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Modernidades asiáticas: Meiji, Bengala y el nuevo guohua

Módulo 9 · Las vanguardias (1900–1945) · Periodo: c. 1868 – 1945 (de la Restauración Meiji al final de la Segunda Guerra Mundial) · Regiones: Japón, India (con epicentro en Bengala y epílogo en el Panyab), China (Shanghái, Pekín, Cantón) y Corea bajo dominio colonial japonés


Panorama

Imagina Calcuta en el invierno de 1902. A la mansión de la familia Tagore —el clan intelectual más influyente de Bengala— llega un visitante japonés vestido con kimono en plena capital del Raj británico. Se llama Okakura Kakuzō, conocido como Okakura Tenshin, y trae bajo el brazo el manuscrito de un libro que se abrirá con tres palabras célebres: "Asia es una". Okakura viene de Tokio, donde ha dirigido la escuela oficial de Bellas Artes y ha liderado la resistencia contra la occidentalización total del arte japonés; en Calcuta conversa durante semanas con el poeta Rabindranath Tagore y con su sobrino, el pintor Abanindranath Tagore, que está a punto de convertirse en el rostro del arte nacionalista indio. Al año siguiente, dos discípulos de Okakura —Yokoyama Taikan y Hishida Shunsō— viajan también a Calcuta y enseñan a los pintores bengalíes sus técnicas de aguada. De ese diálogo entre Tokio y Calcuta, sin pasar por París, saldrán algunas de las imágenes fundacionales del arte moderno asiático.

Esta lección viene a reparar un apagón del relato habitual. En la mayoría de los manuales (y quizá en tu propia cabeza), el arte asiático aparece dos veces: primero con Hokusai y La gran ola (lo viste en Arte de Japón y en el Japonismo) y luego, de golpe, con Ai Weiwei y el arte contemporáneo global (módulo 10). Entre medias, un siglo de silencio, como si media humanidad hubiera dejado de crear entre 1850 y 1990. Es falso, y este vacío no es inocente: mientras Europa inventaba sus vanguardias, Japón, India, China y Corea vivían sus propias revoluciones artísticas, con academias, manifiestos, polémicas de prensa, mártires y obras maestras. No fueron un eco tardío de París: fueron modernidades paralelas, con preguntas propias.

¿Por qué importa? Primero, porque completa el mapa: las vanguardias de este módulo no fueron un monopolio europeo, y estudiar solo París es estudiar una provincia del mundo creyéndola el planeta entero. Segundo, porque en Asia la gran pregunta de la modernidad se formuló con una claridad que Europa no necesitó: ¿cómo ser moderno sin dejar de ser uno mismo? Cuando la modernización llega envuelta en cañoneras y colonialismo, adoptar el óleo y la perspectiva puede sentirse como una rendición, y aferrarse al pincel de tinta, como una condena al pasado. Cada artista de esta lección es una respuesta distinta a ese dilema. Tercero, porque esa pregunta es exactamente la misma que viste plantearse en México (Muralismo mexicano) y la que Tarsila do Amaral y Torres-García respondieron con la antropofagia y el "Nuestro norte es el Sur" (Arte latinoamericano moderno): la modernidad fue una conversación mundial, y aquí escucharás sus voces asiáticas.

Objetivos de aprendizaje

Al terminar esta lección serás capaz de:

  1. Situar cronológica y geográficamente las modernidades artísticas de Japón, India, China y Corea entre c. 1868 y 1945, relacionándolas con la Restauración Meiji, el Raj británico, la caída del imperio Qing y la colonización japonesa de Corea.
  2. Distinguir los grandes pares en tensión del periodo —nihonga/yōga en Japón, Escuela de Bengala/academicismo victoriano en la India, guohua renovado/realismo académico en China— y explicar qué problema intentaba resolver cada opción.
  3. Explicar el papel del nacionalismo cultural, el panasiatismo y el movimiento swadeshi en la formación de estos lenguajes artísticos, con figuras como Okakura Tenshin, Abanindranath Tagore y Lu Xun.
  4. Analizar obras concretas (Yokoyama Taikan, Abanindranath Tagore, Amrita Sher-Gil, Xu Beihong, Qi Baishi, Li Hua) integrando descripción, forma, técnica, contenido y contexto.
  5. Relacionar estas modernidades entre sí y con las respuestas paralelas de Europa y de América Latina, trazando redes artísticas que no pasan por París (Tokio–Calcuta, Tokio–Cantón, Shanghái–Berlín).
  6. Evaluar críticamente el "centrismo de recepción" —juzgar el arte asiático solo por cómo lo miró o lo influyó Occidente— y las etiquetas de "copia", "retraso" o "exotismo" que el relato eurocéntrico aplicó a estos artistas.

Contexto histórico, social y cultural

Japón: la modernización como política de Estado. En 1853–1854, los "barcos negros" del comodoro Perry forzaron la apertura de Japón (lo viste en el Japonismo); en 1868, la Restauración Meiji liquidó el viejo régimen de los shogunes y lanzó al país a una modernización acelerada bajo el lema de la "civilización e ilustración" (bunmei kaika). En la primera década, la fiebre occidentalizadora fue tal que las tradiciones propias se despreciaron: templos budistas saqueados, pinturas y esculturas malvendidas a coleccionistas extranjeros, y una escuela oficial de arte (la Kōbu Bijutsu Gakkō, 1876) donde profesores italianos enseñaban óleo y dibujo académico. La reacción llegó de una alianza insólita: el profesor estadounidense Ernest Fenollosa y su discípulo japonés Okakura Tenshin defendieron que Japón poseía una tradición pictórica de primer orden que no debía abandonarse, sino modernizarse desde dentro. De ahí nació la Escuela de Bellas Artes de Tokio (abierta en 1889 bajo la dirección de Okakura, al principio sin pintura occidental) y, sobre todo, la gran partición del arte japonés moderno: nihonga ("pintura japonesa", con materiales y formatos tradicionales renovados) frente a yōga ("pintura occidental", el óleo académico que Kuroda Seiki trajo de París y que en 1896 entró también en la escuela oficial). Desde 1907, el salón oficial (Bunten) exponía ambas por separado: la duplicidad quedó institucionalizada. Cuando Okakura fue forzado a dimitir en 1898, fundó con sus fieles el Instituto de Arte de Japón (Nihon Bijutsuin), laboratorio del nihonga experimental, y acabó sus días como conservador de arte asiático en el Museo de Bellas Artes de Boston.

