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África moderna y contemporánea: del estudio fotográfico a las bienales

Módulo 11 · Artes de África, las Américas y Oceanía · Periodo: c. 1900 – actualidad (con el gran arco entre las independencias, c. 1957–1975, y las bienales del presente) · Regiones: África continental —con Malí, Senegal, Nigeria, Ghana y Sudáfrica como focos principales— y sus diásporas en Europa y América.


Panorama

Es la noche de Navidad de 1963 en Bamako, la capital del Malí recién independizado. En la pista del Happy Club, una pareja joven baila descalza, inclinada la una hacia el otro, con una elegancia absoluta. Un fotógrafo de veintitantos años, Malick Sidibé, dispara su cámara con flash: acaba de nacer Nuit de Noël (Happy Club), una de las imágenes más celebradas del siglo XX. Cuarenta y cuatro años después, en 2007, ese mismo fotógrafo recogía en Venecia el León de Oro a toda una carrera: el primer africano —y el primer fotógrafo— en recibir el máximo honor de la bienal más antigua del mundo. Entre aquella pista de baile y aquel palco veneciano se tiende el arco completo de esta lección: el camino del estudio fotográfico a las bienales.

En la primera lección de este módulo (Arte africano subsahariano) desmontaste el mito del "arte primitivo"; en la octava (África cristiana e islámica), la ecuación "África = máscara". Queda un último prejuicio por demoler, quizá el más persistente: la idea de que la modernidad artística africana consiste en haber "influido en Picasso". En ese relato, África aporta la materia prima (las máscaras del Trocadéro) y Europa el genio (el cubismo). Falso, y además al revés de lo importante: mientras las vanguardias parisinas citaban máscaras sin entenderlas, los africanos estaban construyendo su propia modernidad, con sus estudios de retrato, sus escuelas de arte, sus manifiestos, sus festivales y, finalmente, sus bienales. Aquí conocerás los estudios fotográficos de Bamako (Seydou Keïta, Malick Sidibé), a los "rebeldes" de la Zaria Art Society nigeriana y su "síntesis natural", la École de Dakar amparada por el poeta-presidente Senghor, dos gigantes tratados a fondo —El Anatsui y William Kentridge—, las identidades en disputa de Yinka Shonibare y Zanele Muholi, y la revolución curatorial de Dak'Art y Okwui Enwezor, que reescribió el mapa del arte mundial.

¿Por qué importa? Primera razón: cierra el arco del módulo. Has visto que África esculpió, fundió, escribió y construyó; falta ver que también fotografió, pintó al óleo, teorizó y comisarió, y que lo hizo en primera persona, no como eco de Europa. Segunda: esta lección es el antídoto definitivo contra el "centrismo de recepción" que venimos combatiendo: aquí los africanos no son la fuente exótica de la vanguardia ajena (módulo 9), sino sujetos plenos de la suya. Tercera: lo que ocurrió entre Dakar, Lagos, Johannesburgo y Kassel entre 1990 y 2015 no cambió solo el "arte africano": cambió todo el arte contemporáneo (módulo 10), obligando al sistema entero —bienales, museos, mercado— a admitir que el canon nunca fue universal. Los debates de restitución del módulo 12 y esta historia son las dos caras de la misma moneda.

Objetivos de aprendizaje

Al terminar esta lección serás capaz de:

  1. Situar cronológica y geográficamente los grandes focos de la modernidad artística africana —los estudios fotográficos de Bamako, la Zaria Art Society en Nigeria, la École de Dakar en Senegal, el arte contra el apartheid en Sudáfrica— y el giro global de los años noventa.
  2. Identificar las estrategias formales características de estos artistas: el retrato de estudio como autoinvención, la "síntesis natural" de lenguajes locales y medios modernos, el material reciclado como memoria histórica, la forma no fija y el dibujo que se borra.
  3. Explicar el papel del Estado, los festivales, las escuelas de arte y las bienales (FESMAN 1966, FESTAC '77, Dak'Art, Rencontres de Bamako) en la construcción de las modernidades africanas.
  4. Analizar obras concretas de Keïta, Sidibé, Enwonwu, El Anatsui, Kentridge y Muholi atendiendo a forma, material, contexto y función.
  5. Evaluar críticamente el relato que reduce África a "influencia sobre la vanguardia europea", así como los problemas del "descubrimiento" occidental de estos artistas (autoría, mercado, etiquetas).
  6. Comprender la obra curatorial de Okwui Enwezor y de la generación de comisarios africanos como una reescritura del mapa del arte contemporáneo, conectándola con los debates sobre canon, museo y descolonización.

