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El Caribe y el Atlántico negro

Módulo 11 · Artes de África, las Américas y Oceanía · Periodo: c. 1920 – actualidad (con raíces en los siglos XVI–XIX de la trata atlántica) · Regiones: el Caribe insular (Cuba, Haití, Martinica, República Dominicana) y el nordeste de Brasil (Bahía), con capítulos decisivos en las diásporas de Nueva York, París y Londres.


Panorama

En el Museum of Modern Art de Nueva York cuelga un cuadro enorme, casi cuadrado, de más de dos metros por lado: un muro de cañas de azúcar y bambú del que emergen cuatro criaturas híbridas —pies como raíces, nalgas como frutas, rostros que son máscaras, una mano que empuña unas tijeras—. Es La jungla (1942–43) de Wifredo Lam, hijo de un inmigrante chino y de una cubana de ascendencia africana y española. El MoMA lo compró ya en 1945; y, sin embargo, durante años el cuadro estuvo colgado en un pasillo junto al guardarropa, mientras Las señoritas de Aviñón de Picasso —esa obra que nació de mirar máscaras africanas— presidía las salas nobles. La anécdota es el reverso exacto de la de Frobenius ante la cabeza de Ifé con la que abrimos este módulo (primera lección): allí Occidente no podía creer que África hubiera hecho arte excelso; aquí no sabía dónde colocar a un artista que era, a la vez, heredero de África y maestro de la vanguardia europea.

En esta lección no vas a estudiar un país ni un continente, sino un océano. El escritor brasileño João Guimarães Rosa imaginó en un cuento célebre "la tercera orilla del río": un lugar que no es ninguna de las dos riberas, sino el agua misma. Eso es el Atlántico negro, la expresión que el sociólogo Paul Gilroy acuñó en 1993: la cultura creada por los descendientes de los más de doce millones de africanos deportados por la trata esclavista, una cultura que ya no es África, que nunca quiso ser solo Europa, y que convirtió la síntesis forzada por la esclavitud en una potencia creadora sin equivalente. Verás la vanguardia afrocubana y a Lam a fondo; el llamado Renacimiento haitiano —Hector Hyppolite, el Centre d'Art, las banderas de lentejuelas (drapo) del vudú—; el arte afrobrasileño de Bahía —Mestre Didi, Rubem Valentim, los orixás fotografiados por Pierre Verger—; la Négritude de Aimé Césaire como estética y no solo como poesía; y, como cierre, la diáspora contemporánea de Kara Walker y Firelei Báez.

¿Por qué importa? Primera razón: sin esta lección, el mapa del curso quedaría partido en dos. Estudiaste el arte del África subsahariana y, por separado, el arte colonial y moderno de América (arte colonial latinoamericano, arte latinoamericano moderno); el Atlántico negro es la bisagra que los une: los dioses yoruba de Ifé volverán a aparecer aquí, bailando en La Habana, Puerto Príncipe y Salvador de Bahía. Segunda: esta tradición desmonta como ninguna el "centrismo de recepción" —el vicio de valorar lo no europeo solo cuando París lo aplaude—. Aquí los protagonistas no esperan a ser descubiertos: fundan revistas, centros de arte, teologías visuales y manifiestos, y usan la vanguardia europea como herramienta, no como permiso. Tercera: casi todos los debates urgentes del arte actual —identidad, memoria del trauma, restitución, quién puede representar a quién— se ensayaron primero en este océano.

Objetivos de aprendizaje

Al terminar esta lección serás capaz de:

  1. Situar geográfica y cronológicamente los grandes focos creativos del Atlántico negro —La Habana, Puerto Príncipe, Fort-de-France, Salvador de Bahía y sus diásporas— y el proceso histórico (la trata, la plantación, el cimarronaje) que los explica.
  2. Identificar los rasgos formales recurrentes de estas tradiciones: la síntesis o criollización, el camuflaje de lo sagrado, el brillo acumulativo, el cuerpo en metamorfosis y el emblema-signo.
  3. Explicar conceptos clave como transculturación (Ortiz), Négritude (Césaire), criollización (Glissant) y Atlántico negro (Gilroy), y aplicarlos al análisis de obras concretas.
  4. Analizar obras maestras concretas (de Lam, Hyppolite, los maestros del drapo, Valentim, Verger y Walker) atendiendo a forma, material, iconografía, contexto y función.
  5. Evaluar críticamente las etiquetas con que Occidente recibió estas obras —"naíf", "primitivo moderno", "surrealismo espontáneo"— y reconocer en ellas nuevas versiones del viejo prejuicio del "arte primitivo".
  6. Relacionar esta tradición con las religiones afroatlánticas (santería, vudú, candomblé) entendidas no como "folclore", sino como sistemas estéticos y de pensamiento completos.

Contexto histórico, social y cultural

La plantación: la máquina que fabricó un mundo. Entre los siglos XVI y XIX, la trata atlántica embarcó a la fuerza a unos 12,5 millones de africanos, de los que sobrevivieron a la travesía —el llamado Paso del Medio— unos 10,7 millones. Casi la mitad desembarcó en Brasil; buena parte del resto, en las islas del Caribe, donde el azúcar convirtió colonias diminutas en las posesiones más rentables del planeta. La plantación fue una máquina de moler personas, pero también, sin quererlo, una fábrica de cultura: en los barracones convivieron, forzados, yoruba, fon, ewe, kongo, igbo; de esa convivencia bajo el látigo nacieron lenguas criollas, músicas nuevas y religiones nuevas. Conviene decirlo sin eufemismos: nada de lo que sigue "compensa" el crimen. Pero reducir a los esclavizados a víctimas pasivas sería el último despojo: fueron también creadores que rehicieron el mundo con los fragmentos que la trata no pudo arrancarles.