India: el arte como acto de resistencia. La India era desde 1858 colonia directa de la Corona británica, con escuelas de arte coloniales que enseñaban naturalismo académico victoriano. El pintor Raja Ravi Varma (1848–1906) había triunfado pintando dioses hindúes al óleo y difundiéndolos en oleografías baratas: un primer híbrido enormemente popular, que la generación siguiente consideró demasiado occidental. El punto de inflexión fue político: en 1905, el virrey Curzon decretó la partición de Bengala, y la respuesta fue el movimiento swadeshi ("de nuestro propio país"): boicot a los productos británicos y reivindicación de lo propio, también en la cultura visual. En ese clima, el inglés E. B. Havell —director de la escuela de arte de Calcuta y converso a la causa del arte indio— y Abanindranath Tagore refundaron la enseñanza sobre las miniaturas mogolas, la pintura rajput y los murales budistas de Ajanta (Arte de la India), creando la Escuela de Bengala: un arte deliberadamente antiacadémico, de acuarelas evanescentes y temas indios. La visita de Okakura (1902) y de los pintores japoneses (1903) tejió el puente panasiático. Una generación después, Amrita Sher-Gil, formada en París, dinamitaría a la vez el academicismo colonial y el sentimentalismo bengalí con una síntesis nueva.

China: reformar la pintura para salvar la nación. El imperio Qing, humillado por las guerras del Opio y las potencias extranjeras, cayó en 1911–1912. La élite intelectual concluyó que había que modernizarlo todo, incluida la pintura: el Movimiento del Cuatro de Mayo (1919) y la Nueva Cultura pusieron en cuestión la tradición letrada entera, y el educador Cai Yuanpei propuso la "educación estética" como sustituto de la religión. Miles de estudiantes salieron a formarse a Japón (la vía corta hacia la modernidad) y a París. En torno a la pintura nacional —el guohua, término nacido precisamente entonces para nombrar la pintura de tinta frente al óleo importado— se abrió un debate feroz: Xu Beihong, formado en la academia parisina, sostuvo que el realismo académico occidental era la medicina que la pintura china necesitaba; Qi Baishi, un antiguo carpintero convertido en el último gran letrado, demostró que la tinta podía renovarse desde dentro sin mirar a Europa; la Escuela de Lingnan cantonesa importó del nihonga japonés atmósferas y temas modernos; y Lin Fengmian ensayó la fusión de la tinta con Matisse. Mientras tanto, el escritor Lu Xun impulsó desde Shanghái un arte para las masas: el movimiento del grabado creativo en madera, que se volvió arma de denuncia cuando Japón invadió China (Manchuria en 1931, guerra total desde 1937).

Corea: crear bajo ocupación. Japón —que se presentaba ante Asia como hermano mayor liberador— se anexionó Corea en 1910. La primera generación de artistas modernos coreanos se formó, paradójicamente, en Tokio: Ko Hui-dong fue el primer coreano en pintar al óleo; Na Hye-seok, la primera pintora profesional y una feminista pionera que pagó con el ostracismo su libertad; Yi In-seong pintó la luz y la tierra coreanas con un lirismo teñido de melancolía colonial. El salón oficial impuesto por el colonizador (el Seonjeon, desde 1922) clasificaba las obras en "pintura occidental" y "pintura oriental": hasta las categorías estéticas eran coloniales. Corea muestra la cara más amarga del periodo: la modernidad llegó de la mano del imperio, y crear era negociar cada día entre la supervivencia, la colaboración y la resistencia.

Rasgos formales y estilísticos clave

Cuatro países, decenas de movimientos: no hay un "estilo asiático moderno" único. Pero sí problemas formales compartidos, que ayudan a educar la mirada:

  • La doble vía institucional. En todo el continente, la modernidad se organizó en pares: nihonga/yōga en Japón, guohua/óleo en China, "pintura oriental"/"pintura occidental" en la Corea colonial, Escuela de Bengala/academicismo en la India. Elegir técnica era elegir bandera: pintar al óleo o a la tinta era pronunciarse sobre qué debía ser la nación.
  • La tradición reinventada, no conservada. Ojo al matiz decisivo: el nihonga o el nuevo guohua no son arte antiguo que sobrevive, sino arte moderno que se fabrica con materiales antiguos. Taikan disolvió la línea de contorno —sacrilegio en la pintura japonesa— para lograr atmósferas tonales (el estilo mōrōtai, "vaporoso"); Qi Baishi simplificó la pintura de letrados hasta una síntesis casi abstracta y la abrió a temas "vulgares" (camarones, calabazas, ratones); Abanindranath fundió miniatura mogola y aguada japonesa. Son rupturas, no continuidades.
  • Nuevos temas para nuevas naciones. La madre patria personificada (Bharat Mata), el monte Fuji como símbolo nacional, el campesino y el aldeano como alma del país, la historia antigua releída como alegoría presente (el viejo que mueve montañas de Xu Beihong), e incluso aviones y tanques en pintura de tinta (Escuela de Lingnan): el repertorio se politiza y se nacionaliza.
  • Línea, vacío y plano frente a claroscuro y profundidad. El gran problema técnico del periodo es negociar entre dos gramáticas visuales: la línea caligráfica, el vacío significativo y el plano decorativo de las tradiciones asiáticas, y el modelado, la anatomía y la perspectiva del academicismo europeo. Cada artista dosifica la mezcla de forma distinta: compara el esfumado sin línea de Taikan, la anatomía académica en tinta de Xu Beihong y el óleo aplanado y "amuralado" de Sher-Gil.
  • El grabado como arma. El movimiento del grabado chino invierte los términos del ukiyo-e: ya no hay división del trabajo ni refinamiento comercial, sino el artista que talla e imprime él mismo, en blanco y negro violento, imágenes de denuncia para las masas. Es el expresionismo gráfico europeo (Kollwitz) devorado y puesto al servicio de la revolución china.
  • Formatos con memoria. Rollos de mano que se despliegan en el tiempo, biombos, álbumes y abanicos siguen vivos y se resemantizan: Taikan pintó en 1923 un rollo de más de cuarenta metros —un formato de ocho siglos— para decir algo radicalmente moderno. El formato mismo es un manifiesto.

