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Escultura y arquitectura del siglo XIX

Módulo 8 · El siglo XIX · Periodo: c. 1840 – 1900 (del Crystal Palace a la Torre Eiffel y a las puertas del taller de Rodin) · Regiones: Francia (eje principal), Inglaterra y, en general, la Europa industrial y sus capitales


Panorama

Hasta aquí, el Módulo 8 ha sido, sobre todo, una historia de la pintura: el color de los románticos, la mirada honesta de los realistas, la luz de los impresionistas. Pero el siglo XIX no solo se pintó: también se construyó y se modeló. Y lo hizo en una escala y con unos materiales que no se habían visto nunca. Esta lección te pide que levantes la vista del caballete y mires lo que tienes alrededor: las estaciones de tren como catedrales de hierro, los grandes almacenes acristalados, las avenidas rectas que parten la ciudad antigua, las torres que rascan el cielo, y, en los museos, unos bronces que parecen retorcerse de vida o quedar deliberadamente sin terminar.

La gran paradoja que vas a desentrañar es esta: el siglo más innovador de la técnica fue también el más nostálgico del pasado. Mientras los ingenieros inventaban formas nuevas con hierro y cristal, los arquitectos vestían sus edificios con disfraces de épocas pasadas —un banco "griego", un parlamento "gótico", una ópera "barroca"—. A esa fiebre de revivals la llamaremos historicismo y eclecticismo, y será una de las claves de la lección. En paralelo, verás cómo la ciudad misma se convierte en una obra de arte (y de poder): el París de Haussmann reinventa qué significa vivir en una capital moderna.

Y en el centro de todo, un escultor que cambió para siempre el oficio: Auguste Rodin. Frente a una escultura académica que pulía mármoles fríos e impecables, Rodin devolvió a la figura humana el temblor de la carne, el gesto inacabado, la huella del pulgar en el barro. Con él —y con la figura demasiado tiempo silenciada de Camille Claudel— la escultura entra en la modernidad por la misma puerta que la pintura.

¿Por qué importa? Porque aquí nace buena parte del entorno físico en el que aún vivimos —la ciudad de bulevares, la arquitectura de esqueleto metálico que conduce al rascacielos— y porque la revolución de Rodin es a la escultura lo que la de Manet o los impresionistas fue a la pintura: la grieta por la que entra el siglo XX (Módulo 9).

Objetivos de aprendizaje

Al terminar esta lección serás capaz de:

  1. Explicar qué son el historicismo y el eclecticismo arquitectónicos del siglo XIX y distinguir los principales revivals (neogótico, neoclásico, neobarroco, neorrománico).
  2. Analizar la revolución de la arquitectura del hierro y el cristal e identificar sus hitos (Crystal Palace, biblioteca de Labrouste, Torre Eiffel, Ópera Garnier), explicando la tensión entre ingeniero y arquitecto.
  3. Situar la transformación urbana del siglo (la reforma de Haussmann en París) en su contexto político, social y técnico, y evaluar críticamente sus costes humanos.
  4. Comparar la escultura académica con la revolución de Rodin, reconociendo el papel del modelado, el fragmento y el inacabado (non finito).
  5. Analizar una obra maestra —escultórica o arquitectónica— integrando descripción, forma, materiales, contenido y contexto.
  6. Reconocer voces y tensiones del relato canónico: la invisibilización de Camille Claudel, el trabajo anónimo de ingenieros y obreros, y los debates sobre patrimonio y especulación.

Contexto histórico, social y cultural

El telón de fondo de esta lección es la Revolución Industrial en su madurez. A mediados del siglo XIX, el carbón, el vapor, el ferrocarril y, sobre todo, la producción masiva de hierro fundido, hierro forjado y, más tarde, acero, cambiaron lo que era materialmente posible construir. Por primera vez en la historia, los materiales no se extraían sin más de la cantera o el bosque: se fabricaban en serie en fundiciones, con propiedades calculables, en piezas estandarizadas que podían producirse lejos y ensamblarse en obra como un mecano gigante.

A esto se suma una transformación social sin precedentes: la urbanización masiva. Millones de personas abandonaron el campo y se hacinaron en ciudades que habían crecido sobre trazados medievales, sin alcantarillado, sin agua corriente, sin luz. Las epidemias de cólera (especialmente las oleadas de 1832 y 1849) y los miedos políticos —el recuerdo de las barricadas revolucionarias de 1789, 1830 y 1848— empujaron a los gobiernos a rehacer las ciudades: por higiene, por circulación y, no nos engañemos, por control.

El siglo necesitaba además edificios nuevos que la tradición no había previsto: estaciones de ferrocarril, mercados cubiertos, bibliotecas públicas, grandes almacenes, fábricas, invernaderos botánicos y, muy especialmente, los pabellones de las Exposiciones Universales (Londres 1851, París 1855, 1867, 1878, 1889, 1900), escaparates del orgullo industrial y nacional donde las potencias competían por exhibir su progreso. Estos programas nuevos pedían luz, amplitud y rapidez de construcción: justo lo que el hierro y el cristal ofrecían.