Las religiones del Atlántico: teologías reconstruidas. El corazón de esta lección son tres sistemas religiosos hermanos. En Cuba, la santería o Regla de Ocha reorganizó el panteón yoruba (los orichas: Changó, Yemayá, Ochún, Elegguá) dentro de los cabildos de nación, las cofradías de africanos toleradas por la colonia; junto a ella, la sociedad secreta abakuá, de origen efik, con sus "diablitos" (íremes) y su escritura de signos (anaforuana). En Haití, el vudú fundió a los lwa de origen fon y kongo —Ogou, Ezili, Danbala— con el catolicismo francés. En Brasil, el candomblé recreó en los terreiros de Bahía el culto a los orixás. En los tres casos operó el mismo mecanismo genial: el camuflaje sincrético. Prohibidos sus dioses, los esclavizados los vistieron con las estampas de los santos católicos: Santiago Matamoros a caballo prestó su imagen a Ogou, señor del hierro y la guerra; la Virgen negra de Częstochowa, a Ezili Dantò. Bajo la superficie aprobada latía otra cosa. Recuerda esto: buena parte del arte de esta lección es ese camuflaje hecho forma.

Haití: la revolución que Occidente no quiso mirar. En 1791, los esclavizados de Saint-Domingue se alzaron —la tradición sitúa el inicio en una ceremonia de vudú en Bois Caïman— y en 1804 fundaron Haití, la primera república negra de la historia, derrotando a los ejércitos de Napoleón. Fue el acontecimiento más radical de la era de las revoluciones y fue castigado con un embargo de silencio (y con una deuda extorsiva a Francia) que duró generaciones. El rey Henry Christophe levantó en el norte la Citadelle y el palacio de Sans-Souci, ruinas que reaparecerán al final de la lección en manos de Firelei Báez. Sin la revolución haitiana no se entiende ni el orgullo ni el aislamiento del arte haitiano del siglo XX.

Los conceptos: un océano pensado desde dentro. Esta tradición no esperó a que la teoría llegara de fuera; la produjo. En 1940, el antropólogo cubano Fernando Ortiz acuñó el término transculturación (en su Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar) para corregir la idea de "aculturación": en el Caribe nadie "adopta" simplemente la cultura dominante; todas las partes se transforman y engendran algo nuevo. En París, hacia 1935, tres estudiantes negros —el martiniqués Aimé Césaire, el senegalés Léopold Sédar Senghor y el guayanés Léon-Gontran Damas— acuñaron la palabra négritude: la asunción orgullosa de una identidad negra despreciada, "no una piedra lanzada contra el clamor del día", sino una zambullida en la propia historia. Césaire la desplegó en su Cuaderno de un retorno al país natal (1939), uno de los grandes poemas del siglo. Décadas después, otro martiniqués, Édouard Glissant, propuso la criollización: la identidad no como raíz única, sino como red de relaciones. Y en 1993 Paul Gilroy dio nombre al conjunto: el Atlántico negro, una "contracultura de la modernidad" cuyo símbolo es el barco —el negrero, pero también el barco del retorno—.

Los años decisivos (c. 1920–1950). Todo cristaliza en tres décadas. En Cuba, la vanguardia de los años veinte y treinta (el llamado afrocubanismo) vuelve los ojos a la cultura negra: la revista revista de avance (1927–30), la poesía de Nicolás Guillén (Motivos de son, 1930), la etnografía de Ortiz y de Lydia Cabrera (El monte, 1954). En Martinica, los Césaire —Aimé y la ensayista Suzanne Césaire— publican bajo la censura de Vichy la revista Tropiques (1941–45). En Haití, el acuarelista norteamericano DeWitt Peters funda con intelectuales haitianos el Centre d'Art de Puerto Príncipe (1944), catalizador del llamado Renacimiento haitiano. En Brasil, Abdias do Nascimento crea el Teatro Experimental do Negro (1944) y los terreiros de Bahía se convierten en foco de creación reconocida. Y en el París de posguerra, la revista y editorial Présence Africaine (1947) y el Primer Congreso de Escritores y Artistas Negros (1956) conectan todas estas orillas entre sí y con África, enlazando con lo que estudiaste en África moderna y contemporánea.

Rasgos formales y estilísticos clave

Como siempre en este módulo, desconfía de las generalizaciones: entre un óleo de Lam y una bandera de lentejuelas hay tanta distancia como entre un Giotto y un tapiz. Pero hay hilos comunes que educan la mirada.

  • La síntesis como principio creador (criollización). Estas obras no "mezclan" pasivamente: funden materiales de origen dispar —panteón yoruba, estampa católica, cubismo, fotografía de estudio— en algo nuevo e irreducible a sus fuentes. La hibridez no es impureza: es el estilo mismo.
  • El camuflaje de lo sagrado. Lo más importante suele estar escondido a plena vista: el santo católico que es un lwa, el cañaveral que es el monte sagrado, la geometría que es un altar. Suzanne Césaire tituló su último ensayo "El gran camuflaje" (1945): pocas fórmulas describen mejor esta estética del doble fondo.
  • Brillo, destello, acumulación. Lentejuelas, cuentas, cauríes, azúcar cristalizada: superficies que centellean y exigen ser vistas en movimiento. El historiador Robert Farris Thompson lo llamó el "destello del espíritu" (flash of the spirit): en las culturas afroatlánticas, el brillo señala la presencia de lo divino.
  • El cuerpo en metamorfosis. Figuras híbridas —mujer-caballo en Lam, la ciguapa de pies invertidos en Báez— que remiten a la experiencia central de estas religiones: la posesión ritual, en la que el oricha "monta" a su "caballo" humano. El cuerpo no es una forma cerrada, sino un umbral.
  • El emblema y el signo. Frente a la escena narrativa, estas tradiciones prefieren a menudo el signo condensado: los vèvè (dibujos rituales de cada lwa trazados con harina en el suelo), las herramientas-emblema de los orixás, las "firmas" abakuá. Rubem Valentim construirá sobre esto toda una abstracción.
  • La obra activada. Como la máscara subsahariana de la primera lección, muchos de estos objetos no se contemplan: se portan, se bailan, se saludan. Un drapo inmóvil en una vitrina es, en rigor, un drapo dormido.
  • La memoria alojada en el material. Azúcar, ron, añil, mapas coloniales: los materiales llegan cargados de historia. Elegir azúcar (Walker) o esmalte de brocha gorda (Hyppolite) ya es un enunciado.