Materiales y técnicas

  • Nihonga: minerales y cola. El nihonga se define por sus materiales: pigmentos minerales molidos (iwa-enogu: azurita, malaquita, cinabrio), blanco de concha (gofun), tinta y pan de oro o plata, aglutinados con cola animal (nikawa) sobre papel o seda. Frente a la pincelada empastada del óleo, exige capas finas, veladuras y una superficie mate y luminosa. Dentro de esa disciplina cabía experimentar: el mōrōtai de Taikan y Hishida eliminó el contorno para modelar con gradaciones de color y luz, escándalo que la crítica japonesa bautizó con desdén ("pintura borrosa") y que hoy se lee como uno de los primeros gestos vanguardistas de Asia.
  • Yōga: el óleo como tecnología importada. El óleo llegó a Japón (y de allí a Corea y China) como llegaban los ferrocarriles: como técnica de país moderno, con sus academias, sus desnudos del natural (que provocaron escándalos y censura policial en Tokio) y sus salones anuales. Dominarlo era un examen de modernidad; el Salmón de Takahashi Yuichi (c. 1877) o A la orilla del lago de Kuroda Seiki (1897) fueron hitos nacionales, no simples ejercicios.
  • La aguada bengalí (wash). Abanindranath y sus discípulos desarrollaron una técnica de acuarela por capas sucesivas, lavando el pigmento con agua entre capa y capa hasta lograr superficies nebulosas, sin contornos duros, deudoras a la vez de la miniatura india y de la aguada japonesa aprendida de Taikan y Hishida. El resultado —pequeño, íntimo, evanescente— era la antítesis deliberada del óleo académico colonial: una técnica como declaración política.
  • Tinta china: entre gongbi y xieyi. La pintura china moderna sigue jugando con sus dos polos técnicos: el gongbi (pincel meticuloso, detallista) y el xieyi ("escribir la idea": pincelada rápida, sintética, expresiva). Qi Baishi los combinó como nadie —insectos de precisión milimétrica sobre plantas de brochazo abstracto—, y Xu Beihong metió dentro del xieyi la anatomía y el escorzo aprendidos en París: caballos de tinta con esqueleto académico.
  • Xilografía creativa. A diferencia del grabado tradicional de reproducción, el "grabado creativo" (muke/banhua) que promovió Lu Xun exigía que el artista diseñara, tallara e imprimiera su propia plancha: autografía total, tiradas baratas, distribución en revistas y panfletos. Técnicamente mira a Kollwitz y al expresionismo alemán; funcionalmente, al cartel político. Compáralo con el taller colectivo del ukiyo-e que estudiaste en el Japonismo: mismo material, mundo opuesto.
  • Reproducción y prensa. Las oleografías de Ravi Varma, las revistas ilustradas de Shanghái y Tokio y las postales del swadeshi difundieron estas imágenes a escala de masas. Como en el muralismo mexicano, el arte moderno asiático nace ya consciente de su público multitudinario.

Artistas y figuras clave

Okakura Tenshin (Okakura Kakuzō) (Japón, 1863–1913). El gran ideólogo. No pintaba: pensaba, organizaba y escribía. Dirigió la Escuela de Bellas Artes de Tokio, fundó el Instituto de Arte de Japón (1898) y formuló en inglés, para el mundo, la defensa de una modernidad asiática con raíces propias: Los ideales de Oriente (1903, con su célebre apertura "Asia es una") y El libro del té (1906). Su panasiatismo, generoso en origen, sería más tarde secuestrado por la propaganda imperial japonesa: una sombra que estudiaremos en los debates.

Yokoyama Taikan (Japón, 1868–1958). El discípulo predilecto de Okakura y el pintor que convirtió el nihonga en un arte moderno mayor. Con Hishida Shunsō creó el polémico mōrōtai; viajó a la India, Europa y Estados Unidos; y acabó consagrado como el pintor del Japón oficial (con decenas de montes Fuji patrióticos, otra sombra). Su obra maestra, el rollo Metempsicosis, la analizamos abajo.

Kuroda Seiki (Japón, 1866–1924). El "padre del yōga moderno". Nueve años en París (discípulo de Raphaël Collin), volvió con un academicismo aclarado de aire pleinairista, fundó la sociedad del Caballo Blanco (1896) y dirigió la sección occidental de la escuela oficial. Encarna la otra respuesta japonesa: ser moderno era dominar el lenguaje de Occidente y naturalizarlo en Japón. (Japón tuvo, además, sus vanguardias radicales de los años veinte —futurismo, dadá, el grupo Mavo—: el par nihonga/yōga es la columna vertebral, no todo el cuerpo.)

Abanindranath Tagore (India, 1871–1951). Sobrino del poeta Rabindranath, fundador de la Escuela de Bengala y primer artista moderno indio con proyecto nacionalista consciente. Formado en técnicas europeas, se convirtió al arte indo-persa y, tras el contacto japonés, creó su estilo de aguadas mínimas y nostálgicas. Su Bharat Mata (1905) es el icono del swadeshi visual. Fue además maestro de maestros: de su círculo salió Nandalal Bose (1882–1966), que llevó la escuela hacia lo popular —los carteles del congreso de Haripura (1938), encargados por Gandhi, y las ilustraciones del manuscrito de la Constitución india— desde Kala Bhavana, la escuela de arte de Santiniketan fundada por Rabindranath. (El propio Rabindranath Tagore, premio Nobel, empezó a pintar casi septuagenario y expuso en París en 1930: el "moderno" más inclasificable de la familia.)

Amrita Sher-Gil (India/Hungría, 1913–1941). Nacida en Budapest de madre húngara y padre sij aristócrata, formada en la École des Beaux-Arts de París, donde triunfó jovencísima (medalla de oro del Gran Salón por Young Girls, 1932). En 1934 decidió volver: "Europa pertenece a Picasso, Matisse, Braque… La India me pertenece solo a mí", escribió. Peregrinó a los murales de Ajanta y a las miniaturas pahari y creó una síntesis inédita: óleo postimpresionista (Gauguin, Cézanne) con cromatismo y hieratismo indios, para pintar —sin pintoresquismo ni lástima— la vida detenida de las mujeres y los aldeanos. Murió en Lahore a los 28 años, dejando unas 170 obras; la India la declaró "tesoro artístico nacional". Es, junto a Frida Kahlo —con quien se la compara a menudo—, una de las grandes reinventoras del yo y de la nación desde la pintura.

Xu Beihong (China, 1895–1953). El apóstol del realismo. Becado en París (1919), volvió convencido de que el dibujo académico y la pintura de historia podían regenerar el arte chino, "decaído" a fuerza de copiar a los antiguos. Pintó óleos de historia (Tian Heng y sus quinientos leales, 1928–1930) y, sobre todo, tinta con estructura académica: sus caballos al galope son quizá las imágenes chinas más reproducidas del siglo. Tras 1949 presidió la Academia Central de Bellas Artes: su fórmula (realismo + tinta) se convirtió en doctrina oficial del arte de la China Popular.

