, los pies). Observa los patrones del manto: rectángulos para él, círculos y flores para ella. ¿Cómo crea Klimt unidad entre las dos figuras? ¿Dónde acaba un cuerpo y empieza el otro?
  4. Técnica y materia. Es óleo con pan de oro aplicado como en un mosaico. ¿Qué efecto produce el oro: lujo, sacralidad, irrealidad? ¿En qué tradiciones (bizantina, iconos) se inspira y por qué?
  5. Contenido y significado. El tema es el amor y el deseo elevados a icono atemporal. ¿Qué sugieren los patrones distintos de cada figura? ¿Y el hecho de que ella tenga los ojos cerrados y esté al borde de un precipicio florido?
  6. Contexto. Recuerda: Viena, 1908, la Secesión, el "período dorado" de Klimt, una sociedad refinada y obsesionada con el sexo (la misma Viena de Freud). ¿Cómo encaja la obra en el fin de siglo y en el ideal de "arte total"?
  7. Síntesis y juicio. En dos o tres frases: ¿por qué es esta una obra clave del Art Nouveau? Vuelve a tu impresión del paso 1: ¿el oro sigue pareciéndote solo decorativo, o ves ahora cómo carga de sentido la escena?

Autoevaluación

  1. (Opción múltiple) El Simbolismo se caracteriza, ante todo, por: a) pintar al aire libre la luz cambiante del instante; b) representar fielmente la vida cotidiana de los trabajadores; c) sugerir ideas, sueños y estados de ánimo en lugar de describir el mundo visible; d) aplicar el color con puntos según la ciencia óptica.

  2. (Opción múltiple) ¿Por qué se considera El grito de Munch una obra "bisagra"? a) Porque fue el primer cuadro impresionista; b) Porque nace del Simbolismo (el estado de ánimo hecho imagen) pero su distorsión de la forma y su color emocional anuncian el Expresionismo del siglo XX; c) Porque inauguró el Art Nouveau gráfico; d) Porque es el primer cuadro pintado con pan de oro.

  3. (Abierta) Explica qué es el ideal de "arte total" (Gesamtkunstwerk) en el Art Nouveau y pon dos ejemplos concretos de esta lección donde se manifieste.

  4. (Abierta) El Art Nouveau cuestionó la jerarquía entre "bellas artes" y "artes decorativas". Explica esta idea y argumenta por qué fue importante para el arte y el diseño del siglo XX.

  5. (Abierta) La figura de la femme fatale abunda en el arte de fin de siglo. Describe qué es, pon un ejemplo de la lección y explica, desde una mirada crítica, qué dice este tópico sobre las ansiedades de género de la época.


Clave de respuestas

  1. c). El Simbolismo rechaza describir lo visible (eso era lo que hacían Realismo e Impresionismo) para sugerir ideas, sueños, mitos y estados de ánimo. La opción (a) describe el Impresionismo; la (b), el Realismo; la (d), el puntillismo (Postimpresionismo).
  2. b). El grito parte del Simbolismo —convierte un estado de ánimo (la angustia) en imagen, hace que "grite la naturaleza"— pero la distorsión de la figura y del paisaje y el color emocional (el cielo rojo) anuncian el Expresionismo del Módulo 9. Por eso une dos épocas.
  3. El arte total (Gesamtkunstwerk) es el ideal de fundir todas las artes —arquitectura, mobiliario, pintura, vidriera, joyería, tipografía— en una obra unitaria y coherente, sin jerarquías entre ellas. Ejemplos de la lección: la Sagrada Familia y las casas de Gaudí (donde arquitectura, escultura, color, luz y mobiliario forman un todo); o El beso de Klimt, donde pintura, mosaico y joyería se funden en una sola superficie. (También vale la Secesión de Viena en conjunto.)
  4. La jerarquía tradicional situaba en lo alto las bellas artes (pintura, escultura, arquitectura) y despreciaba como "menores" las artes decorativas o aplicadas (mobiliario, cartel, joyería, vidrio). El Art Nouveau sostuvo que no hay arte mayor ni menor: una lámpara, un cartel o un picaporte pueden ser tan artísticos como un cuadro. Fue importante porque dignificó el diseño y el objeto cotidiano, preparó la idea moderna de que el arte debe estar en la vida diaria y abrió el camino al diseño industrial y a escuelas como la Bauhaus (Módulo 9).
  5. La femme fatale ("mujer fatal") es una figura femenina cuya belleza y deseo conducen a la perdición o la muerte (Salomé, Judith, la esfinge, la sirena). Ejemplo: la Salomé de la Aparición de Moreau, que provoca la decapitación del Bautista. Desde una mirada crítica, este tópico —omnipresente y casi siempre pintado por hombres para un público masculino— proyecta el miedo y el deseo masculinos ante una sexualidad femenina vista como peligrosa, justo en una época de primeras reivindicaciones feministas: revela más sobre las ansiedades de género de quien pinta que sobre las mujeres reales.