Materiales y técnicas

  • Óleo y gouache a gran escala. Lam pintó La jungla al gouache sobre papel (montado luego sobre lienzo): una materia mate, casi de pintura mural, que rehúye el lujo del óleo de caballete.
  • Esmalte industrial y cartón. Los pintores haitianos de los años cuarenta trabajaron con lo que había: pintura de esmalte, brochas, cartón, madera, fibras de la escoba o —según la tradición sobre los inicios de Hyppolite— plumas de gallina a modo de pincel. La pobreza del soporte contrasta con la ambición teológica de las imágenes.
  • Lentejuelas y cuentas cosidas (drapo). Las banderas del vudú se bordan cosiendo a mano miles de lentejuelas y mostacillas de vidrio sobre tela (raso, rayón). Desde los años noventa, artistas como Myrlande Constant introdujeron la técnica del tambour (aguja de gancho sobre bastidor, aprendida en los talleres de vestidos de novia), que permite superficies enteramente cubiertas de cuentas.
  • Nervadura de palma, cuero, cauríes. Mestre Didi esculpió con los materiales rituales del candomblé: nervaduras de hoja de palmera, tiras de cuero, conchas de cauri y cuentas, los mismos con que se fabrican los emblemas litúrgicos de los orixás.
  • Madera pintada y acrílico. Valentim construyó relieves y "objetos emblemáticos" en madera pintada con precisión industrial, a menudo en el blanco de Oxalá.
  • Fotografía de gelatina de plata. Verger trabajó toda su vida con una Rolleiflex de formato cuadrado, que se sostiene a la altura del pecho: una cámara que obliga a inclinarse ante el fotografiado.
  • Azúcar, melaza, poliestireno, papel recortado. Kara Walker pasa de la silueta de papel negro —técnica decorativa del siglo XIX vuelta arma crítica— a la escultura monumental recubierta de azúcar.
  • El documento como soporte. Firelei Báez pinta sobre facsímiles de mapas y documentos coloniales: la historia, literalmente, debajo de la pintura.

Artistas y figuras clave

  • Aimé Césaire (Martinica, 1913–2008) y Suzanne Césaire (1915–1966). El poeta y alcalde de Fort-de-France no fue pintor, pero su Cuaderno de un retorno al país natal (1939) funciona como el gran programa estético del Atlántico negro: asumir la herida, invertir el estigma, "mi négritude no es una piedra…". Suzanne, en Tropiques, formuló la vertiente visual y combativa: "la poesía martiniquesa será caníbal o no será" —un eco antillano de la antropofagia brasileña que viste en la lección de arte latinoamericano moderno—.
  • Wifredo Lam (Cuba, 1902–1982). La figura-puente por excelencia: ahijado de una sacerdotisa de la santería (Mantonica Wilson), formado en Madrid, combatiente del bando republicano, amigo de Picasso en París, surrealista con Breton en la huida de 1941 —en cuyo barco hacia América viajaban también Claude Lévi-Strauss y otros exiliados, y en cuya escala en Martinica conoció a Césaire—. De regreso a Cuba, puso la gramática cubista y surrealista al servicio de una memoria afrocaribeña que Europa solo sabía exotizar.
  • Hector Hyppolite (Haití, 1894–1948) y la generación del Centre d'Art: Philomé Obin (1892–1986), cronista de la historia haitiana desde Cap-Haïtien; Rigaud Benoit, Castera Bazile, Wilson Bigaud, Préfète Duffaut. Hyppolite, pintor de brocha y houngan (sacerdote de vudú) de tercera generación, fue "descubierto" por las puertas pintadas de un bar de Mont-Rouis y desarrolló toda su obra en apenas tres años febriles (1945–48). Entre 1950 y 1951, varios de estos maestros pintaron los murales de la catedral episcopal de la Sainte-Trinité de Puerto Príncipe —una Biblia haitiana con bodas de Caná de tambores y gallos—, destruidos casi por completo por el terremoto de 2010 (solo tres sobrevivieron y fueron restaurados).
  • Los maestros del drapo: Antoine Oleyant (1955–1992), que llevó la bandera ritual al circuito artístico, y Myrlande Constant (n. 1968), primera gran maestra mujer del género, cuyos tapices de cuentas de escala mural han pasado del ounfò (templo) a los museos (retrospectiva en el Fowler Museum de UCLA, 2023).
  • Mestre Didi (Deoscóredes Maximiliano dos Santos, Brasil, 1917–2013). Hijo de Mãe Senhora, ialorixá del terreiro Ilê Axé Opô Afonjá de Salvador, y él mismo alapini (sumo sacerdote del culto a los ancestros egungun), además de escritor. Sus esculturas —hechas de nervadura de palma, cuero, cauríes y cuentas— amplifican los emblemas rituales de los orixás: el ibiri de Nanã, el xaxará de Obaluaiê. No "representan" lo sagrado: son técnicamente sagradas, hechas por quien tiene autoridad para hacerlas. Participó en la exposición Magiciens de la terre (París, 1989).
  • Rubem Valentim (Brasil, 1922–1991). Bahiano autodidacta, construyó desde los años cincuenta un lenguaje geométrico-constructivo cuyos módulos no son cuadrados neutros, sino los emblemas del candomblé y la umbanda: el hacha doble de Xangô, la flecha de Oxóssi, el tridente de Exu. En su "Manifiesto aunque tardío" (1976) reivindicó una señalética ("riscadura") brasileña anclada en los valores míticos afrobrasileños.
  • Pierre Verger (Francia/Brasil, 1902–1996). Fotógrafo errante que ancló en Salvador de Bahía en 1946 y dedicó medio siglo a documentar los cultos de los orixás en las dos orillas, de Bahía al golfo de Benín. Iniciado como babalawo en Ketu con el nombre de Fatumbi, doctorado con la tesis Flux et reflux de la traite des nègres entre le golfe de Bénin et Bahia (1968), demostró que el Atlántico fue ida y vuelta: comerciantes y libertos afrobrasileños (los agudás) regresaron a África y dejaron allí apellidos, arquitectura y devociones.
  • Kara Walker (EE. UU., n. 1969). La gran narradora del trauma esclavista en la diáspora norteamericana: sus frisos de siluetas negras recortadas escenifican, con una elegancia insoportable, la violencia y el deseo del mundo de la plantación. La conociste de refilón en el módulo 10 (arte, feminismo e identidad); aquí la verás a escala de monumento.
  • Firelei Báez (República Dominicana, n. 1981). De ascendencia dominicana y haitiana, criada entre ambos lados de la frontera de la isla y activa en Nueva York. Pinta exuberantes figuras en metamorfosis —entre ellas la ciguapa del folclore dominicano, la criatura de pies invertidos que no puede ser rastreada— sobre facsímiles de mapas y documentos coloniales, y ha levantado a escala arquitectónica las ruinas del palacio de Sans-Souci cubiertas de índigo y coral, como rescatadas del fondo del mar (versiones en la Bienal de Berlín de 2018 y en el ICA Watershed de Boston, 2021).