Qi Baishi (China, 1864–1957). La respuesta contraria: renovar sin salir de la tradición. Carpintero rural de Hunan, autodidacta tardío, se instaló en Pekín pasados los cincuenta años y, animado por el pintor y crítico Chen Shizeng —autor de la defensa moderna de la pintura de letrados (1921) y quien llevó su obra con gran éxito a Tokio en 1922—, emprendió su famosa "reforma de la vejez": color popular intenso, composiciones vacías y audaces, y un repertorio humilde (camarones, cangrejos, calabazas, ratones) tratado con una frescura que rozaba la abstracción. Su lema condensa una poética entera: "la excelencia de la pintura está entre la semejanza y la desemejanza". Murió con 93 años convertido en "Artista del Pueblo", venerado por igual en la China de Mao y en las subastas globales.

Lu Xun (China, 1881–1936). El mayor escritor chino moderno fue también el comisario y agitador del movimiento del grabado creativo: organizó en Shanghái en 1931 un curso de xilografía para trece jóvenes (con un maestro japonés y él mismo de intérprete), coleccionó y publicó a Käthe Kollwitz —a quien conocerás en Arte y las guerras mundiales— y convirtió el grabado en el arte de combate de la China invadida. De su semillero salieron Hu Yichuan (¡Al frente!, 1932) y Li Hua (¡Ruge, China!, 1935). En paralelo, la Escuela de Lingnan de Cantón (los hermanos Gao Jianfu y Gao Qifeng y Chen Shuren, formados en Japón) predicaba un "nuevo guohua" que metía aviones, tanques y atmósferas nihonga en la pintura de tinta, y Lin Fengmian (1900–1991) ensayaba desde Hangzhou la síntesis de la tinta con el fauvismo.

Los modernos coreanos. Ko Hui-dong (1886–1965), primer pintor coreano al óleo, acabó regresando a la pintura de tinta; Na Hye-seok (1896–1948), pintora y escritora feminista, murió pobre y repudiada por una sociedad que no perdonó su divorcio ni su libertad —su recuperación actual corre pareja a la de tantas artistas (Mujeres en la historia del arte)—; Yi In-seong (1912–1950) pintó una Corea rural de tierras ocres y cielos intensos donde la crítica lee, a la vez, lirismo y herida colonial.

Obras maestras comentadas

1. Metempsicosis (Seisei ruten) — Yokoyama Taikan

Metempsicosis
Metempsicosisimagen: Public domain · Wikimedia
  • Ficha. Yokoyama Taikan. Rollo de mano, tinta sobre seda, 1923; más de 40 metros de longitud. Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio (MOMAT); declarado Bien Cultural Importante de Japón.
  • Análisis. Un único hilo de agua recorre cuarenta metros de seda: la niebla de la montaña se hace arroyo, el arroyo río, el río mar; el mar se alza en tormenta y un dragón asciende entre las nubes para volver a ser lluvia. Es el ciclo del agua como metáfora budista de la trasmigración de las almas (eso significa seisei ruten: el fluir incesante de la vida). Forma: toda la gama del mōrōtai madurada en tinta monocroma: gradaciones sin línea, vacíos que respiran, un dominio del tiempo —el rollo se despliega y se "lee" durante minutos, como una película— que ningún cuadro de caballete permite. Contexto: se presentó en la exposición del Instituto de Arte de Japón inaugurada el 1 de septiembre de 1923, el mismo día del gran terremoto de Kantō; el rollo fue rescatado de los incendios que arrasaron Tokio. Por qué importa: demuestra que la modernidad no exigía el óleo ni el lienzo: un formato de ocho siglos y un pincel de tinta bastan para hacer una obra tan ambiciosa y "total" como cualquier manifiesto europeo del mismo año.

2. Bharat Mata (Madre India) — Abanindranath Tagore

Bharat Mata
Bharat Mataimagen: Public domain · Wikimedia
  • Ficha. Abanindranath Tagore. Acuarela (técnica de aguada), 1905. Victoria Memorial Hall, Calcuta (Kolkata).
  • Análisis. Una mujer joven, de pie sobre lotos, con halo y cuatro brazos como una deidad hindú, vestida con el hábito azafrán de los ascetas. En sus manos no lleva armas ni atributos regios, sino alimento, tela, un manuscrito y un rosario: comida, vestido, saber material y saber espiritual, lo que la nación debe dar a sus hijos. Forma: aguada delicadísima, contornos disueltos, formato íntimo: la antítesis deliberada tanto del óleo académico como del cartel estridente. Contexto: pintada en plena agitación contra la partición de Bengala; se dice que Abanindranath la concibió primero como "Madre Bengala" (Banga Mata), y la hermana Nivedita —discípula irlandesa de Vivekananda— propuso multiplicarla en estampas y llevarla en procesión por toda la India. Por qué importa: es quizá la primera imagen "de culto" del nacionalismo indio moderno y el ejemplo perfecto del swadeshi visual: una nación que se imagina a sí misma con lenguaje propio. Compárala con las alegorías nacionales que ya conoces —la Marianne francesa, la Democracia de Siqueiros—: cada nación moderna necesitó darse un cuerpo. Su descendencia (en el cartel político y en el nacionalismo hindú actual) es parte del debate.

3. Grupo de tres muchachas — Amrita Sher-Gil

  • Ficha. Amrita Sher-Gil. Óleo sobre lienzo, 1935. Galería Nacional de Arte Moderno (NGMA), Nueva Delhi. Medalla de oro de la Bombay Art Society (1937).
  • Análisis. Tres jóvenes con velos y vestidos de tonos encendidos —ámbar, coral, verde apagado— sentadas muy juntas, con las miradas bajas o perdidas, sin anécdota alguna: solo presencia y espera. Forma: planos de color rotundos y cálidos que recuerdan a Gauguin (Postimpresionismo), pero con el hieratismo, la frontalidad y la gama terrosa que Sher-Gil absorbió de Ajanta y de la miniatura india; nada de claroscuro académico ni de pintoresquismo colonial. Contenido: es su primer gran cuadro tras volver a la India, y su manifiesto: pintar "la vida de los indios, particularmente de los pobres" —y muy especialmente de las mujeres, retratadas desde dentro, con una mezcla de solidaridad y distancia melancólica que no es ni denuncia panfletaria ni exotismo. Por qué importa: funde en una sola superficie las tres tradiciones en litigio (academia europea, modernismo parisino, arte indio antiguo) y las supera; y plantea, décadas antes que la teoría poscolonial, la pregunta de quién puede representar a quién: una artista mestiza y cosmopolita mirando a las campesinas de su país paterno.