Pero hay una contradicción cultural de fondo. La burguesía triunfante, dueña del nuevo mundo industrial, buscaba legitimarse y para ello miraba al pasado: quería que sus bancos, sus teatros y sus parlamentos tuvieran el prestigio de Grecia, de Roma, de la Edad Media o del Barroco. De ahí el historicismo. El hierro, en cambio, olía a fábrica, a algo "sin estilo", indigno del arte. Por eso, durante décadas, el metal se escondió: o quedaba relegado a obras "utilitarias" (estaciones, mercados) firmadas por ingenieros y no por arquitectos, o se ocultaba tras fachadas de piedra historicista. Comprender esa doble vida —fachada noble de piedra, esqueleto moderno de hierro— es comprender el corazón del siglo.

Rasgos formales y estilísticos clave

Conviene separar dos grandes corrientes que conviven a lo largo del siglo y que a menudo se mezclan en un mismo edificio.

En la arquitectura historicista y ecléctica:

  • Revival y cita del pasado. El edificio "habla" un idioma histórico: columnas griegas, arcos apuntados góticos, cúpulas renacentistas, profusión ornamental barroca. Se trata de evocar el prestigio de una época pasada.
  • Eclecticismo. A menudo no se elige un solo estilo, sino que se combinan elementos de varios en un mismo edificio, según lo que se considere "apropiado" para su función (un teatro podía pedir exuberancia barroca; una iglesia, recogimiento gótico).
  • Adecuación del estilo al programa. Existía una idea de decoro: cada tipo de edificio debía vestirse del estilo histórico "correcto".
  • Monumentalidad y retórica. Escalinatas, ejes simétricos, fachadas teatrales, esculturas alegóricas. La arquitectura quiere impresionar y narrar.

En la arquitectura del hierro y el cristal:

  • Esqueleto metálico y muro ligero. El peso ya no lo soporta el muro, sino una estructura de pilares y vigas de hierro o acero. Eso permite muros finos y enormes superficies de vidrio.
  • Luz, transparencia y ligereza. Espacios diáfanos, inundados de luz cenital, de una amplitud antes impensable.
  • Estandarización y prefabricación. Piezas idénticas, producidas en serie y montadas con rapidez. La arquitectura se vuelve, en parte, montaje.
  • Sinceridad estructural (emergente). Poco a poco, algunos defienden mostrar la estructura en vez de ocultarla: la forma deriva de la función y del material, no de un disfraz histórico. Es la semilla del futuro lema "la forma sigue a la función".

En la escultura, dos polos:

  • El academicismo dominante: figuras idealizadas, acabado pulido, mármol terso, composiciones equilibradas y legibles, temas mitológicos, históricos o alegóricos. Una escultura "correcta", noble y a menudo fría.
  • La revolución de Rodin: modelado expresivo (frente al tallado pulcro), superficies vibrantes que captan la luz, fragmento y non finito (lo inacabado como recurso), torsión y movimiento, énfasis en la emoción, la psicología y la vida interior del cuerpo.

Materiales y técnicas

  • Hierro fundido (cast iron). Resistente a la compresión pero frágil; ideal para columnas y piezas decorativas moldeadas en serie. Fue el material de los primeros puentes, invernaderos y galerías comerciales.
  • Hierro forjado (wrought iron). Más dúctil y resistente a la tracción; usado en vigas y tirantes. La Torre Eiffel es de hierro pudelado (forjado), no de acero.
  • Acero. Producido industrialmente a gran escala a partir de los procesos Bessemer (1856) y Siemens-Martin, ofrece lo mejor del hierro a tracción y compresión. Hará posible, ya a finales de siglo, el rascacielos de Chicago (que verás en el Módulo 9).
  • Vidrio plano producido en grandes láminas, que permite cerrar enormes superficies con luz.
  • Hormigón armado. Patentado y desarrollado en las últimas décadas del siglo (Hennebique y otros), unía la resistencia del hormigón a compresión con el acero a tracción; será protagonista del siglo XX.
  • En escultura, el bronce y la fundición a la cera perdida. Rodin trabajaba el barro y el yeso; el bronce final se obtenía por fundición. De cada modelo podían sacarse varios ejemplares (lo que plantea hoy debates sobre el "original"). El mármol de su taller solía ser tallado por practicantes (artesanos especializados) a partir de sus modelos: una práctica habitual de la época.
  • El modelado frente al tallado. Modelar es añadir materia blanda (barro, cera); tallar es quitar materia dura (mármol, piedra). Rodin fue, ante todo, un modelador: por eso sus superficies conservan la huella del dedo y la vibración del gesto.

Artistas y figuras clave

Auguste Rodin (1840–1917). El gran renovador de la escultura moderna y la figura central de esta lección. Rechazado tres veces en la Escuela de Bellas Artes de París, se formó como artesano y trabajó largos años para otros. Un viaje a Italia (1875), donde estudió a Miguel Ángel y a Donatello, fue decisivo. Su primera obra mayor, La edad de bronce (1877), fue tan realista que lo acusaron de haber hecho un molde directo sobre el modelo vivo (no era cierto). Rodin devolvió a la escultura la expresión, el movimiento y la verdad del cuerpo, abrazó el fragmento y el inacabado como recursos, y desligó la obra de la mera ilustración de un tema. Es, con razón, considerado el puente entre la tradición y la escultura del siglo XX.