Para profundizar

Fuentes y textos de época:

  • Jean Moréas, Manifiesto del Simbolismo (Le Figaro, 1886): el texto que da nombre al movimiento en literatura.
  • Joris-Karl Huysmans, A contrapelo (À rebours, 1884): la "biblia" del gusto decadente; describe con fervor las obras de Moreau y Redon.
  • Charles Baudelaire, Las flores del mal (1857) y la idea de las "correspondencias": el horizonte poético del que bebe el Simbolismo.
  • Adolf Loos, Ornamento y delito (1908): la reacción contra el ornamento Art Nouveau que anuncia el funcionalismo del siglo XX (lectura "a contracorriente").

Estudios modernos de referencia:

  • Robert Goldwater, Symbolism: panorama clásico del Simbolismo pictórico.
  • Rodolphe Rapetti, Le Symbolisme: síntesis moderna y bien ilustrada.
  • Stephen Escritt, Art Nouveau (Phaidon): excelente introducción general al estilo y sus variantes nacionales.
  • Gabriele Fahr-Becker, Art Nouveau: panorama visual exhaustivo.
  • Sobre Klimt y Viena: Carl E. Schorske, Viena fin-de-siècle: política y cultura (1980), un clásico imprescindible para entender el contexto vienés.
  • Sobre la mujer en el arte de fin de siglo, como marco crítico: Linda Nochlin, ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? (1971), y Bram Dijkstra, Ídolos de perversidad (sobre la imagen de la mujer en la cultura del fin de siglo).

Museos y lugares (dónde ver las obras):

  • París – Museo Gustave Moreau: la casa-taller del pintor, con miles de obras suyas; y el Museo de Orsay, con Moreau, Redon, Puvis de Chavannes y arte decorativo del periodo.
  • Oslo – Galería Nacional y Museo Munch: las distintas versiones de El grito y el Friso de la vida.
  • Viena – Galería Belvedere (El beso y obras de Klimt), el edificio de la Secesión (con el Friso de Beethoven de Klimt) y el Museo Leopold (Klimt y Schiele).
  • Praga – Museo Mucha: la mayor colección del artista; y, en general, la propia ciudad de Praga como muestra de Art Nouveau.
  • Barcelona: la Sagrada Familia, la Casa Batlló, la Casa Milà (La Pedrera) y el Park Güell de Gaudí (todos Patrimonio de la Humanidad), más el Palau de la Música y el Hospital de Sant Pau de Domènech i Montaner.
  • Bruselas (casas de Victor Horta, Patrimonio de la Humanidad) y París (entradas del metro de Guimard): el Art Nouveau en la calle.
  • Recursos en línea: Smarthistory y las webs del Museo de Orsay, el Belvedere, el Museo Munch y la fundación de la Sagrada Familia ofrecen fichas y análisis rigurosos de estas obras.

Enlace con el resto del módulo y el curso: has visto cómo, al final del siglo XIX, el arte se desdobla en dos impulsos hermanos: hacia dentro, el Simbolismo bucea en el sueño, el mito y la angustia (de Moreau y Redon a El grito de Munch, la bisagra hacia el Expresionismo); hacia fuera, el Art Nouveau rediseña el mundo visible con su línea orgánica y su ideal de arte total (de los carteles de Mucha al oro de Klimt y la piedra viva de Gaudí). Con esto cierras casi el siglo XIX; solo queda asomarte a la Escultura y arquitectura del XIX para completar el módulo. Y al fondo ya se oye el estruendo del Módulo 9: las vanguardias —Fauvismo, Expresionismo, Cubismo, Surrealismo— que estos artistas del fin de siglo, sin saberlo del todo, estaban anunciando.