Obras maestras comentadas

1. La jungla, de Wifredo Lam (1942–1943)

La jungla
La junglaimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Ficha. Gouache sobre papel montado sobre lienzo, 239,4 × 229,9 cm; pintado en La Habana. Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York (adquirido en 1945).
  • Análisis. Ya trabajaste esta obra en la lección de arte latinoamericano moderno; vuelve ahora a ella con las claves de esta lección y verás otro cuadro. Cuatro figuras híbridas —piernas como cañas, pies como raíces, grupas equinas, rostros-máscara, y arriba a la derecha unas tijeras— se apiñan en un cañaveral sin cielo ni horizonte. Forma: la fragmentación cubista y la luz lunar surrealista están ahí, pero al servicio de otra cosa: la mujer-caballo (femme cheval), motivo central de Lam, cifra la posesión ritual de la santería, en la que el oricha "monta" a su médium. Iconografía: no hay junglas en Cuba, y Lam lo sabía; lo que hay son cañaverales —la plantación, la esclavitud— y el monte, el espacio sagrado donde los esclavizados fugados y sus dioses hallaban refugio (el mismo monte que estudió Lydia Cabrera). Las tijeras cortan: ¿la caña, el cordón con Europa, la carne? Contexto: Lam acababa de volver a Cuba huyendo de la guerra europea, tras el encuentro con Césaire en Martinica. Declaró querer que su pintura actuara como "un caballo de Troya" del que saldrían figuras alucinantes capaces de turbar los sueños de los explotadores. Por qué importa: cierra el círculo abierto en la primera lección del módulo. Las máscaras africanas alimentaron el cubismo de Picasso; Lam, formado en ese cubismo, devuelve la máscara a casa y le restituye lo que París le había quitado: función, religión, política. No es primitivismo: es la respuesta al primitivismo.

2. Ogou Feray (Ogoun Ferraille), de Hector Hyppolite (c. 1945–1947)

Ogou Feray
Ogou Ferayimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Ficha. Óleo y esmalte sobre cartón; Puerto Príncipe. Obras de Hyppolite se conservan en el Centre d'Art y el Musée d'Art Haïtien (Puerto Príncipe), el Milwaukee Art Museum (colección Flagg) y el Waterloo Center for the Arts (Iowa).
  • Análisis. El lwa guerrero del hierro y del fuego, heredero del Gu fon y del Ogún yoruba —el mismo que viste armado en la primera lección del módulo, ahora al otro lado del mar—, aparece frontal y soberano, con machete, uniforme y los atributos rojos de su culto, en una imagen que debe tanto a las estampas de Santiago Matamoros como al altar del ounfò. Forma: color plano y saturado aplicado con brocha, dibujo sin academia pero de una autoridad compositiva total, frontalidad de icono. Función y contexto: Hyppolite no ilustraba mitos ajenos: era houngan, sacerdote; pintaba a sus propios dioses desde dentro del culto, como un teólogo con brocha. Descubierto por las puertas pintadas de un bar ("Ici la Renaissance", en Mont-Rouis), produjo cientos de obras en tres años, hasta su muerte en 1948; André Breton compró varias en su visita a Haití (1945–46) y lo celebró en Europa, y la exposición de la UNESCO en París (1947) lo consagró internacionalmente. Por qué importa: es la prueba de fuego contra el "centrismo de recepción". La historia suele contarse así: "Breton descubrió a Hyppolite". Inviértela: un sacerdote haitiano llevaba años elaborando una pintura teológica autónoma, y la vanguardia europea llegó tarde y entendió la mitad. La etiqueta "naíf" que se le colgó es el viejo "arte primitivo" con traje nuevo.

3. Drapo de vudú (banderas de Ogou, Ezili Dantò y otros lwa; tradición viva, siglos XX–XXI)

Drapo
Drapoimagen: CC BY-SA 3.0 · Wikimedia
  • Ficha. Tela bordada con lentejuelas y cuentas de vidrio cosidas a mano; Haití. Piezas de maestros como Antoine Oleyant o Myrlande Constant en el Fowler Museum (UCLA, Los Ángeles), el Milwaukee Art Museum y colecciones internacionales.
  • Análisis. Una bandera de raso centellea con miles de lentejuelas que dibujan un vèvè —el diagrama ritual de un lwa— o la imagen de un santo católico que es, en camuflaje, un dios africano: Santiago a caballo (Ogou), la Virgen negra de la mejilla cortada (Ezili Dantò). Forma: el fondo entero vibra; el brillo no es decoración, sino teología —el destello señala la presencia—. Función: los drapo se guardan consagrados en el templo y salen en pareja, portados por abanderadas escoltadas por un maestro de espada, para saludar a los lwa al inicio de la ceremonia: son objetos performativos, como la máscara subsahariana, y exhibirlos planos e inmóviles es mostrarlos dormidos. Contexto: el género funde la bandera militar (Haití nació de un ejército revolucionario), el estandarte procesional católico y las artes textiles fon y kongo. Desde los años noventa, Myrlande Constant —formada cosiendo vestidos de novia— transformó el formato en tapices murales de cuentas densísimas y escenas multitudinarias, abriendo al mismo tiempo un oficio masculino a las mujeres. Por qué importa: es la forma-emblema del Atlántico negro: sagrada y mercantil, ritual y de exportación, tradicional y en plena innovación; y plantea al museo el mismo problema que el nkisi de la primera lección: ¿puede una vitrina custodiar un objeto cuya razón de ser es actuar?