Camille Claudel (1864–1943). Escultora de enorme talento, alumna, colaboradora, modelo y amante de Rodin durante más de una década. Lejos de ser una mera "discípula", fue una artista original de fuerza propia, con obras como El vals, La edad madura y La ola (La Vague). Su relación con Rodin fue tormentosa; tras la ruptura, sufrió un grave deterioro y, en 1913, su familia la internó en un asilo psiquiátrico, donde permaneció treinta años, hasta su muerte, dejando prácticamente de crear. Su caso es hoy un símbolo del silenciamiento de las mujeres artistas y ha sido objeto de una intensa revisión: en 2017 se inauguró un museo dedicado a ella en Nogent-sur-Seine (Francia).

Joseph Paxton (1803–1865). No era arquitecto, sino jardinero jefe y experto en invernaderos. Esa experiencia con estructuras de hierro y cristal le permitió diseñar el Crystal Palace de la Exposición Universal de Londres (1851), el edificio que cambió la historia de la construcción.

Henri Labrouste (1801–1875). Arquitecto francés, formado en la academia pero pionero en mostrar el hierro como elemento expresivo en edificios "nobles". Sus bibliotecas parisinas —la Sainte-Geneviève y la sala de lectura de la Biblioteca Nacional— exhiben con orgullo finas columnas y bóvedas de hierro.

Gustave Eiffel (1832–1923). El gran ingeniero del siglo. Maestro de las estructuras metálicas, construyó viaductos, puentes (como el de Oporto y el viaducto de Garabit), la armadura interna de la Estatua de la Libertad y, sobre todo, la Torre Eiffel (1889). Su empresa convirtió el cálculo de estructuras en una ciencia.

Charles Garnier (1825–1898). Arquitecto francés, autor de la Ópera de París (la Opéra Garnier, 1861–1875), obra maestra del eclecticismo y del estilo del Segundo Imperio, símbolo del esplendor y la teatralidad de la burguesía decimonónica.

Georges-Eugène Haussmann (1809–1891). No fue arquitecto, sino administrador: prefecto del Sena nombrado por Napoleón III. Dirigió la colosal reforma de París (c. 1853–1870), abriendo grandes bulevares, creando parques, alcantarillado y un paisaje urbano homogéneo de fachadas de piedra. Da nombre a todo un modelo de ciudad.

Otras figuras que conviene situar: Augustus Pugin (1812–1852) y Charles Barry (1795–1860), responsables del Palacio de Westminster neogótico en Londres; Eugène Viollet-le-Duc (1814–1879), arquitecto y teórico de la restauración (a veces "reinventando" lo medieval, como en Notre-Dame o Carcasona) y profeta de una arquitectura racional de hierro; y, en escultura, Jean-Baptiste Carpeaux (1827–1875), cuyo grupo La Danza para la fachada de la Ópera escandalizó por su sensualidad y anuncia ya la vitalidad de Rodin.

Obras maestras comentadas

1. El pensador (Le Penseur) — Auguste Rodin

El pensador
El pensadorimagen: CC BY-SA 3.0 · Wikimedia
  • Autor: Auguste Rodin · Fecha: concebido c. 1880–1882 (como parte de La Puerta del Infierno); versión monumental fundida desde 1904 · Técnica: bronce (numerosas fundiciones) · Ubicación: Museo Rodin, París (jardín); ejemplares en el Metropolitan de Nueva York, el Museo Rodin de Filadelfia y muchos otros.

Descripción y forma: un hombre desnudo, sentado sobre una roca, se inclina hacia delante con el codo apoyado en la rodilla contraria y el mentón sobre el dorso de la mano, en una postura de honda concentración. El cuerpo, musculoso y tenso, no descansa: piensa con todo el organismo —los dedos de los pies crispados, la espalda curvada, los músculos contraídos—. La superficie, modelada, vibra con la luz. Iconografía y contenido: Rodin lo concibió como el poeta Dante meditando sobre las almas condenadas, coronando La Puerta del Infierno (un gran portal inspirado en la Divina Comedia). Independizado y ampliado, se convirtió en una imagen universal del pensamiento humano, del esfuerzo de la mente. Contexto: nace del encargo (1880) de una puerta monumental para un proyectado Museo de Artes Decorativas que nunca se construyó; Rodin trabajó en él toda su vida. Por qué importa: es probablemente la escultura más célebre del mundo y el manifiesto de la idea rodiniana de que el pensamiento y la emoción se expresan a través de todo el cuerpo, no solo del rostro.

2. Los burgueses de Calais (Les Bourgeois de Calais) — Auguste Rodin

Los burgueses de Calais
Los burgueses de Calaisimagen: CC0 · Wikimedia
  • Autor: Auguste Rodin · Fecha: 1884–1889 · Técnica: bronce · Ubicación: original frente al ayuntamiento de Calais (Francia); fundiciones en los Jardines de las Cámaras del Parlamento, Londres; Museo Rodin, París; y otros museos.