Contexto histórico, social y cultural

La fotografía no "llegó" a África: África la adoptó. Conviene empezar corrigiendo la cronología. La fotografía se practicaba en las ciudades costeras africanas desde el siglo XIX: familias de fotógrafos africanos, como los Lutterodt en la Costa de Oro (actual Ghana), operaban estudios ambulantes y fijos desde la década de 1870, y Freetown, Lagos o Saint-Louis tuvieron retratistas locales muy tempranos. Esto importa porque el medio tuvo desde el principio dos usos enfrentados: la cámara colonial producía "tipos étnicos" para postales y archivos antropométricos —cuerpos medidos, numerados, sin nombre—, mientras que en el estudio africano el cliente pagaba, posaba y decidía cómo quería ser visto. El retrato de estudio fue, así, una pequeña máquina de dignidad: el reverso exacto de la mirada colonial. Tras la Segunda Guerra Mundial, con el auge urbano, ese mundo floreció en Bamako: Seydou Keïta abrió su estudio en 1948 y Malick Sidibé retrató después la juventud de la independencia, sus fiestas, sus vespas y sus discos de rock.

Nigeria: de Onabolu a los "rebeldes" de Zaria. En Lagos, ya hacia 1900, Aina Onabolu (1882–1963) pintaba retratos al óleo de la élite local y batalló para que el arte se enseñara en las escuelas coloniales: su academicismo era un gesto político ("también esto sabemos hacerlo"). Una generación después, Ben Enwonwu (1917–1994), formado en la Slade de Londres, se convirtió en el artista africano más célebre de su tiempo, capaz de retratar a la reina Isabel II (1957) y de fundir en bronce el despertar de su país (Anyanwu, 1954–55). Pero el punto de inflexión llegó en 1958, cuando un grupo de estudiantes del Nigerian College of Arts, Science and Technology de ZariaUche Okeke, Demas Nwoko, Bruce Onobrakpeya, Yusuf Grillo, entre otros— fundó la Zaria Art Society. Su idea-fuerza, formulada por Okeke hacia 1960 (el año de la independencia), fue la "síntesis natural" (natural synthesis): ni copiar a Europa ni fingir un pasado intacto, sino fusionar lo mejor de las tradiciones plásticas propias —como el uli, el dibujo corporal y mural de las mujeres igbo, de línea lírica y asimétrica— con las técnicas y medios modernos útiles. En torno al club Mbari de Ibadán (1961), artistas y escritores como Chinua Achebe y Wole Soyinka compartieron esa efervescencia, truncada en parte por la guerra civil de Biafra (1967–70) y continuada después en la Universidad de Nigeria en Nsukka, donde Okeke enseñó y a donde en 1975 llegó un joven escultor ghanés llamado El Anatsui.

Senegal: la Négritude en el poder. El caso senegalés es único: un poeta de la Négritude —el movimiento de reivindicación de los valores culturales negros nacido en el París de los años treinta con Léopold Sédar Senghor, Aimé Césaire y Léon-Gontran Damas— llegó a presidente (1960–1980) e hizo del arte política de Estado. Senghor volcó en la cultura una parte del presupuesto público sin parangón (se ha llegado a hablar de una cuarta parte, cifra discutida pero elocuente), creó la Escuela de Artes de Dakar —con Papa Ibra Tall al frente de la investigación plástica "negra" y el más escéptico Iba N'Diaye en la formación académica—, fundó la manufactura de tapices de Thiès (1966) y organizó el Primer Festival Mundial de las Artes Negras (FESMAN, Dakar, 1966), que reunió a Duke Ellington, Josephine Baker y Césaire. De ese mecenazgo nació la llamada École de Dakar: una pintura y un tapiz de ritmos, máscaras y mitologías estilizadas que buscaban una estética nacional. La comparación con el muralismo mexicano es inevitable: en ambos casos, un Estado poscolonial encargó al arte la invención visual de la nación —con los mismos frutos y los mismos riesgos de academia oficial.

Sudáfrica: arte bajo el apartheid y después. En el extremo sur, la modernidad se hizo contra un Estado racista. Gerard Sekoto pintó los barrios negros de Johannesburgo (su Yellow Houses: A Street in Sophiatown, 1940, fue la primera obra de un artista negro adquirida por la Johannesburg Art Gallery... que él solo podía visitar ciertos días) antes de exiliarse en París en 1947; Ernest Mancoba, cofundador del grupo CoBrA en Europa, fue borrado de su historia durante décadas. Bajo el apartheid (1948–1994), la revista Drum y fotógrafos como Ernest Cole (House of Bondage, 1967) documentaron la vida y la violencia; David Goldblatt fundó en 1989 el Market Photo Workshop de Johannesburgo, semillero del fotoperiodismo y de artistas como Zanele Muholi. Tras 1994, la memoria del régimen y la Comisión de la Verdad marcaron a toda una generación, con William Kentridge a la cabeza.