4. Templo de Oxalá, de Rubem Valentim (1977)

Templo de Oxalá
Templo de Oxaláimagen: CC BY 2.0 · Wikimedia
  • Ficha. Conjunto escultórico de relieves y tótems en madera pintada de blanco; presentado en la XIV Bienal de São Paulo (1977). Obras de Valentim en la Pinacoteca do Estado de São Paulo, el MASP y otros museos brasileños.
  • Análisis. Un recinto de formas geométricas blancas —el blanco es el color de Oxalá, el orixá creador— donde flechas, hachas dobles, tridentes y escaleras se ensamblan con la precisión de un arte concreto. Forma: a primera vista, abstracción constructiva como la que Brasil canonizó en los años cincuenta (recuerda el concretismo de la lección de arte latinoamericano moderno). Pero cada módulo es un emblema litúrgico: el hacha doble (oxê) de Xangô, señor del trueno y la justicia; la flecha de Oxóssi, el cazador; el tridente de Exu, el mensajero de los caminos. Contenido: no es abstracción sobre el candomblé, sino una señalética sagrada elevada a monumento: un templo laico en plena bienal. Contexto: Valentim, bahiano en Brasilia, reivindicó en su "Manifiesto aunque tardío" (1976) un arte enraizado en los valores míticos afrobrasileños frente a la geometría "internacional" sin memoria. Por qué importa: desmiente el reparto colonial de papeles según el cual la abstracción es patrimonio de Occidente y a los demás les toca el "folclore". Valentim demuestra que la geometría también tiene genealogías africanas —los vèvè, los emblemas, los paños— y que se puede ser rigurosamente constructivo y rigurosamente yoruba a la vez.

5. Los orixás en dos orillas: el ciclo fotográfico de Pierre Verger (1946–c. 1979)

  • Ficha. Fotografías en blanco y negro (gelatina de plata, negativos cuadrados de Rolleiflex); Salvador de Bahía y África occidental (Benín, Nigeria). Fundação Pierre Verger, Salvador; publicadas en Dieux d'Afrique (1954) y Orixás (1981).
  • Análisis. Una iniciada de Bahía en trance, con los ojos cerrados y el cuerpo cubierto de collares; años después, en Ouidah o en Ketu, un sacerdote del mismo dios con los mismos gestos: Verger fotografió el culto de los orixás a ambos lados del océano y montó las imágenes en espejo. Forma: la Rolleiflex se sostiene a la altura del pecho y obliga a inclinarse ante el retratado: de ahí esa frontalidad respetuosa, sin picados coloniales; luz natural, grano denso, nada de exotismo de reportaje. Contexto y función: Verger no fue un fotógrafo de paso: vivió medio siglo en Salvador, fue iniciado como babalawo (adivino de Ifá) con el nombre de Fatumbi, y sostuvo su trabajo visual con una obra etnográfica mayor sobre el "flujo y reflujo" entre Bahía y el golfo de Benín, incluidos los agudás, los retornados afrobrasileños que llevaron de vuelta a África apellidos, fachadas y devociones. Por qué importa: sus dípticos son la demostración visual de la tesis de esta lección —el Atlántico como sistema de ida y vuelta, no como pérdida sin retorno— y, a la vez, obligan a discutir quién fotografía a quién: ¿mirada iniciada o mirada externa con acceso privilegiado? La pregunta queda abierta en los debates.

6. A Subtlety, or the Marvelous Sugar Baby, de Kara Walker (2014)

A Subtlety, or the Marvelous Sugar Baby
A Subtlety, or the Marvelous Sugar Babyimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Ficha. Escultura monumental efímera: bloques de poliestireno recubiertos de azúcar blanco (c. 10,8 m de alto × 23 m de largo), con figuras auxiliares de melaza y resina; antigua refinería Domino Sugar, Brooklyn, Nueva York (comisionada por Creative Time; desmontada con la fábrica).
  • Análisis. En la nave de una refinería a punto de ser demolida, una esfinge colosal y blanquísima, con el pañuelo de la mammy —el estereotipo de la sirvienta negra—, recibía a los visitantes escoltada por niños de melaza que se derretían literalmente durante la exposición. Forma: la escala del monumento faraónico aplicada a quien nunca tuvo monumento; el blanco cegador del azúcar refinado sobre una figura negra: el material es el discurso. Contenido: el título remite a las subtleties, las esculturas de azúcar de los banquetes medievales europeos, lujo temprano del que ya dependía la plantación; la dedicatoria de la obra honra "a los artesanos no pagados y extenuados que refinaron nuestro dulce". Contexto: erigida en el circuito final del azúcar —la refinería urbana— cierra el arco que empezó en el cañaveral de La jungla. La obra generó además su propio debate: miles de visitantes se fotografiaban sonrientes ante la esfinge, y esa frivolidad ante el trauma pasó a formar parte del significado de la pieza. Por qué importa: demuestra que el Atlántico negro no es un capítulo histórico cerrado, sino una pregunta activa en el corazón del arte contemporáneo global; y que la materia —azúcar, como antes lentejuela o esmalte— sigue siendo el archivo más elocuente de esta tradición.

Conexiones e influencias

Dentro del módulo: la bisagra que faltaba. Esta lección une las dos mitades del módulo 11. De la primera lección llegan los protagonistas invisibles: los dioses y las gramáticas visuales yoruba, fon y kongo que cruzaron el océano en los barcos negreros (los minkisi kongo tienen parientes directos en los pakèt kongo del vudú haitiano). Del arte colonial latinoamericano hereda el escenario —la plantación, el barroco, la agencia afrodescendiente— y del arte latinoamericano moderno, sus vanguardias: la antropofagia de Oswald de Andrade y el "la poesía será caníbal" de Suzanne Césaire son la misma intuición en dos lenguas. Y con África moderna y contemporánea comparte la Négritude —Césaire y Senghor fueron compañeros de invención— y hasta los materiales: las chapas de botellas de licor de El Anatsui arrastran la misma historia atlántica del ron y el aguardiente que el cañaveral de Lam.