4. Yu Gong mueve las montañas — Xu Beihong

  • Ficha. Xu Beihong. Tinta y color sobre papel, 1940 (existe también versión al óleo); pintado en Santiniketan (India). Museo Conmemorativo Xu Beihong, Pekín.
  • Análisis. Una cadena de cuerpos colosales —campesinos desnudos, musculosos, en escorzos violentos— cava y acarrea tierra; a un lado, el anciano Yu Gong explica su empeño. La fuente es una parábola clásica china: el "viejo tonto" que decide mover dos montañas que tapan su casa; ante las burlas, responde que tras él cavarán sus hijos, y los hijos de sus hijos, hasta conseguirlo. Pintada en 1940, en plena invasión japonesa, la moraleja era transparente: la resistencia de todo un pueblo, generación tras generación. Forma: aquí está, en una sola obra, el programa entero de Xu: anatomía y desnudo académicos (los modelos fueron indios: la pintó durante su estancia en la universidad de Rabindranath Tagore en Santiniketan, donde también retrató a Gandhi), composición en friso de pintura de historia europea… todo ejecutado con pincel, tinta y papel chinos. Por qué importa: es la apuesta del realismo como salvación nacional hecha imagen, y el eslabón que une la pintura de historia decimonónica europea con el arte oficial de la China Popular posterior a 1949. Y su geografía lo dice todo: una obra maestra china pintada en la India, en diálogo con Tagore y Gandhi — la modernidad asiática fue una red.

5. Camarones — Qi Baishi

Camarones
Camaronesimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Ficha. Qi Baishi. Tinta sobre papel; tema que el artista pintó y perfeccionó durante décadas (c. 1920–1950). Los mayores fondos de su obra se conservan en la Academia de Pintura de Pekín, el Museo Nacional de Arte de China (Pekín) y el Museo de Arte de China (Shanghái).
  • Análisis. Media docena de camarones nadan en un papel vacío: ni agua, ni fondo, ni línea de horizonte —y sin embargo vemos el agua, en la transparencia de los cuerpos y en la vibración de las antenas. Cada camarón son unas pocas pinceladas: una carga de tinta diluida para el cuerpo translúcido, un toque denso para la cabeza, látigos de pincel seco para antenas y patas. Forma: es el arte de la síntesis extrema: Qi estudió camarones vivos durante años para poder olvidarlos y pintar, según su fórmula, "entre la semejanza y la desemejanza": ni copia naturalista ni abstracción, sino la vida capturada en su gesto esencial. Contexto: que el tema sea un animal de mercado —y no las montañas sublimes del letrado clásico— es en sí un gesto moderno y democrático, propio de este hijo de campesinos que llegó a la pintura desde la carpintería. Por qué importa: es la prueba de que la renovación no exigía romper con la tinta: bastaba con mirarla de nuevo. Cuando la crítica occidental lo llamó "el Picasso chino" creyó elogiarlo; hoy esa etiqueta nos sirve justo para discutir por qué un maestro debería necesitar un padrino europeo (véanse los debates).

6. ¡Ruge, China! — Li Hua

  • Ficha. Li Hua. Xilografía (grabado en madera), 1935; estampa de pequeño formato (c. 20 × 15 cm). Ejemplares en el Museo Nacional de Arte de China (Pekín), entre otras colecciones.
  • Análisis. Un hombre desnudo, gigante dentro del diminuto papel, está atado a un poste y con los ojos vendados; su cuerpo entero se retuerce mientras la mano tantea un cuchillo clavado a su alcance. Forma: blanco y negro sin matices, gubia nerviosa que deja las fibras a la vista, cuerpo construido con haces de líneas tensas como cables: la lección del expresionismo alemán y de Kollwitz, tallada con urgencia china. Contenido: el hombre es China —vendada, atada, pero a un gesto de cortar sus cuerdas—; el título retoma el grito del drama soviético ¡Ruge, China! de Tretiakov. Un año después estallaría la guerra total con Japón. Por qué importa: condensa el movimiento del grabado de Lu Xun: arte barato, multiplicable, portátil y político, hecho para sacudir a un pueblo mayoritariamente analfabeto. Es el equivalente exacto —en función, no en forma— del muralismo mexicano y de su Taller de Gráfica Popular (Muralismo mexicano): el arte gráfico como arma cargada de presente.

Conexiones e influencias

Hacia atrás: las tradiciones que estos artistas reinventan. Esta lección no se entiende sin el módulo 3: la pintura de letrados y la teoría del pincel chino (Arte de China), los rollos, biombos y estampas de Japón (Arte de Japón) y los murales de Ajanta y la miniatura mogola (Arte de la India). Todos los protagonistas de esta lección miraron ese pasado, pero ninguno lo repitió: lo editaron, lo podaron y lo rearmaron para el presente, exactamente como los renacentistas hicieron con la Antigüedad.

El bucle del japonismo. En el módulo 8 viste a Europa aprender de Hokusai (Japonismo); aquí ves el reflujo: Japón importa el óleo académico; China importa de Japón el nihonga (Escuela de Lingnan) y de París el realismo; la India importa de Japón la aguada; y Sher-Gil trae de París un Gauguin que, a su vez, había aprendido de las estampas japonesas. Las influencias no van de un "centro" a una "periferia": van en todas direcciones, y a veces en círculo. Guarda este mapa mental: es el mejor antídoto contra el relato difusionista.

Dentro del módulo 9. Las resonancias son constantes. Con el Muralismo mexicano: mismo dilema (arte nacional y popular frente a vanguardia cosmopolita), misma fe en el arte para las masas, mismo triángulo arte-nación-revolución; Xu Beihong es, en cierto modo, el Rivera chino —ambos creyeron que el realismo legible era el idioma del pueblo—. Con Fauvismo y Expresionismo y Arte y las guerras mundiales: la línea Kollwitz–Lu Xun–Li Hua es una de las transferencias más directas y documentadas de todo el periodo. Y no olvides la ironía que abre este módulo: la vanguardia europea despegó mirando máscaras africanas y estampas japonesas; negar la modernidad a Asia mientras se le copiaba la gramática es la contradicción que esta lección deja a la vista.

Con América Latina. La rima es exacta y merece subrayarse: la pregunta bengalí y china —¿cómo ser moderno sin dejar de ser uno mismo?— es la misma de la Antropofagia de Tarsila do Amaral (devorar lo europeo y digerirlo) y del Universalismo Constructivo de Torres-García (abstracción moderna + signo precolombino), que estudiarás en Arte latinoamericano moderno. "Asia es una" y "Nuestro norte es el Sur" son gestos gemelos: el Sur global ensayando relatos donde el centro no sea Europa. Que estas respuestas surgieran casi a la vez, sin apenas contacto entre sí, dice mucho sobre lo global que fue de verdad la modernidad.