Muchas otras modernidades. El mapa es mucho más rico de lo que cabe aquí: la Escuela de Jartum sudanesa fundió caligrafía árabe y abstracción (a Ibrahim El-Salahi, n. 1930, la Tate Modern le dedicó en 2013 su primera gran retrospectiva de un artista africano); Etiopía tuvo en Skunder Boghossian un puente entre los manuscritos que estudiaste en la lección anterior y el modernismo; en el Congo floreció la pintura popular urbana de Chéri Samba o Moke y las utópicas maquetas de ciudad de Bodys Isek Kingelez (retrospectiva en el MoMA, 2018); en Nigeria, los talleres de Osogbo revelaron a artistas como Twins Seven Seven. Retén la idea: no hubo una modernidad africana, sino muchas, cada una negociando a su modo entre herencia local, escuela colonial e independencia.

El giro de los noventa: la infraestructura. Hasta c. 1990, estos artistas apenas existían para el sistema internacional del arte. El cambio fue rapidísimo y en buena parte africano: en 1992 arrancó en Senegal la bienal Dak'Art, dedicada desde 1996 al arte contemporáneo africano; en 1994, Bamako —la ciudad de Keïta y Sidibé— fundó los Rencontres de Bamako, bienal africana de fotografía; Johannesburgo celebró sus dos bienales (1995 y 1997); y un joven nigeriano emigrado a Nueva York, Okwui Enwezor, fundó en 1994 la revista Nka: Journal of Contemporary African Art, comisarió en el Guggenheim In/sight: African Photographers, 1940 to the Present (1996) y comenzó el ascenso que lo llevaría a dirigir la Documenta 11 de Kassel (2002) —primera persona no europea en hacerlo— y la Bienal de Venecia (2015). A ello se sumaron museos nuevos (el Zeitz MOCAA de Ciudad del Cabo, 2017; el Museo de las Civilizaciones Negras de Dakar, 2018 —un sueño de Senghor cumplido medio siglo después—), ferias (1-54, fundada en Londres en 2013 por Touria El Glaoui; ART X Lagos, 2016) y un mercado en plena ebullición: en 2018, el retrato Tutu de Ben Enwonwu (1974), perdido durante décadas y reaparecido en un piso de Londres, se subastó por 1,2 millones de libras entre celebraciones nacionales: la prensa lo llamó "la Mona Lisa africana".

Rasgos formales y estilísticos clave

  • El estudio como escenario de autoinvención. En el retrato de Bamako, el fondo de tela estampada, la pose y los accesorios (reloj, radio, vespa, gafas de sol, boubou bordado o traje europeo) no son atrezo inocente: son un vocabulario de modernidad con el que cada cliente compone la imagen de quien quiere ser. Frente a la fotografía colonial de "tipos", aquí el retratado es autor de sí mismo.
  • Síntesis natural: gramáticas locales, medios modernos. El rasgo definitorio del modernismo nigeriano: la línea uli igbo fluye en tinta, óleo o grabado; los símbolos urhobo alimentan las planchas de Onobrakpeya; el patrón del kente organiza los metales de El Anatsui. No es "estilo étnico" añadido, sino una decisión teórica: el manifiesto antes que el pincel.
  • El material como memoria. Chapas de botellas de licor (Anatsui), tela wax "africana" fabricada en Holanda (Shonibare), pinzas de la ropa y estropajos convertidos en coronas (Muholi): el material llega cargado de historia —comercio atlántico, colonialismo, trabajo doméstico— y la obra la activa.
  • La forma no fija. Los tapices metálicos de El Anatsui no tienen forma definitiva: cada montaje los pliega y cuelga de manera distinta, por decisión expresa del artista. Frente al monumento cerrado, una obra nómada y negociada, como un paño que se viste.
  • El palimpsesto: dibujar, borrar, redibujar. Kentridge filma sus carboncillos fotograma a fotograma, borrando y rehaciendo sobre la misma hoja; el rastro del borrado queda visible. Es una poética de la memoria imperfecta: la historia (del apartheid, de la modernidad) nunca se borra del todo.
  • Ironía poscolonial y doble filo. Shonibare viste escenas del rococó europeo con telas "africanas" de origen holandés-indonesio: la trampa de la "autenticidad" queda al descubierto con humor. La ironía —más que la denuncia frontal— es un arma característica de esta generación.
  • El archivo y el documento como campo de batalla. De los negativos de Keïta a los retratos seriados de Muholi (Faces and Phases), buena parte de este arte construye contra-archivos: si el archivo colonial clasificaba cuerpos, estos archivos devuelven nombres, biografías y orgullo.