Diálogos con otros módulos. El cubismo y el surrealismo son aquí a la vez herramienta y contrincante: Lam los dominó desde dentro y los volvió del revés; Breton creyó reconocer en Haití y en Hyppolite su propia teoría confirmada. El escritor cubano Alejo Carpentier respondió con una enmienda célebre: lo "real maravilloso" americano (prólogo de El reino de este mundo, 1949, su novela sobre la revolución haitiana) no necesita trucos surrealistas, porque brota de la historia y la fe vividas. En el módulo 10, esta genealogía desemboca en Basquiat —hijo de la diáspora haitiana y puertorriqueña (arte, feminismo e identidad)— y en el arte contemporáneo global de bienales que hoy disputan el viejo mapa. Y la pregunta por el canon que planteó el módulo 0 encuentra aquí su caso más claro: un arte que no pide entrar en el relato, sino que lo reescribe.

Qué anticipa. La diáspora contemporánea prolonga la travesía: Kara Walker levantó en la Sala de Turbinas de la Tate Modern la fuente Fons Americanus (2019), parodia del monumento imperial a la reina Victoria con el Atlántico negro —barcos, tiburones, olas— como materia; Firelei Báez hace emerger las ruinas de Sans-Souci en los muelles de Boston. El patrimonio, la memoria y la restitución que estas obras invocan son exactamente los hilos que recogerá el módulo 12 (patrimonio, restitución y descolonización).

Debates e interpretaciones

  • ¿"Naíf" o teología pintada? A los maestros haitianos se les llamó "primitivos modernos" y "naífs", y ese marketing —alimentado por promotores bienintencionados y por el mercado turístico— fijó un techo: se les compraba espontaneidad, no inteligencia. Pero Obin era un cronista histórico de programa ambicioso e Hyppolite un sacerdote que pintaba un sistema teológico completo. La etiqueta "naíf" es el "arte primitivo" de la primera lección con vocabulario amable: celebra la "pureza" para no tener que reconocer la autoridad.
  • Surrealismo: ¿descubrimiento o anexión? Breton celebró a Lam y compró Hyppolites; su visita a Haití (1945–46) electrizó a los jóvenes radicales —la leyenda llega a atribuir a sus conferencias la chispa de la revuelta que derribó al presidente Lescot semanas después—. Pero ¿era surrealismo lo que veía? Lo que Breton llamaba "maravilloso" era, para sus creadores, religión, memoria e historia: no un inconsciente liberado, sino un archivo guardado. Leer el Caribe como "surrealismo espontáneo" es otra forma de centrismo de recepción: medir el valor de estas obras por su parecido con una teoría parisina.
  • La Négritude y sus herederos críticos. Ya viste en África moderna y contemporánea la ironía de la "tigritud" de Soyinka. El Caribe generó su propia autocrítica: el haitiano René Depestre tituló un libro Buenos días y adiós a la negritud (1980), y Glissant opuso a la "raíz única" la criollización como red. ¿Fue la Négritude un esencialismo invertido —definir lo negro con categorías tan rígidas como las del racismo— o una estrategia necesaria en su hora? El debate sigue abierto, y las obras de esta lección son sus mejores documentos.
  • Lo sagrado en el museo (y ante la cámara). Un drapo consagrado, una escultura de Mestre Didi hecha por un sumo sacerdote, una fotografía de una iniciada en trance: ¿pueden exhibirse como "arte" sin traicionar su naturaleza? Es el mismo dilema del nkisi y la máscara de la primera lección, agravado por la cámara: la cineasta Maya Deren esperó años antes de filmar el vudú y acabó iniciada; Verger fotografió como babalawo, desde dentro. Aun así, la pregunta persiste: ¿quién autoriza la imagen de lo sagrado, y a quién beneficia su circulación?
  • ¿Quién es dueño de la herida? Las siluetas de Kara Walker, con sus estereotipos hirientes reactivados, provocaron en 1997 la campaña en contra de la artista Betye Saar, que las consideraba una recaída en la imaginería racista para deleite del público blanco; el carnaval de selfies ante A Subtlety reavivó la cuestión. ¿Debe el arte del trauma ser digno y reparador, o puede —debe— ser ambiguo, obsceno, incómodo? No hay respuesta fácil: hay, de nuevo, un debate que este arte planteó antes y mejor que nadie.

Glosario de la lección

  • Atlántico negro: concepto de Paul Gilroy (1993) para la cultura transnacional creada por la diáspora africana a ambos lados del Atlántico; una "contracultura de la modernidad" cuyo emblema es el barco.
  • Paso del Medio (Middle Passage): la travesía atlántica de los barcos negreros entre África y América, segunda etapa del circuito comercial de la trata.
  • Transculturación: término de Fernando Ortiz (1940) para el proceso por el que culturas en contacto se transforman mutuamente y engendran realidades nuevas, frente a la idea unidireccional de "aculturación".
  • Criollización: en Édouard Glissant, la identidad concebida como relación y mezcla imprevisible, frente a la "raíz única"; el proceso cultural característico del Caribe.
  • Négritude: movimiento poético y político de afirmación de la identidad y los valores culturales negros, fundado en París hacia 1935 por Césaire, Senghor y Damas.
  • Santería (Regla de Ocha): religión afrocubana de matriz yoruba que venera a los orichas, a menudo sincretizados con santos católicos.
  • Vudú haitiano (vodou): religión afrohaitiana de matriz fon, ewe y kongo, articulada en torno al servicio a los lwa; perseguida y caricaturizada, es una de las claves culturales de Haití.
  • Lwa: espíritus o divinidades del vudú haitiano (Ogou, Ezili, Danbala…), servidos en ceremonias con música, danza y posesión ritual.
  • Vèvè: diagrama ritual de un lwa, trazado en el suelo con harina de maíz o ceniza durante las ceremonias de vudú; fuente formal de los drapo.
  • Drapo: bandera ceremonial del vudú, bordada con lentejuelas y cuentas, portada en pareja al inicio de las ceremonias para saludar a los lwa.
  • Houngan / manbo: sacerdote y sacerdotisa del vudú haitiano; Hector Hyppolite fue houngan.
  • Candomblé: religión afrobrasileña de matriz principalmente yoruba, organizada en terreiros (templos-comunidad), que venera a los orixás; Bahía es su gran centro.
  • Orixá / oricha: divinidades de matriz yoruba veneradas en el candomblé y la santería (Xangô/Changó, Iemanjá/Yemayá, Oxalá…), cada una con sus colores, emblemas y ritmos.
  • Axé: en el candomblé, la fuerza vital sagrada que los ritos, los objetos y las personas consagradas concentran y transmiten.
  • Arte naíf: etiqueta para la pintura de autodidactas, de apariencia "ingenua"; aplicada en bloque al arte haitiano, funcionó como una versión amable del prejuicio del "arte primitivo".