Descripción y forma: un grupo de seis hombres descalzos, con sogas al cuello y túnicas, avanzan cargados de angustia, cada uno absorto en su propio drama: uno sostiene la llave de la ciudad, otro se lleva las manos a la cabeza, otro mira al vacío. No hay héroe central ni pirámide triunfal: las figuras se disponen casi en círculo, a la misma altura, en una composición abierta. Iconografía y contenido: evoca un episodio de la Guerra de los Cien Años (1347): seis notables de Calais se ofrecieron a morir para salvar a su ciudad sitiada por el rey de Inglaterra. Contexto: fue un encargo del ayuntamiento de Calais, que esperaba un monumento heroico y elevado. Rodin entregó lo contrario: hombres vulnerables, atravesados por el miedo y la duda, y pidió —contra la costumbre— que el grupo se colocara a ras de suelo, sin pedestal, para que el espectador caminara entre ellos. Por qué importa: revoluciona el género del monumento público: en lugar de exaltar la gloria, muestra la humanidad del sacrificio. Es una de las obras que abren la escultura a la modernidad.

3. El beso (Le Baiser) — Auguste Rodin

El beso
El besoimagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Auguste Rodin · Fecha: concebido c. 1882; versión en mármol 1888–1898 · Técnica: mármol (y versiones en bronce y yeso) · Ubicación: Museo Rodin, París; una célebre versión en mármol en la Tate, Londres.

Descripción y forma: una pareja desnuda se funde en un beso, los cuerpos entrelazados en una composición compacta y sensual; ella rodea el cuello de él, él posa la mano sobre su muslo. El mármol pulido de la carne contrasta con la roca apenas desbastada de la base, de la que las figuras parecen emerger (un eco del non finito de Miguel Ángel). Iconografía y contenido: representa a Paolo y Francesca, los amantes adúlteros condenados de la Divina Comedia; iban a formar parte de La Puerta del Infierno, pero Rodin los retiró porque su felicidad sensual desentonaba con el tono trágico del conjunto. Contexto: se convirtió en una de sus obras más populares y reproducidas, símbolo del amor y el deseo. Por qué importa: muestra el dominio de Rodin del erotismo y la fusión de cuerpos, y su capacidad de hacer del mármol algo cálido y vivo; a la vez, ilustra cómo una pieza nacida dentro de un gran proyecto se independiza y triunfa por sí sola.

4. Crystal Palace (Palacio de Cristal) — Joseph Paxton

Crystal Palace
Crystal Palaceimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Autor: Joseph Paxton · Fecha: 1851 (desmontado y trasladado a Sydenham; destruido por un incendio en 1936) · Técnica: hierro fundido, hierro forjado y vidrio prefabricados · Ubicación: construido en Hyde Park, Londres, para la Gran Exposición de 1851; no se conserva.

Descripción y forma: un edificio gigantesco —unos 563 metros de largo— enteramente de hierro y vidrio, diáfano y luminoso, capaz de albergar árboles enteros del parque bajo su techo. Su estructura, basada en módulos repetidos, se fabricó en piezas estandarizadas y se montó en pocos meses. Contenido y contexto: fue el pabellón de la primera Exposición Universal, escaparate del orgullo industrial británico, que reunió productos y máquinas de todo el mundo. Paxton, jardinero, lo concibió a partir de su experiencia con invernaderos. Por qué importa: es el acta de nacimiento de la arquitectura moderna de hierro y cristal: demostró que se podía construir rápido, barato, ligero y luminoso con materiales industriales y prefabricados. Aunque no se conserva, su influencia es incalculable.

5. Torre Eiffel — Gustave Eiffel (y su equipo)

Torre Eiffel
Torre Eiffelimagen: Public domain · Wikimedia
  • Autor: Gustave Eiffel, con los ingenieros Maurice Koechlin y Émile Nouguier y el arquitecto Stephen Sauvestre · Fecha: 1887–1889 · Técnica: hierro pudelado (forjado), con más de 18.000 piezas y 2,5 millones de remaches · Ubicación: Campo de Marte, París (en pie).

Descripción y forma: una torre de 300 metros (la estructura más alta del mundo hasta 1930), de hierro abierto y reticulado, que se eleva sobre cuatro pies curvos unidos por arcos. Su forma deriva del cálculo de resistencia al viento: es pura ingeniería hecha visible. Contenido y contexto: se levantó como arco de entrada de la Exposición Universal de 1889, que conmemoraba el centenario de la Revolución Francesa. Iba a ser provisional; la salvó su utilidad como antena de telegrafía y radio. Debate: en 1887, una "Protesta de los artistas" —firmada por escritores y artistas como Maupassant, Gounod o Garnier— la denunció como un "esqueleto" monstruoso e inútil que afeaba París. Por qué importa: consagró el hierro como material noble y la figura del ingeniero como creador de formas; se convirtió, contra todo pronóstico, en el símbolo mismo de París y de la modernidad.