Materiales y técnicas

  • La gelatina de plata y el estudio. Keïta trabajó con cámara de placas de gran formato (13 × 18 cm) y luz natural, componiendo con fondos textiles y haciendo copias por contacto para sus clientes; Sidibé añadió el flash y la agilidad del reportaje nocturno. Las ampliaciones murales que hoy ves en los museos son, en su mayoría, copias tardías hechas para el mercado occidental: un dato técnico con carga crítica (véanse los debates).
  • El grabado expandido. Bruce Onobrakpeya, experimentando en los talleres Mbari, inventó técnicas propias como el plastocast y el aguafuerte profundo, relieves casi escultóricos que llenó de iconografía urhobo y cristiana: una imprenta convertida en laboratorio de síntesis. Sigue activo pasados los noventa años, y en 2024 expuso en el pabellón nigeriano de Venecia.
  • El bronce académico... con genealogía propia. Enwonwu dominó el modelado y la fundición aprendidos en Londres, pero en Nigeria la cera perdida tenía siglos de historia (recuerda Ifé y Benín en la primera lección): su bronce moderno es menos una importación que un reencuentro.
  • El tapiz de Estado. La manufactura de Thiès tejió los cartones de la École de Dakar en tapices monumentales para embajadas y palacios: el medio medieval europeo puesto al servicio de la imagen de una nación africana nueva.
  • Chapas, precintos y alambre de cobre. El equipo de asistentes de El Anatsui aplana miles de tapones y precintos de aluminio de botellas de licor y los cose en bloques que el artista compone como un tejedor. Resultado: una "tela" metálica flexible, brillante y monumental que no es escultura ni pintura ni tapiz, o es las tres cosas.
  • Tela wax industrial. La tela "africana" de Shonibare es Dutch wax: estampado de origen javanés industrializado por fabricantes holandeses (Vlisco, desde 1846) y británicos para venderlo en África Occidental, donde se hizo seña de identidad. Shonibare la compra en el mercado de Brixton (Londres) y corta con ella trajes victorianos: el textil es ya, en sí mismo, un ensayo sobre la identidad como mercancía global.
  • Carboncillo filmado, sombra y ópera. Kentridge trabaja el dibujo al carbón y pastel, la animación artesanal, el teatro de sombras, la marioneta (con la Handspring Puppet Company) y la escena operística: un arte total de medios deliberadamente "pobres" y anacrónicos frente al brillo digital.
  • La fotografía como activismo. Muholi usa el blanco y negro de alto contraste, oscureciendo su propia piel en la copia hasta un negro profundo y luminoso: una decisión técnica que es un manifiesto sobre la belleza y la palabra "negro".

Artistas y figuras clave

A diferencia de las lecciones anteriores, aquí los nombres abundan: esta es una historia de individuos con biografía, manifiesto y firma —lo que confirma, por contraste, que el "anonimato africano" de las piezas antiguas fue un efecto del relato, no de la realidad.