Hacia delante. Tras 1945, cada hilo continúa: el realismo de Xu Beihong se vuelve doctrina en la China de Mao; el grabado de guerra alimenta el arte de propaganda; el nihonga convive con la neovanguardia japonesa (el grupo Gutai, pionero mundial de la performance, aparece en el módulo 10); la Escuela de Bengala y Sher-Gil son los cimientos sobre los que discute el Grupo de Artistas Progresistas de Bombay (1947); y cuando el arte contemporáneo global (módulo 10) consagre a Ai Weiwei o a Nam June Paik, no saldrán de la nada: saldrán de este siglo que el relato eurocéntrico había apagado.

Debates e interpretaciones

  • ¿Es "tradicional" lo neo-tradicional? El nihonga, el nuevo guohua o la aguada bengalí se presentaron como continuidad de lo antiguo, pero son invenciones modernas: categorías, escuelas y hasta palabras (la propia voz nihonga, o guohua) que solo existen desde que existe su contrario occidental. Los historiadores hablan de "tradiciones inventadas": el pasado no se hereda, se fabrica retrospectivamente para las necesidades del presente. Esto no les resta valor: los sitúa donde deben estar, dentro del arte moderno y no fuera de él.
  • El centrismo de recepción. Durante décadas, Occidente solo concedió dos papeles al arte asiático moderno: fuente (lo que inspiró a Van Gogh o a Picasso) o eco (copias "retrasadas" de París). Ambos papeles miden a Asia por su relación con Europa. Llamar a Qi Baishi "el Picasso chino" o buscar en Sher-Gil solo a "la Gauguin india" es el síntoma: se les exige un equivalente europeo para existir. La historiografía reciente (Partha Mitter lo llamó el "síndrome del Picasso frustrado") propone lo contrario: leer estas obras desde sus propios problemas —que ya conoces: nación, colonia, tradición, masas— y aceptar que hubo muchas modernidades, no una sola con sucursales.
  • Las sombras del nacionalismo. El arte de esta lección nació abrazado a la nación, y la nación pasa factura. El panasiatismo de Okakura ("Asia es una") acabó reciclado como coartada del imperialismo japonés que arrasó Corea y China; Taikan puso sus Fujis al servicio del Japón militarista (y pintores yōga como Fujita Tsuguharu se volcaron en la pintura de guerra, como verás en Arte y las guerras mundiales); y la dulce Bharat Mata de 1905 tiene una descendencia agresiva en la iconografía del nacionalismo hindú contemporáneo. La lección es incómoda pero necesaria: las imágenes que construyen naciones no se quedan quietas en el museo.
  • Crear bajo la colonia: ¿colaboración o resistencia? ¿Era colaboracionista el pintor coreano que exponía en el salón colonial Seonjeon, o simplemente sobrevivía y mantenía viva la práctica? ¿Era la Escuela de Bengala una resistencia heroica o —como le reprochó la propia Sher-Gil, que la juzgaba sentimental y escapista— un refugio nostálgico que idealizaba el pasado en lugar de mirar el presente? Los artistas de esta lección discutieron ferozmente entre sí; conviene no convertirlos en un bloque homogéneo de "arte anticolonial".
  • ¿Quién representa al pueblo? Como en el indigenismo mexicano, cabe preguntarse desde dónde se pinta al campesino: Sher-Gil, cosmopolita y aristócrata, pintando aldeanas; Xu Beihong, académico parisino, pintando cavadores; los grabadores urbanos de Shanghái hablando en nombre de las masas rurales. La pregunta —¿dar voz o tomar la palabra en nombre de otros?— atraviesa el siglo y no tiene respuesta cómoda.
  • El precio pagado por las mujeres. Na Hye-seok murió indigente y borrada; Sher-Gil, convertida hoy en icono, fue tratada en vida con la mezcla de fascinación y condescendencia reservada a las mujeres "excesivas". La modernidad asiática, como la europea, se escribió durante décadas en masculino; corregirlo es parte del trabajo actual (Mujeres en la historia del arte).

Glosario de la lección

  • Restauración Meiji (1868): cambio de régimen que devolvió el poder nominal al emperador de Japón e inició la modernización acelerada del país; marco de toda la política artística japonesa moderna.
  • Nihonga: "pintura japonesa"; categoría creada en la era Meiji para la pintura de materiales y formatos tradicionales (pigmentos minerales, tinta, seda, papel) renovada en clave moderna, por oposición al yōga.
  • Yōga: "pintura occidental"; en Japón, el óleo y las técnicas académicas europeas adoptados como lenguaje moderno.
  • Mōrōtai: "estilo vaporoso"; técnica del nihonga (Yokoyama Taikan, Hishida Shunsō) que elimina la línea de contorno y modela con gradaciones tonales; escándalo crítico hacia 1900.
  • Escuela de Bengala: movimiento artístico indio liderado por Abanindranath Tagore (desde c. 1905) que rechazó el academicismo colonial y creó un lenguaje nacional a partir de la miniatura india, Ajanta y la aguada japonesa.
  • Swadeshi: "de nuestro propio país"; movimiento de boicot a los productos británicos surgido contra la partición de Bengala (1905), extendido a la cultura: consumir —y crear— imágenes propias.
  • Aguada (wash) bengalí: técnica de acuarela por capas lavadas con agua, de superficies nebulosas y formato íntimo, característica de la Escuela de Bengala.
  • Guohua: "pintura nacional"; término chino moderno para la pintura de tinta y pincel sobre papel o seda, acuñado por oposición a la pintura occidental; su renovación fue el gran debate artístico chino del periodo.
  • Pintura de letrados (wenrenhua): tradición china del erudito-pintor amateur que valora la expresión personal del pincel sobre la destreza profesional; Chen Shizeng la reivindicó en 1921 como precedente de la modernidad.
  • Xieyi / gongbi: los dos polos técnicos de la pintura china: pincelada rápida y sintética que "escribe la idea" (xieyi) frente a factura meticulosa y detallista (gongbi).
  • Escuela de Lingnan: escuela cantonesa (los hermanos Gao, Chen Shuren) que propuso un "nuevo guohua" mezclando la tinta china con atmósferas del nihonga y temas modernos.
  • Movimiento del grabado creativo (xinxing banhua): movimiento impulsado por Lu Xun desde 1931: xilografías diseñadas, talladas e impresas por el propio artista, de estética expresionista y función social y política.
  • Panasiatismo: ideario de la unidad cultural o política de Asia frente a Occidente ("Asia es una", Okakura); inspirador de solidaridades artísticas y, después, coartada del imperialismo japonés.
  • Seonjeon: Exposición de Arte de Joseon (desde 1922), salón oficial impuesto por la administración colonial japonesa en Corea; ejemplo de cómo la colonia dictaba hasta las categorías del arte.