6. Ópera de París (Opéra Garnier) — Charles Garnier

Ópera de París
Ópera de Parísimagen: CC BY-SA 3.0 · Wikimedia
  • Autor: Charles Garnier · Fecha: 1861–1875 · Técnica: mampostería de piedra, mármoles policromos, bronce, decoración profusa · Ubicación: París, en el cruce de los nuevos bulevares de Haussmann (en pie).

Descripción y forma: un edificio suntuoso y teatral, con una fachada de columnas pareadas, esculturas (entre ellas La Danza de Carpeaux), una gran escalinata de mármol y un interior dorado y abrumadoramente decorado. Más que la sala, el verdadero "espectáculo" es el vestíbulo: el lugar donde la burguesía se exhibía a sí misma. Iconografía y contenido: condensa el gusto ecléctico y la grandilocuencia del Segundo Imperio. Cuando le preguntaron a Garnier de qué estilo era, respondió, célebremente, que era "estilo Napoleón III". Contexto: es la pieza monumental que corona la reforma de Haussmann; remata la perspectiva de la Avenue de l'Opéra. Por qué importa: es la obra cumbre del historicismo y del eclecticismo, y la mejor encarnación de la arquitectura como escenografía social del XIX. (Como contrapunto crítico, ilustra todo aquello contra lo que reaccionarán los modernos del Módulo 9.)

Una obra urbana: el París de Haussmann. Más que un edificio, conviene comentar una ciudad. Entre 1853 y 1870, el barón Haussmann demolió barrios enteros del París medieval para abrir largos bulevares rectos y arbolados, con un paisaje homogéneo de fachadas de piedra de altura y diseño regulados, balcones continuos y tejados de pizarra. Dotó a la ciudad de alcantarillado, agua corriente, gas, parques (el Bois de Boulogne, los Buttes-Chaumont) y perspectivas monumentales que enmarcaban edificios como la Ópera. Las razones eran higiénicas, estéticas, económicas y también políticas y militares: las calles anchas y rectas facilitaban la circulación... y dificultaban levantar las barricadas revolucionarias y permitían el rápido movimiento de tropas. Su coste humano fue enorme: se expulsó a decenas de miles de habitantes pobres del centro hacia la periferia. El "París" que hoy admiramos —y que pintaron Caillebotte, Monet o Pissarro— es, en buena medida, esta invención decimonónica.

Conexiones e influencias

Qué la precede. El historicismo bebe directamente de los estilos que ya estudiaste: el neoclasicismo del Módulo 7 (que se prolonga en el XIX), la arquitectura gótica del Módulo 5 (redescubierta por el Romanticismo y resucitada como neogótico), el Renacimiento y el Barroco del Módulo 6 y 7. Rodin, por su parte, mira a Miguel Ángel y a Donatello (Módulo 6): de Miguel Ángel toma el cuerpo poderoso y el non finito; de la escultura helenística (Módulo 2), el movimiento y el pathos. El hierro y el cristal continúan la tradición de los puentes y las primeras estructuras metálicas de finales del XVIII (como el puente de Coalbrookdale).

Diálogos dentro del módulo. Esta lección es el reverso escultórico y arquitectónico de la pintura que has visto. La transformación de París por Haussmann es literalmente el escenario del Impresionismo: los bulevares de Monet y Pissarro, el Calle de París, día de lluvia de Caillebotte, las estaciones de tren (La Gare Saint-Lazare de Monet) son retratos de la ciudad de hierro y bulevares que aquí estudias. Y la deriva de Rodin hacia lo expresivo, lo fragmentario y lo simbólico dialoga con el Simbolismo y el Art Nouveau (la siguiente lección): de hecho, el Art Nouveau llevará el hierro forjado al terreno del ornamento orgánico (las bocas de metro de Guimard, las casas de Horta y Gaudí).

Qué anticipa. Casi todo el siglo XX arquitectónico. La sinceridad estructural de Labrouste y la teoría de Viollet-le-Duc conducen al funcionalismo y al lema "la forma sigue a la función" (Sullivan). El esqueleto metálico del Crystal Palace lleva en línea recta al rascacielos de la Escuela de Chicago y luego al Movimiento Moderno (Le Corbusier, Mies van der Rohe), que verás en el Módulo 9. Y la revolución de Rodin —el fragmento, el modelado expresivo— abre el camino a la escultura moderna de Brancusi, Matisse, los expresionistas y, por contraste, a las vanguardias que romperán con la figura.

Debates e interpretaciones

¿Ingeniero o arquitecto? ¿Qué es "arquitectura"? El gran debate del siglo enfrenta dos figuras: el arquitecto, heredero de las bellas artes, que se ocupa del "estilo" y la belleza; y el ingeniero, hombre de cálculo y material, que construye estaciones, puentes y torres. ¿Es la Torre Eiffel "arquitectura" o "mera ingeniería"? Durante mucho tiempo se despreció lo segundo. Hoy entendemos que la separación misma estaba sesgada y que esas obras "utilitarias" fueron las verdaderamente creativas. El historiador Sigfried Giedion (Espacio, tiempo y arquitectura) y, antes, Nikolaus Pevsner, releyeron el XIX situando el hierro y el cristal —no los revivals— como la auténtica raíz de la modernidad. Esa lectura, hoy matizada, sigue siendo influyente.