  • Seydou Keïta (Malí, c. 1921–2001). Retratista de Bamako entre 1948 y 1962, cuando pasó a fotógrafo oficial del nuevo Estado malí. Sus miles de negativos, de composición impecable, forman el gran retrato colectivo de una capital africana en vísperas de la independencia. Redescubierto internacionalmente en los años noventa, en circunstancias que estudiaremos críticamente.
  • Malick Sidibé (Malí, c. 1935–2016). "El ojo de Bamako": documentó las fiestas, los clubes y la orilla del Níger de la juventud independiente, además de regentar su Studio Malick en el barrio de Bagadadji. Premio Hasselblad (2003) y León de Oro de honor en Venecia (2007).
  • Ben Enwonwu (Nigeria, 1917–1994). Pionero del modernismo africano: escultor y pintor igbo formado en la Slade, autor de Anyanwu y del retrato Tutu (1974). Defendió toda su vida que la modernidad y la africanidad no eran contradictorias, y pagó el precio de ser leído como "demasiado occidental" en África y "demasiado africano" en Occidente.
  • Uche Okeke (Nigeria, 1933–2016) y los "rebeldes" de Zaria. Teórico de la "síntesis natural" y renovador de la línea uli en dibujos y óleos como Ana Mmuo (1961); su compañero Demas Nwoko (n. 1935) llevó la síntesis a la arquitectura (León de Oro de la Bienal de Arquitectura de Venecia, 2023), y Bruce Onobrakpeya (n. 1932) al grabado. De su magisterio en Nsukka salió una escuela entera.
  • La École de Dakar: Papa Ibra Tall (1935–2015) e Iba N'Diaye (1928–2008). Las dos almas del experimento senegalés: Tall, el lirismo decorativo de la Négritude tejido en Thiès; N'Diaye, la exigencia del oficio y la desconfianza ante toda estética "esencialmente negra" decretada desde el poder. Su tensión es la mejor introducción al debate sobre la Négritude.
  • El Anatsui (Ghana/Nigeria, n. 1944). Escultor ewe formado en Kumasi y profesor en Nsukka desde 1975. Tras décadas de madera atacada con motosierra y fuego y de cerámicas rotas, halló a finales de los noventa su material definitivo: las chapas de aluminio de botellas de licor. Sus "telas" metálicas —ya las viste en el módulo 10— le valieron el León de Oro a toda una carrera (2015) y la Sala de Turbinas de la Tate (2023). Rechaza la etiqueta de "artista africano" como jaula, mientras hace la obra más profundamente anclada en las tradiciones textiles de África Occidental.
  • William Kentridge (Sudáfrica, n. 1955). Hijo de dos abogados que defendieron a víctimas del apartheid, dibujante, cineasta y hombre de teatro de Johannesburgo. Sus Drawings for Projection (desde 1989) narran mediante carboncillo borrado la culpa y la memoria de la Sudáfrica blanca; su obra escénica va de la Comisión de la Verdad (Ubu and the Truth Commission, 1997) a las óperas de Shostakóvich y Berg. Premio Kyoto (2010) y Princesa de Asturias de las Artes (2017).
  • Yinka Shonibare (Reino Unido/Nigeria, n. 1962). Londinense criado en Lagos, trabaja desde una silla de ruedas tras una enfermedad juvenil. Sus maniquíes decapitados vestidos de tela wax escenifican, con humor venenoso, la promiscuidad de las identidades coloniales: The Swing (after Fragonard) (2001, Tate), Scramble for Africa (2003, catorce delegados sin cabeza repartiéndose el continente en la mesa de Berlín), Nelson's Ship in a Bottle (2010). Firma con sus títulos británicos ("CBE") como ironía suplementaria.
  • Zanele Muholi (Sudáfrica, n. 1972). Se define como activista visual, no como artista, y usa pronombres no binarios. Con formación en el Market Photo Workshop, documenta desde 2006 en Faces and Phases a la comunidad negra LGBTQIA+ sudafricana —retratos serenos y frontales contra los crímenes de odio— y se autorretrata en Somnyama Ngonyama como un icono coronado de objetos cotidianos. Retrospectiva en la Tate Modern (2020).
  • Okwui Enwezor (Nigeria, 1963 – Alemania, 2019) y la generación curatorial. Poeta emigrado a Nueva York, se convirtió en el comisario más influyente de su época: In/sight (Guggenheim, 1996), la II Bienal de Johannesburgo (Trade Routes, 1997), The Short Century (2001), la Documenta 11 (2002) —concebida como cinco "plataformas" en cuatro continentes—, la Bienal de Venecia de 2015 (All the World's Futures) y la dirección de la Haus der Kunst de Múnich. Junto a él, una red: la nigeriana Bisi Silva (1962–2019), fundadora del Centre for Contemporary Art de Lagos, o la camerunesa Koyo Kouoh (1967–2025), directora del Zeitz MOCAA y primera mujer africana nombrada comisaria de la Bienal de Venecia (edición de 2026), fallecida prematuramente mientras la preparaba.

Obras maestras comentadas

1. Retratos del estudio de Bamako, de Seydou Keïta (c. 1948–1962)

  • Ficha. Fotografías en blanco y negro (negativos de placa de 13 × 18 cm, copias a la gelatina de plata); Bamako, Malí. El archivo de negativos lo gestiona el legado del artista; copias en el Smithsonian National Museum of African Art (Washington) y en numerosos museos y colecciones internacionales.
  • Análisis. Una mujer reclinada sobre un fondo de tela estampada, con un vestido cuyo dibujo choca y dialoga con el del fondo; un joven con traje impecable, pluma en el bolsillo y reloj bien visible; una familia posando con su radio o su vespa. Forma: composición frontal y monumental, luz natural, y ese juego de estampado sobre estampado que convierte cada retrato en una superficie vibrante, casi abstracta —una sensibilidad textil que conecta con los paños que ya conoces. Función: el cliente pagaba por la imagen de sí mismo que quería enviar a la familia, al prometido, al pueblo: los accesorios (muchos, del propio estudio) son atributos de modernidad y posición, elegidos como un rey de Benín elegía su coral. Por qué importa: es el contra-archivo perfecto de la fotografía colonial. Donde la postal etnográfica producía "tipos" sin nombre, el estudio de Keïta produce personas que se representan a sí mismas. Que estas imágenes funcionen hoy como obras de arte en museos plantea, además, preguntas fértiles: fueron hechas como encargos privados, y su autor no supo hasta los años noventa que era "un gran artista contemporáneo".