Actividades y preguntas para debatir

  1. El caballo de Troya. Compara La jungla de Lam con Las señoritas de Aviñón de Picasso (módulo 9). Uno toma la máscara africana como forma; el otro la devuelve cargada de memoria. Redacta un párrafo argumentando si la frase de Lam —hacer de su pintura "un caballo de Troya"— describe bien esa diferencia.
  2. Descifrar el camuflaje. Elige un lwa (Ogou o Ezili Dantò) e investiga la estampa católica con la que se sincretizó. Busca luego un drapo dedicado a él y anota qué elementos vienen del santo, cuáles del vèvè y cuáles del propio bordador. ¿Por qué el camuflaje, nacido de la persecución, se convirtió en estilo?
  3. El juicio del "naíf". En grupos, repartíos los papeles: un galerista de los años cincuenta que vende "arte naíf haitiano", un historiador actual, un descendiente de Hyppolite y un conservador del Centre d'Art. Debatid: ¿la etiqueta "naíf" ayudó (dio visibilidad y mercado) o condenó (fijó un techo condescendiente)?
  4. ¿Geometría de quién? Compara un relieve de Rubem Valentim con una obra concreta brasileña de la lección de arte latinoamericano moderno. ¿Qué cambia cuando el cuadrado y el triángulo se sustituyen por el hacha de Xangô? Discute: ¿existe una abstracción "universal" o toda geometría tiene genealogía?
  5. Fotografiar lo sagrado. Verger fotografió el candomblé siendo iniciado; muchos reporteros lo han hecho sin serlo. Estableced en grupo tres criterios éticos para fotografiar (o exponer) un ritual religioso vivo, y comprobad si las fotos de Verger los cumplen.
  6. La materia como archivo. Elige dos materiales de esta lección (azúcar, lentejuelas, esmalte, nervadura de palma, mapas coloniales) y explica qué historia "traen puesta" antes de que el artista los toque. Conecta al menos uno con el uso de las chapas de licor por El Anatsui (África moderna y contemporánea).

Ejercicio de mirada

Vamos a aplicar paso a paso el método de análisis a una obra. Usaremos un drapo de Myrlande Constant (busca fotografías de sus banderas de cuentas en la web del Fowler Museum de UCLA, que le dedicó una retrospectiva en 2023).

  1. Mirar sin prejuicios (descripción). Describe solo lo que ves: una superficie textil completamente cubierta de cuentas y lentejuelas, figuras que parecen santos o espíritus, sirenas, cruces, corazones atravesados, una multitud de escenas simultáneas, colores saturados que centellean. No interpretes todavía. ¿Qué emoción te produce el brillo: fiesta, lujo, vértigo?
  2. Resistir la primera lectura. Tu instinto dirá "vudú" con la banda sonora de Hollywood: muñecas, maleficios, oscuridad. Detente. Esa imagen es una caricatura colonial, fabricada además para justificar la ocupación y el desprecio de Haití. Pregúntate: ¿y si esto fuera exactamente lo contrario —una liturgia de bienvenida, un objeto de honor?
  3. Forma y material. Observa cómo la técnica del tambour (aguja de gancho sobre bastidor) permite a Constant cubrir cada milímetro de tela: no queda fondo, todo es figura. Fíjate en el peso que insinúa la pieza —una bandera grande lleva decenas de miles de cuentas y meses de trabajo de taller—. Reflexiona: ¿qué dice ese exceso deliberado sobre la idea de "presencia"?
  4. Iconografía y función. Investiga los personajes: ¿reconoces un vèvè, una sirena (Lasirenn), un santo que quizá sea un lwa camuflado? Recuerda la función del género: los drapo consagrados abren la ceremonia saludando a los espíritus. Los de Constant, de escala mural, ya se hacen también para la pared del museo: ¿cambia eso su naturaleza?
  5. Contexto. Sitúa la obra: Haití, primera república negra, país castigado por el aislamiento, los dictadores y el terremoto de 2010; una artista mujer que aprendió la técnica cosiendo vestidos de novia en una fábrica y que abrió un oficio de hombres. ¿Cómo cargan estos datos la superficie brillante?
  6. Juicio fundamentado. Reúne todo y responde: ¿dónde está el valor de esta obra —en el virtuosismo técnico, en la continuidad de una liturgia viva, en su capacidad de pasar del templo al museo sin pedir permiso, o en cómo desmonta la caricatura del vudú? Justifica con lo que has observado, no con lo que "se supone".

Autoevaluación

  1. (Opción múltiple) La jungla de Wifredo Lam es: a) Un óleo pintado en París bajo la dirección de Picasso. b) Un gouache sobre papel montado en lienzo, pintado en La Habana y conservado en el MoMA. c) Un mural pintado en la refinería Domino de Brooklyn. d) Una acuarela del Centre d'Art de Puerto Príncipe.
  2. (Opción múltiple) Hector Hyppolite fue: a) Un etnógrafo francés establecido en Bahía. b) Un poeta de la Négritude martiniquesa. c) Un pintor y sacerdote de vudú (houngan) vinculado al Centre d'Art de Puerto Príncipe. d) Un escultor cubano de la vanguardia afrocubana.
  3. (Opción múltiple) ¿Qué afirmación describe mejor un drapo de vudú en su contexto original? a) Un tapiz decorativo para turistas, sin función religiosa. b) Una bandera militar del ejército haitiano. c) Una bandera consagrada, bordada de lentejuelas, que se porta al inicio de las ceremonias para saludar a los lwa. d) Un lienzo pintado al óleo con escenas históricas.
  4. (Abierta) Define "transculturación" (Ortiz) y "Atlántico negro" (Gilroy) y aplica ambos conceptos a una obra de la lección a tu elección.
  5. (Abierta) "El arte haitiano es un arte naíf, espontáneo y sin teoría." Discute críticamente esta afirmación a la luz de lo estudiado, conectándola con el debate sobre el "arte primitivo" de la primera lección del módulo.