Actividades y preguntas para debatir

  1. El cuerpo de la nación. Compara Bharat Mata de Abanindranath con La Libertad guiando al pueblo de Delacroix (módulo 8) y con La Nueva Democracia de Siqueiros (lección del muralismo). ¿Qué atributos recibe cada personificación nacional y qué dicen de cada proyecto político? ¿Por qué las naciones modernas necesitan un cuerpo (casi siempre femenino)?
  2. Cartografía sin centro. Dibuja el mapa de redes de esta lección: Tokio–Calcuta (Okakura, Taikan), Tokio–Cantón (Escuela de Lingnan), París–Shanghái/Pekín (Xu Beihong, Lin Fengmian), Berlín–Shanghái (Kollwitz–Lu Xun), Budapest–París–Shimla (Sher-Gil), Santiniketan como cruce (Tagore, Xu Beihong, Gandhi). Debatid: ¿sigue teniendo sentido hablar de "centro y periferia" del arte moderno?
  3. Juicio al par nihonga/yōga. En grupos, defended posturas: "el nihonga es la verdadera vanguardia japonesa porque inventa una modernidad propia" contra "el yōga es la verdadera vanguardia porque se atreve a adoptar el lenguaje nuevo". Después, cuestionad la premisa: ¿y si la modernidad fuera precisamente poder elegir?
  4. Sher-Gil y Gauguin. Busca el Autorretrato como tahitiana de Sher-Gil (1934) y compáralo con los desnudos tahitianos de Gauguin. Una mujer euroasiática se pinta a sí misma en el papel de la "exótica". ¿Es apropiación, parodia, crítica desde dentro, autoafirmación? Relaciónalo con el debate del primitivismo (módulo 9 y Arte africano subsahariano).
  5. Tres gráficas de combate. Compara ¡Ruge, China! de Li Hua, un grabado de Käthe Kollwitz y una calavera de Posada (lección del muralismo). Técnica, público, función, emoción. ¿Qué hace del grabado el medio político por excelencia de la primera mitad del siglo XX?
  6. Audita tu manual. Toma un manual general de historia del arte (o el índice de un museo que conozcas) y busca qué artistas asiáticos aparecen entre 1850 y 1980. Anota el resultado y discútelo: ¿existe el "apagón"? ¿Qué criterios explican las ausencias? ¿Cómo lo corregirías? (Conecta con métodos, historiografía y canon.)

Ejercicio de mirada

Vamos a aplicar paso a paso el método de análisis del curso a Yu Gong mueve las montañas de Xu Beihong (1940). Busca una buena reproducción de la versión en tinta y color del Museo Conmemorativo Xu Beihong de Pekín.

  1. Describe sin interpretar. Enumera lo que ves: cuántas figuras, qué hacen, cómo se distribuyen a lo ancho del formato apaisado, qué elementos de paisaje hay, dónde se concentra el esfuerzo físico. Fíjate en el detalle que sorprende: varios cavadores están desnudos, algo insólito en la pintura china tradicional.
  2. Analiza la forma: dos gramáticas en un papel. Localiza lo que viene de París: anatomías musculadas, escorzos, el friso compositivo de la pintura de historia académica. Localiza lo que viene de la tradición china: el soporte de papel, la tinta, la pincelada visible, los vacíos, el formato de rollo. ¿Dónde chocan ambas gramáticas y dónde se funden?
  3. Pregunta a la técnica. ¿Por qué crees que Xu eligió tinta y papel —y no óleo, que dominaba— para este tema? ¿Qué gana el mensaje al hablar en el "idioma material" chino? Piensa en lo que viste sobre elección de técnica como declaración política.
  4. Lee la iconografía. Investiga la parábola de Yu Gong, el "viejo tonto que movió las montañas": constancia colectiva de generaciones frente a un obstáculo inamovible. Pintada en 1940, en plena invasión japonesa, ¿quién es la montaña y quiénes los cavadores? (Años después, Mao convertiría la misma parábola en discurso célebre: las imágenes tienen segundas vidas.)
  5. Reconstruye el contexto de creación. La obra se pintó en Santiniketan (India), en la universidad de Rabindranath Tagore, con modelos indios, durante una gira de Xu por Asia del Sur en la que retrató a Gandhi. ¿Cómo cambia tu lectura saber que esta imagen de resistencia china nació de una colaboración panasiática?
  6. Formula un juicio. Hay quien ve en Xu Beihong una síntesis genial y quien ve un compromiso académico que sacrificó la poesía de la tinta al mensaje. Con lo observado en los pasos anteriores, toma partido y defiéndelo. ¿La hibridación es aquí una debilidad o es exactamente el tema de la obra?

Autoevaluación

Responde y luego comprueba con la clave.

  1. (Opción múltiple) En el Japón Meiji, el par nihonga / yōga designa: a) Dos periodos sucesivos del arte japonés (antes y después de 1900). b) Dos escuelas de grabado ukiyo-e rivales. c) La pintura de materiales y formatos tradicionales renovada en clave moderna, frente a la pintura al óleo de técnica occidental. d) La pintura religiosa frente a la pintura profana.

  2. (Opción múltiple) Bharat Mata (1905) de Abanindranath Tagore se asocia históricamente con: a) La propaganda del Raj británico. b) El movimiento swadeshi de boicot a lo británico tras la partición de Bengala, como icono de la nación india imaginada con lenguaje visual propio. c) La corte mogol de Akbar. d) El realismo académico de Raja Ravi Varma.

  3. (Opción múltiple) El movimiento del grabado creativo chino de los años treinta se caracteriza por: a) Reproducir pinturas clásicas de paisaje para coleccionistas. b) Xilografías talladas e impresas por el propio artista, de estética expresionista (con influencia reconocida de Käthe Kollwitz) y función política, impulsadas por el escritor Lu Xun. c) Estampas policromas de actores y cortesanas al modo del ukiyo-e. d) Grabados abstractos sin contenido político.

  4. (Abierta) Explica la pregunta-hilo de esta lección —"¿cómo ser moderno sin dejar de ser uno mismo?"— y muestra dos respuestas distintas que se le dieron en dos países diferentes, con un artista y una obra o estrategia concreta por cada uno.

  5. (Abierta) ¿Qué es el "centrismo de recepción" y por qué etiquetas como "el Picasso chino" (para Qi Baishi) resultan problemáticas? Propón una manera alternativa de presentar a estos artistas.