2. Nuit de Noël (Happy Club), de Malick Sidibé (1963)

Nuit de Noël (Happy Club)
Nuit de Noël (Happy Club)imagen: Public domain · Wikimedia
  • Ficha. Fotografía en blanco y negro (gelatina de plata); Bamako, Malí. Copias en colecciones públicas y privadas internacionales; la revista Time la incluyó (2016) entre las cien fotografías más influyentes de la historia.
  • Análisis. Una pareja baila descalza en el patio del club: él inclinado hacia ella con una cortesía total, ella sonriendo hacia el suelo; alrededor, la noche. Forma: el flash recorta a los bailarines contra la oscuridad; la composición en diagonal captura el movimiento sin congelarlo; los pies descalzos sobre el suelo arenoso anclan la elegancia en lo cotidiano. Contexto: el Malí de 1963, recién independizado, baila twist y rock; los jóvenes fundan clubes con nombres soñadores y Sidibé va de fiesta en fiesta fotografiando "la felicidad de la época", revelando de madrugada y exponiendo las hojas de contactos en su estudio para que cada cual encargara su copia. Por qué importa: es la imagen de la independencia vivida, no proclamada: la modernidad africana como experiencia corporal, alegre y propia. Ninguna "influencia sobre Picasso" hay aquí que valga: esto es un arte moderno africano en primera persona, y de los más contagiosos del siglo.

3. Anyanwu, de Ben Enwonwu (1954–1955)

Anyanwu
Anyanwuimagen: CC BY-SA 4.0 · Wikimedia
  • Ficha. Escultura en bronce, c. 2 m; realizada para el Museo Nacional de Lagos (Nigeria), donde se conserva; una segunda fundición, regalo de Nigeria a las Naciones Unidas, se exhibe en la sede de la ONU en Nueva York desde 1966.
  • Análisis. Una figura femenina esbeltísima se alza en espiral desde la tierra, como brotando, con los brazos fundidos al cuerpo y un rostro y tocado que evocan deliberadamente los bronces reales que estudiaste en la primera lección. Anyanwu —"ojo del sol" en igbo— alude al saludo al sol naciente de la religión igbo. Forma: la síntesis está a la vista: modelado y fundición académicos, alargamiento casi manierista, iconografía y espiritualidad igbo, memoria de Ifé y Benín. Contexto: encargada para el museo nacional en vísperas de la independencia, la figura es una alegoría del despertar de Nigeria —y de África— formulada por un africano, no sobre África. Por qué importa: resume en un solo bronce la tesis de la lección. Cuando la crítica occidental le reprochaba ser "demasiado europeo" y cierta crítica africana "demasiado colonial", Enwonwu respondía que su arte era simplemente moderno y nigeriano a la vez: la falsa disyuntiva era el problema de los demás.

4. Dusasa II, de El Anatsui (2007)

  • Ficha. Tapiz monumental de chapas y precintos de aluminio de botellas de licor, aplanados y cosidos con alambre de cobre; presentado en el Arsenale de la Bienal de Venecia de 2007; Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
  • Análisis. De lejos, un manto dorado y ondulante, entre mosaico bizantino y paño kente; de cerca, miles de tapones de marcas de ron y whisky de Nigeria y Ghana, aplastados uno a uno y cosidos con alambre. Material como memoria: el licor fue mercancía clave del comercio atlántico —incluido el de personas esclavizadas— y sigue circulando entre Europa y África; el aluminio de deshecho, transfigurado en esplendor, arrastra esa historia entera sin ilustrarla. Forma no fija: El Anatsui prescribe que cada museo cuelgue y pliegue la obra a su manera; el paño "se viste" distinto en cada muro, como un kente en cada cuerpo. Contexto: presentada en la Venecia de 2007 —donde el artista también cubrió la fachada del Palazzo Fortuny con otro tapiz—, consagró a un profesor de Nsukka de sesenta y tres años como figura mayor del arte mundial. Por qué importa: culmina medio siglo de "síntesis natural": una obra imposible de clasificar (¿escultura?, ¿pintura?, ¿tejido?) que es a la vez radicalmente contemporánea y profundamente africana, y que conquistó el centro del sistema sin pedir permiso ni exotizarse.

5. The Refusal of Time (El rechazo del tiempo), de William Kentridge (2012)

The Refusal of Time
The Refusal of Timeimagen: Public domain · Wikimedia
  • Ficha. Instalación de vídeo de cinco canales con sonido, megáfonos y una "máquina de respirar" escultórica (el "elefante"), c. 30 min; creada para la Documenta 13 (Kassel, 2012) en colaboración con el historiador de la ciencia Peter Galison, el compositor Philip Miller y la coreógrafa Dada Masilo; adquirida conjuntamente por el Metropolitan Museum (Nueva York) y el SFMOMA (San Francisco).
  • Análisis. En una sala oscura, cinco proyecciones envuelven al espectador: metrónomos desincronizados, mapas, el propio Kentridge dibujando y borrando, y al final una procesión de sombras —sombras que cargan bultos, instrumentos, vidas— que desfila hacia el borde de la imagen; en el centro, una máquina de madera respira sin descanso. Contenido: la obra medita sobre cómo el imperio estandarizó el tiempo —el meridiano de Greenwich, los husos horarios, el telégrafo— e impuso su reloj al planeta entero; frente a ello, Kentridge reivindica los tiempos desobedientes: el cuerpo, la entropía, la procesión de los que cargan. Forma: todo es deliberadamente artesanal —carboncillo, sombras chinescas, madera— contra la limpieza digital: el palimpsesto como ética. Por qué importa: es la culminación del método Kentridge —dibujar, borrar, recordar— elevado a filosofía de la historia, y una obra desde el sur (Johannesburgo como atalaya) que piensa el colonialismo no como tema local sino como estructura del mundo moderno. Que naciera en la Documenta y viva en dos museos estadounidenses dice todo sobre el nuevo mapa.