¿Historicismo: decadencia o creatividad? Durante casi todo el siglo XX, los modernos despreciaron el historicismo como un disfraz sin valor, una "falta de honradez" estructural y estilística. La crítica más reciente lo ha revalorizado: lo ve no como simple copia, sino como un lenguaje comunicativo (cada estilo "significaba" algo) y como una respuesta legítima a la pregunta de qué estilo correspondía a una era industrial sin estilo propio. La Ópera Garnier ya no se ve solo como exceso kitsch, sino como una obra maestra de su género.

Haussmann: ¿modernización o destrucción? La reforma de París se celebra como el nacimiento de la ciudad moderna, salubre y bella. Pero la historiografía crítica (y ya entonces voces como las de Victor Fournel o, más tarde, las lecturas marxistas de David Harvey o el análisis de Walter Benjamin sobre los pasajes) subraya su coste: la expulsión de los pobres, la especulación inmobiliaria, la destrucción del tejido social y la dimensión de control político de las grandes avenidas. La belleza del "París eterno" oculta una operación de poder y de clase.

Camille Claudel y el canon. Quizá el debate más urgente. Durante décadas, Claudel fue reducida a "la amante y discípula de Rodin", y su obra, atribuida a su influencia. La historiografía feminista la ha reivindicado como artista original cuya trayectoria fue truncada por una sociedad que no toleraba a una mujer escultora independiente —y por una familia que la encerró durante treinta años—. Su caso obliga a preguntarnos cuántas voces ha borrado un relato del arte centrado en el "genio" masculino. (El propio término "genio" lo viste ya en el Romanticismo: aquí muestra su cara excluyente.)

El "original" en la escultura de fundición. Si de un mismo modelo de Rodin se han fundido decenas de bronces —algunos después de su muerte—, ¿cuál es el "original"? El debate sobre las ediciones, las fundiciones póstumas autorizadas y las falsificaciones es central para entender el mercado y la conservación de su obra.

Glosario de la lección

  • Historicismo: tendencia del siglo XIX a diseñar edificios imitando estilos del pasado (revivals) para dotarlos de prestigio y significado.
  • Eclecticismo: combinación, en un mismo edificio, de elementos tomados de varios estilos históricos, elegidos según la función o el gusto.
  • Revival (neoestilo): "renacimiento" o reutilización de un estilo histórico concreto: neogótico, neoclásico, neorrománico, neobizantino, neobarroco, etc.
  • Arquitectura del hierro y el cristal: construcción basada en un esqueleto metálico (hierro o acero) y grandes superficies acristaladas, propia de estaciones, mercados, invernaderos y pabellones de exposición.
  • Prefabricación: producción de piezas estandarizadas en fábrica para montarlas rápidamente en obra, clave en el Crystal Palace.
  • Modelado: técnica escultórica que consiste en añadir y manipular material blando (barro, cera); opuesta al tallado, que quita material duro (mármol, piedra).
  • Non finito (inacabado): recurso, heredado de Miguel Ángel y reivindicado por Rodin, de dejar deliberadamente partes de la obra sin terminar o sin pulir, como valor expresivo.
  • Fragmento: en Rodin, la presentación de una parte del cuerpo (un torso, una mano) como obra autónoma y completa, no como ruina ni boceto.
  • Practicante (en escultura): artesano especializado del taller que traslada el modelo del escultor al mármol mediante el tallado; práctica habitual en el siglo XIX.
  • Fundición a la cera perdida: técnica milenaria para producir el bronce a partir de un modelo, que permite obtener varios ejemplares de una misma escultura.
  • Bulevar: avenida ancha, recta y arbolada, símbolo de la ciudad haussmanniana.
  • Haussmannización: modelo de transformación urbana —apertura de grandes ejes, fachadas homogéneas, infraestructuras— inspirado en la reforma de París, con sus dimensiones higiénica, estética y de control político.

Actividades y preguntas para debatir

  1. La doble vida del hierro. Busca imágenes de la sala de lectura de la Biblioteca Sainte-Geneviève de Labrouste y de una estación como la Gare du Nord de París. ¿Dónde se muestra el hierro y dónde se esconde tras una fachada de piedra? ¿Por qué crees que existía ese pudor hacia el metal?
  2. Eiffel a juicio. Reparte dos papeles: uno defiende la Torre Eiffel en 1887; otro firma la "Protesta de los artistas" contra ella. Debatid con argumentos de la época. Después, valorad por qué hoy nos parece bella.
  3. Rodin frente a la academia. Compara Los burgueses de Calais con un monumento heroico tradicional (por ejemplo, una estatua ecuestre sobre alto pedestal). ¿Qué cambia Rodin en la idea misma de monumento y por qué resultó tan polémico?
  4. El precio de la belleza urbana. Investiga la reforma de Haussmann. Elabora una lista de beneficios y otra de costes humanos. ¿Compensaron unos a otros? ¿Quién pagó el precio y quién disfrutó las ventajas?
  5. Devolver el nombre. Lee sobre la vida y la obra de Camille Claudel (puedes empezar por La edad madura). Argumenta por qué su historia obliga a reescribir el relato canónico de la escultura del XIX. ¿Qué significa "redescubrir" a una artista?
  6. ¿Historicismo hoy? Mira a tu alrededor: ¿hay en tu ciudad edificios "neo-algo" (bancos con columnas, ayuntamientos góticos, casinos barrocos)? Fotografía uno e identifica el estilo histórico que imita y la función del edificio. ¿Por qué se eligió ese disfraz?