Clave de respuestas

  1. c. Nihonga es la "pintura japonesa" de materiales tradicionales (pigmentos minerales, tinta, seda/papel) modernizada desde dentro; yōga es la pintura de técnica occidental (óleo). Ambas convivieron institucionalizadas (secciones separadas del salón oficial desde 1907).
  2. b. Fue pintada en el clima de agitación contra la partición de Bengala decretada por Curzon (1905) y se convirtió en imagen emblemática del swadeshi: una madre-nación representada con técnica de aguada y atributos de donación (alimento, tela, saber), no con el óleo académico colonial.
  3. b. Lu Xun organizó en Shanghái (1931) la formación de jóvenes grabadores, difundió a Kollwitz y el expresionismo gráfico europeo, y promovió la xilografía autógrafa, barata y multiplicable como arte de denuncia; de ahí salieron obras como ¡Al frente! de Hu Yichuan o ¡Ruge, China! de Li Hua.
  4. Respuesta modelo. La pregunta nombra el dilema de sociedades que se modernizan bajo presión (o dominio) occidental: adoptar los lenguajes nuevos parece perder la identidad; conservar los propios parece renunciar a la modernidad. Respuestas posibles: en Japón, Yokoyama Taikan moderniza desde dentro la pintura de tinta (el mōrōtai, el rollo Metempsicosis): materiales antiguos, ambición moderna. En China, Xu Beihong hace lo inverso: importa el realismo académico parisino y lo funde con la tinta (Yu Gong mueve las montañas) para regenerar el guohua. En la India, Abanindranath rechaza el óleo colonial y construye un lenguaje nacional con la aguada (Bharat Mata), mientras Sher-Gil sintetiza Ajanta y el postimpresionismo (Grupo de tres muchachas). (Se valora cualquier par bien argumentado, incluida la comparación con la Antropofagia latinoamericana.)
  5. Respuesta modelo. El centrismo de recepción consiste en valorar el arte no occidental únicamente por su relación con Occidente: como fuente que inspiró a los europeos o como eco que los imita. "El Picasso chino" obliga a Qi Baishi a existir a través de un patrón europeo, sugiere que su valor deriva del parecido con otro y borra los problemas reales de su obra (la renovación de la pintura de letrados, la síntesis "entre la semejanza y la desemejanza", la dignificación de los temas populares). Alternativa: presentarlo desde su propia genealogía y sus propios debates —la tradición del xieyi, la reivindicación de Chen Shizeng, la reforma de su vejez— y, si se compara con Europa, hacerlo en pie de igualdad (dos modernidades paralelas), no como original y copia. (Se valora la conciencia crítica del problema.)

Para profundizar

Lecturas recomendadas (referencias reales).

  • Okakura Kakuzō, Los ideales de Oriente (1903) y El libro del té (1906): los textos fundacionales del panasiatismo estético, escritos para el público occidental.
  • Partha Mitter, The Triumph of Modernism: India's Artists and the Avant-garde, 1922–1947 (2007) y Art and Nationalism in Colonial India, 1850–1922 (1994): la referencia sobre el arte indio moderno y la crítica al relato eurocéntrico.
  • Tapati Guha-Thakurta, The Making of a New "Indian" Art (1992): estudio clásico de la Escuela de Bengala y el nacionalismo cultural.
  • Yashodhara Dalmia, Amrita Sher-Gil: A Life (2006): biografía de referencia de la pintora.
  • Michael Sullivan, Art and Artists of Twentieth-Century China (1996): panorama fundamental del arte chino moderno.
  • Xiaobing Tang, Origins of the Chinese Avant-Garde: The Modern Woodcut Movement (2008): el mejor estudio del movimiento de Lu Xun.
  • Aida Yuen Wong, Parting the Mists: Discovering Japan and the Rise of National-Style Painting in China (2006): la conexión Japón–China y el nacimiento del "guohua".
  • Dōshin Satō, Modern Japanese Art and the Meiji State: The Politics of Beauty (2011): cómo el Estado Meiji fabricó las categorías del arte japonés moderno.
  • Ellen P. Conant (ed.), Nihonga: Transcending the Past. Japanese-Style Painting, 1868–1968 (1995): catálogo de referencia sobre el nihonga.
  • John Clark, Modern Asian Art (1998): síntesis comparada y marco teórico de las "modernidades asiáticas".
  • Rustom Bharucha, Another Asia: Rabindranath Tagore and Okakura Tenshin (2006): el diálogo Calcuta–Tokio con el que abre esta lección.
  • Kim Youngna, 20th Century Korean Art (2005): panorama del arte coreano moderno, incluido el periodo colonial.

Museos y recursos (dónde ver este arte).

  • Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio (MOMAT): Metempsicosis de Taikan y las mejores colecciones de nihonga y yōga; cerca, el Salón Conmemorativo Kuroda (Museo Nacional de Tokio) y la Casa-museo Yokoyama Taikan.
  • Victoria Memorial Hall, Calcuta: Bharat Mata y la Escuela de Bengala en su ciudad natal.
  • Galería Nacional de Arte Moderno (NGMA), Nueva Delhi: el gran fondo de Amrita Sher-Gil, Abanindranath, Nandalal Bose y Ravi Varma.
  • Museo Conmemorativo Xu Beihong y Academia de Pintura de Pekín (fondos de Qi Baishi), Pekín; Museo Nacional de Arte de China (NAMOC), Pekín, y Museo de Arte de China, Shanghái: pintura y grabado modernos chinos.
  • Museo y Casa Conmemorativa de Lu Xun, Shanghái: el movimiento del grabado y su archivo.
  • Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo (MMCA), Seúl (sedes de Deoksugung y Gwacheon): el arte coreano del periodo colonial, incluida Na Hye-seok.
  • Museum of Fine Arts, Boston: la colección asiática que Okakura ayudó a formar; y la Heilbrunn Timeline of Art History del Metropolitan (entradas sobre arte Meiji, la Escuela de Bengala y el arte chino moderno) para ampliar en abierto.

Has encendido la luz sobre el "apagón" asiático: entre Hokusai y Ai Weiwei no hubo silencio, sino algunas de las respuestas más lúcidas a la pregunta de la modernidad. Con esta lección se cierra el recorrido del Módulo 9: la pregunta "¿cómo ser moderno sin dejar de ser uno mismo?" reaparecerá en América Latina (módulo 11) y en el arte contemporáneo global (módulo 10), donde Tokio, Delhi, Shanghái y Seúl ya no pedirán permiso para entrar en el relato: serán el relato.