6. Somnyama Ngonyama ("Salve, leona oscura"), de Zanele Muholi (2012–en curso)

  • Ficha. Serie de autorretratos fotográficos en blanco y negro de alto contraste (copias a la gelatina de plata); títulos en isiZulu. Copias en la Tate (Londres) y en numerosos museos; retrospectiva en la Tate Modern (2020).
  • Análisis. Muholi se autorretrata con coronas y adornos hechos de lo que encuentra a mano: pinzas de la ropa, estropajos de acero, tubos de aspiradora, guantes de látex, cinta de embalar. Forma: la frontalidad y la mirada fija de un retrato de aparato; el contraste llevado al extremo, con la piel oscurecida en la copia hasta un negro profundo y aterciopelado que devuelve a la palabra "negro" toda su belleza. Contenido: cada material es un índice —el trabajo doméstico de las mujeres negras, la minería, los estereotipos "etnográficos" que la pose cita y desactiva—; cada título en isiZulu ancla la imagen en una lengua y una historia. Función: activismo visual: la serie acompaña el archivo Faces and Phases, retratos de una comunidad LGBTQIA+ que en Sudáfrica sigue sufriendo violencia pese a una de las constituciones más avanzadas del mundo. Por qué importa: cierra el arco del retrato africano que abrió Keïta —del cliente que se inventa en el estudio al artista que se reinventa como archivo viviente— y conecta esta lección con el arte de la identidad del módulo 10: África no llega tarde a esos debates; los encabeza.

Conexiones e influencias

Dentro del módulo 11. Esta lección es la desembocadura de las otras dos africanas: la cera perdida de Ifé y Benín reaparece en el bronce de Enwonwu; el kente asante, en los metales de El Anatsui; el uli igbo, en la línea de Okeke; la sensibilidad textil, en los fondos estampados de Keïta. Y el gran agravio que estudiaste en la primera lección —el saqueo de 1897— atraviesa también la modernidad: cuando Nigeria organizó el festival panafricano FESTAC '77 y pidió al British Museum la máscara de marfil de la reina Idia para usarla como emblema, el préstamo no llegó y hubo que encargar una réplica. La modernidad africana se construyó, también, contra ese despojo.

Con los módulos 8, 9 y 10. Con el nacimiento de la fotografía (módulo 8), la conexión es directa: los estudios africanos del XIX y XX son un capítulo de la historia mundial del retrato fotográfico, no una nota exótica. Con el cubismo (módulo 9), la relación es de inversión: allí África era objeto de la vanguardia europea; aquí es sujeto de la suya, y artistas como Shonibare devuelven la apropiación citando a Fragonard con telas wax. Y con el arte contemporáneo global (módulo 10), el solapamiento es total: El Anatsui, Kentridge y Enwezor aparecen en ambos relatos porque el "arte global" posterior a 1989 es, en medida decisiva, obra de africanos —de Magiciens de la Terre (1989), con todos sus defectos, a la Documenta 11, que corrigió sus ingenuidades con rigor poscolonial. La fotografía y el vídeo de esta lección dialogan además con el módulo 10, y el retrato como género con el módulo 12.

Hacia el presente. El ecosistema sigue creciendo: pintores como Njideka Akunyili Crosby o Amoako Boafo y artistas como Ibrahim Mahama (que ha envuelto edificios enteros en sacos de yute) encabezan la escena; Lagos, Acra, Dakar, Marrakech y Ciudad del Cabo tienen ferias, residencias y museos propios; y la restitución de los bronces de Benín avanza en paralelo al proyecto del museo EMOWAA en Benin City. La pregunta ya no es si África entra en el mapa del arte: es quién dibuja el mapa. El módulo 12 (Patrimonio, restitución y descolonización) recoge ese testigo.