Ejercicio de mirada

Vamos a aplicar el método del curso a Los burgueses de Calais de Rodin (1884–1889). Busca una buena reproducción del grupo completo y, si puedes, imágenes de cada figura por separado y vistas desde distintos ángulos.

  1. Mirar antes de saber (1–2 minutos). Solo observa. ¿Qué emoción transmiten estos hombres? ¿Te parecen héroes triunfantes o seres atribulados? ¿Hacia dónde miran? Anota tu primera reacción.
  2. Descripción objetiva. Sin interpretar: seis hombres adultos, descalzos, vestidos con túnicas y con sogas al cuello; uno sostiene una gran llave; sus posturas son muy distintas (uno se cubre la cabeza, otro extiende el brazo, otro baja el rostro). El grupo es abierto, no piramidal.
  3. Análisis formal. Fíjate en la composición: no hay un centro ni una figura dominante; las seis están a la misma altura y dispersas, de modo que el grupo se lee distinto desde cada ángulo (recorre mentalmente la obra dando vueltas). Observa las manos y los pies, exagerados y expresivos. Mira la superficie: ¿es lisa y pulida o vibrante y rugosa? ¿Qué hace esa textura con la luz?
  4. Materiales y técnica. Es bronce, partido de un modelo en barro y yeso: por eso conserva la huella del modelado, el gesto del pulgar. Imagina la diferencia con un mármol académico pulido. ¿Qué aporta el bronce a la sensación de carne y tela?
  5. Contenido y significado. El tema es el sacrificio de seis notables que se entregan para salvar Calais (1347). Pero Rodin no celebra la gloria: muestra el miedo, la duda y la soledad de cada hombre ante la muerte. ¿Cómo individualiza cada estado de ánimo? ¿Qué idea de heroísmo propone?
  6. Contexto. Recuerda: fue un encargo municipal que esperaba un monumento elevado y triunfal; Rodin pidió colocarlo a ras de suelo, sin pedestal, para que el espectador caminara entre las figuras. ¿Cómo cambia eso tu relación física con la obra?
  7. Síntesis y juicio. En dos o tres frases: ¿por qué esta obra revoluciona el género del monumento público y abre la escultura a la modernidad? Vuelve a tu impresión del paso 1: ¿entiendes ahora que la "falta de heroísmo" es precisamente el mensaje?

Autoevaluación

  1. (Opción múltiple) El Crystal Palace de Londres (1851) fue diseñado por: a) el arquitecto Charles Garnier; b) el ingeniero Gustave Eiffel; c) Joseph Paxton, jardinero y experto en invernaderos; d) Henri Labrouste.

  2. (Opción múltiple) El término eclecticismo arquitectónico designa: a) la construcción exclusivamente con hierro y cristal; b) la combinación de elementos de varios estilos históricos en un mismo edificio; c) la imitación fiel de un único estilo del pasado; d) la arquitectura sin ningún ornamento.

  3. (Abierta) Explica la diferencia entre modelado y tallado en escultura, y por qué Rodin se considera, ante todo, un modelador. Relaciónalo con la idea de non finito y de fragmento.

  4. (Abierta) La reforma de Haussmann suele celebrarse como el nacimiento de la ciudad moderna. Menciona al menos dos motivaciones de la reforma (más allá de la estética) y dos costes humanos o sociales que la crítica le reprocha.

  5. (Abierta) ¿Por qué la figura de Camille Claudel se ha convertido en un símbolo para la revisión crítica del canon de la historia del arte? Argumenta tu respuesta.