Clave de respuestas.

  1. b) Gouache sobre papel montado sobre lienzo (239,4 × 229,9 cm), pintado en La Habana en 1942–43 y adquirido por el MoMA en 1945.
  2. c) Pintor y houngan (sacerdote de vudú); desarrolló su obra en Puerto Príncipe entre 1945 y su muerte en 1948, en la órbita del Centre d'Art fundado en 1944.
  3. c) Es un objeto consagrado y performativo: sale en pareja, portado por abanderadas, para saludar a los lwa al abrir la ceremonia; en la vitrina del museo está, en cierto modo, "dormido".
  4. Respuesta orientativa: transculturación es el proceso por el que culturas en contacto (aun bajo violencia extrema) se transforman mutuamente y producen algo nuevo, no la simple adopción de la cultura dominante; el Atlántico negro es la cultura transnacional de la diáspora africana, ni africana ni europea, con el océano como espacio propio. Aplicación posible: La jungla transcultura el cubismo europeo, la santería yoruba-cubana y la memoria de la plantación en una imagen irreducible a sus fuentes; los dípticos de Verger visualizan el Atlántico como ida y vuelta. (Se valora la precisión conceptual y la aplicación concreta.)
  5. Respuesta orientativa: la etiqueta "naíf" describe la falta de formación académica, pero se usó para negar inteligencia y programa a artistas como Hyppolite (una teología visual elaborada desde el sacerdocio) u Obin (un proyecto consciente de crónica histórica nacional). Funciona como versión amable del "arte primitivo": celebra la "espontaneidad" para no reconocer autoridad intelectual, fija un techo de mercado y mide el valor por la recepción externa (Breton, la UNESCO) y no por el sistema propio. (Se valora la conexión con la crítica del primitivismo y el "centrismo de recepción".)

Para profundizar

Lecturas recomendadas (referencias reales).

  • Paul Gilroy, The Black Atlantic: Modernity and Double Consciousness (Verso, 1993; trad. esp.: Atlántico negro, Akal, 2014): el libro que dio nombre y teoría al campo.
  • Robert Farris Thompson, Flash of the Spirit: African and Afro-American Art and Philosophy (Random House, 1983): clásico sobre la continuidad estética entre África y las Américas.
  • Aimé Césaire, Cuaderno de un retorno al país natal (1939; varias ediciones bilingües en español): el poema fundacional de la Négritude; complétalo con Discurso sobre el colonialismo (1950).
  • Fernando Ortiz, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940), y Lydia Cabrera, El monte (1954): los cimientos intelectuales del afrocubanismo.
  • Lowery Stokes Sims, Wifredo Lam and the International Avant-Garde, 1923–1982 (University of Texas Press, 2002): la monografía de referencia sobre Lam.
  • Donald J. Cosentino (ed.), Sacred Arts of Haitian Vodou (Fowler Museum, UCLA, 1995): catálogo imprescindible sobre las artes del vudú, drapo incluidos.
  • Pierre Verger, Orixás: los dioses yorubas en África y en el Nuevo Mundo (1981; ed. bras. Corrupio): el ciclo fotográfico y su erudición.
  • Adriano Pedrosa et al. (eds.), Afro-Atlantic Histories / Histórias afro-atlânticas (MASP, 2018; ed. ampliada DelMonico, 2021): catálogo de la gran exposición que remapeó el campo.
  • Édouard Glissant, Poética de la relación (1990; trad. esp. Universidad Nacional de Quilmes, 2017): la criollización como filosofía.
  • Ian Berry et al. (eds.), Kara Walker: Narratives of a Negress (MIT Press, 2003): panorama crítico de la obra de Walker y sus polémicas.

Museos y recursos (dónde ver este arte).

  • Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York: La jungla de Lam.
  • Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana: la vanguardia afrocubana (Víctor Manuel, Abela, Portocarrero) y obra de Lam en su país.
  • Le Centre d'Art y el Musée d'Art Haïtien (Puerto Príncipe), gravemente afectados por el terremoto de 2010 y en reconstrucción; en EE. UU., el Milwaukee Art Museum (colección Flagg de arte haitiano) y el Waterloo Center for the Arts (Iowa), con la mayor colección pública de arte haitiano del país.
  • Fowler Museum, UCLA (Los Ángeles): colección y exposiciones de drapo y artes del vudú (retrospectiva de Myrlande Constant, 2023).
  • Museu Afro Brasil Emanoel Araujo (São Paulo) y Museu Afro-Brasileiro (UFBA) (Salvador): el gran arte afrobrasileño, de Mestre Didi a Carybé.
  • Fundação Pierre Verger (Salvador de Bahía): el archivo del fotógrafo, con decenas de miles de negativos, en su propia casa del barrio de Engenho Velho.
  • MASP (São Paulo): obras de Valentim y el legado de la exposición Histórias afro-atlânticas (2018).
  • Pérez Art Museum Miami, El Museo del Barrio y el Studio Museum in Harlem (Nueva York): colecciones clave de la diáspora caribeña y afroamericana.
  • Memorial ACTe (Pointe-à-Pitre, Guadalupe, 2015): el gran centro caribeño de memoria de la esclavitud.

La vuelta al mundo del módulo termina, no en una orilla, sino en el agua: el océano que fue tumba y fue puente resultó ser también un taller. La pregunta del módulo —¿quién decide qué cuenta como arte?— recibe aquí su respuesta más desafiante: los descendientes de quienes fueron tratados como mercancía convirtieron la síntesis forzada en creación soberana, y hoy sus herederas levantan esfinges de azúcar y palacios de índigo en el corazón de los museos. El módulo 12 —Temas transversales— recoge ahora todos los hilos del curso: mujeres, mecenas, poder, retrato, materia, y ese debate sobre patrimonio y restitución que el Atlántico negro convirtió en urgencia.