Clave de respuestas

  1. c). El Crystal Palace lo diseñó Joseph Paxton, jardinero jefe experto en invernaderos, cuya experiencia con estructuras de hierro y cristal fue decisiva. (Eiffel hizo la Torre de 1889; Garnier, la Ópera; Labrouste, las bibliotecas.)
  2. b). El eclecticismo es la combinación de elementos de distintos estilos históricos en un mismo edificio. Imitar fielmente un solo estilo es, más bien, un revival o historicismo "puro".
  3. Modelar es añadir y manipular material blando —barro, cera— para construir la forma; tallar es sustraer material duro —mármol, piedra—. Rodin fue ante todo modelador: trabajaba el barro y el yeso (el bronce y el mármol finales solían realizarlos la fundición y los practicantes de su taller), y por eso sus superficies conservan la huella del gesto y vibran con la luz. El non finito (dejar partes sin terminar, como en El beso) y el fragmento (un torso o una mano como obra autónoma) son recursos coherentes con esa mentalidad de modelador: la obra vale por su expresión y su proceso, no por un acabado pulido.
  4. Motivaciones (al menos dos): higiene/salubridad (frente a las epidemias de cólera y el hacinamiento), circulación y comercio, embellecimiento y prestigio del Segundo Imperio, y razones políticas/militares (calles anchas y rectas que dificultaban las barricadas y facilitaban el movimiento de tropas), además de la especulación inmobiliaria. Costes (al menos dos): la expulsión de decenas de miles de habitantes pobres del centro a la periferia, la destrucción del París medieval y de su tejido social, el encarecimiento de la vivienda y la dimensión de control y segregación de clase. (Bastan dos de cada.)
  5. Porque Claudel fue una escultora original de gran talento, durante décadas reducida a "amante y discípula de Rodin" y cuya obra se atribuyó a la influencia de él; porque su carrera fue truncada por una sociedad que no aceptaba a una mujer escultora independiente y por una familia que la internó treinta años en un asilo; y porque su caso muestra cuántas voces de mujeres ha invisibilizado un relato del arte construido en torno al "genio" masculino. Por todo ello se ha convertido en bandera de la revisión feminista del canon (con hitos como el museo dedicado a ella en Nogent-sur-Seine, 2017). (Se valora cualquier argumentación coherente en esta línea.)

Para profundizar

Fuentes y textos de época:

  • Eugène Viollet-le-Duc, Entretiens sur l'architecture (1863–1872): la gran teorización decimonónica de una arquitectura racional, base intelectual del uso estructural del hierro.
  • Auguste Rodin / Paul Gsell, El arte. Conversaciones reunidas por Paul Gsell (1911): el pensamiento del propio escultor sobre el movimiento, el inacabado y la verdad en el arte.
  • La "Protesta de los artistas" contra la Torre Eiffel (Le Temps, 1887): documento breve y revelador del rechazo inicial.

Estudios modernos de referencia:

  • Nikolaus Pevsner, Pioneros del diseño moderno y Historia de las tipologías arquitectónicas: lecturas fundacionales (y discutidas) del XIX como antesala de lo moderno.
  • Sigfried Giedion, Espacio, tiempo y arquitectura: el clásico que sitúa el hierro y el cristal en el centro de la modernidad.
  • Henry-Russell Hitchcock, Arquitectura de los siglos XIX y XX: panorama amplio y equilibrado entre historicismo e ingeniería.
  • David Harvey, París, capital de la modernidad: lectura crítica de la reforma de Haussmann desde la geografía social.
  • Walter Benjamin, Libro de los pasajes (Passagen-Werk): el gran ensayo inacabado sobre las galerías de hierro y cristal de París como símbolo de la modernidad.
  • Sobre Rodin y Claudel: los catálogos del Museo Rodin (París) y del Museo Camille Claudel (Nogent-sur-Seine), y la biografía de Claudel por Anne Delbée, Une femme.
  • Como marco general: las fichas y ensayos de Smarthistory sobre Rodin, el Crystal Palace, la Torre Eiffel y el urbanismo del XIX.

Museos y lugares (dónde ver las obras):

  • París – Museo Rodin (Hôtel Biron): la mayor colección de Rodin (El pensador en el jardín, El beso, La Puerta del Infierno) y salas dedicadas a Camille Claudel.
  • CalaisLos burgueses de Calais frente al ayuntamiento, en el emplazamiento y a la altura que Rodin quería.
  • Londres – la Tate (El beso en mármol) y los Jardines del Parlamento (una fundición de Los burgueses de Calais); el barrio de Sydenham conserva la memoria del Crystal Palace desaparecido.
  • París, ciudad como museo – la Torre Eiffel, la Ópera Garnier, las bibliotecas de Labrouste (Sainte-Geneviève y Nacional) y, sobre todo, los bulevares haussmannianos: caminarlos es leer la lección con los pies.
  • Nogent-sur-Seine (Francia)Museo Camille Claudel, inaugurado en 2017, primer museo dedicado íntegramente a la escultora.
  • Filadelfia (EE. UU.)Rodin Museum, la mayor colección de Rodin fuera de Francia.

Enlace con el resto del módulo y del curso: has cerrado el siglo XIX mirando lo que se construyó y se modeló mientras los pintores revolucionaban el lienzo. La ciudad de hierro y bulevares que aquí estudias es el escenario del Impresionismo, y la libertad de Rodin dialoga con el Simbolismo y el Art Nouveau de la próxima (y última) lección del módulo, donde el hierro se hará ornamento orgánico. Más allá, todo apunta al Módulo 9: el esqueleto metálico del Crystal Palace conduce al rascacielos y al Movimiento Moderno, y el fragmento de Rodin abre la puerta a Brancusi y a la escultura del siglo XX. El siglo que más amó el pasado fue, sin saberlo, el que inventó el futuro.