Debates e interpretaciones

  • ¿"Arte africano contemporáneo" o arte contemporáneo a secas? La etiqueta que abrió puertas en los noventa puede ser hoy una jaula: agrupa por pasaporte a artistas que no comparten lengua, medio ni poética, y les exige "africanidad" legible (máscaras, colores, "identidad") como antes se exigía primitivismo. Muchos artistas la rechazan; otros la reivindican como plataforma política. El Anatsui lo resume a su manera: su obra no necesita el adjetivo, pero tampoco reniega del sustrato. No hay respuesta cómoda: solo la obligación de mirar obra a obra.
  • El "descubrimiento" y sus dividendos. Las fotos de Keïta se expusieron por primera vez en Nueva York (1991) sin nombre de autor; luego vinieron la fama, las ampliaciones de lujo para el mercado, los pleitos entre el legado del fotógrafo, marchantes y coleccionistas occidentales sobre derechos y copias. ¿Quién ganó dinero y autoridad con el redescubrimiento: el artista de Bamako o los mediadores de París y Nueva York? El caso obliga a preguntarse si el sistema global "incluye" o extrae.
  • La Négritude y sus críticos. ¿Puede un Estado decretar una estética? La École de Dakar produjo obras espléndidas y también academia oficial; Iba N'Diaye desconfiaba de pintar "negritud" por encargo, y Wole Soyinka ironizó célebremente con la "tigritud": el tigre no proclama su tigritud, salta sobre la presa. El debate —¿esencialismo necesario o nueva jaula?— sigue vivo en cada bienal "identitaria".
  • La bienalización y sus costes. Dak'Art resiste desde 1992; la bienal de Johannesburgo murió en 1997 por retirada de fondos, en plena edición de Enwezor. ¿Para quién es una bienal africana: para el público local o para el circuito internacional que aterriza una semana? ¿Construye ecosistemas o se los lleva? La comparación entre el modelo estatal senegalés, el voluntarismo malí de los Rencontres y el músculo privado de Zeitz MOCAA o las ferias es un seminario entero sobre política cultural.
  • ¿Quién representa a "África"? Buena parte de las estrellas del "arte africano contemporáneo" vive en Londres, Nueva York o Berlín. La celebración de lo "afropolitano" convive con la incomodidad: ¿se está contando el continente o su diáspora más visible? ¿Y por qué el éxito debe pasar casi siempre por validarse fuera? El propio Enwezor, nigeriano de Múnich, encarnaba productivamente esa tensión.
  • Modernidad, ¿singular o plural? La historiografía reciente (Okeke-Agulu, Harney, Enwezor) habla de modernismos en plural: el de Zaria no es el de Dakar ni el de Jartum. Aceptarlo desmonta la última trampa del canon: la de medir todas las modernidades con el reloj de París y Nueva York, llamando "retraso" a lo que fue, simplemente, otro camino.

Glosario de la lección

  • Estudio fotográfico (africano): negocio urbano de retrato por encargo donde el cliente compone su propia imagen con fondos, poses y accesorios; institución clave de la autorrepresentación africana en los siglos XIX y XX.
  • Síntesis natural: programa teórico de la Zaria Art Society (Uche Okeke, c. 1960): fusionar las tradiciones plásticas locales con las técnicas y medios modernos útiles, sin copiar a Europa ni fingir un pasado intacto.
  • Uli: tradición de dibujo corporal y mural de las mujeres igbo (Nigeria), de línea fluida y asimétrica; fue la base formal del modernismo de Zaria y de la escuela de Nsukka.
  • Zaria Art Society ("rebeldes de Zaria"): grupo de estudiantes de arte nigerianos (1958–1961) que formuló la síntesis natural y sentó las bases del modernismo del país independiente.
  • Négritude: movimiento literario y político de reivindicación de los valores culturales negros (Senghor, Césaire, Damas, desde los años treinta); en Senegal se convirtió en política de Estado y programa estético.
  • École de Dakar: conjunto de pintores y tejedores senegaleses formados y promovidos bajo el mecenazgo de Senghor (años sesenta y setenta), con una estética de mitologías y ritmos estilizados.
  • Tela wax (Dutch wax): tejido estampado industrial de origen javanés, fabricado en Europa (Holanda, Manchester) para el mercado de África Occidental, donde devino seña de identidad; material fetiche de Yinka Shonibare como emblema de identidad "fabricada".
  • Forma no fija: principio de El Anatsui por el que sus tapices metálicos carecen de configuración definitiva y se cuelgan de manera distinta en cada montaje.
  • Bienal: exposición internacional periódica (cada dos años) que desde los noventa se multiplicó fuera de Occidente y redibujó el mapa del arte; su proliferación se llama a veces "bienalización".
  • Dak'Art: Bienal de Dakar (Senegal), activa desde 1992 y dedicada desde 1996 al arte contemporáneo africano; la plataforma continental más longeva, junto a los Rencontres de Bamako de fotografía (desde 1994).
  • Comisario/a (curador/a): figura que concibe y organiza exposiciones y discursos; con Okwui Enwezor, el comisariado se reveló como poder capaz de reescribir el canon.
  • Activismo visual: término con el que Zanele Muholi define su práctica: la producción de imágenes como acción política directa (documentar, dignificar, archivar una comunidad), antes que como "arte".

Actividades y preguntas para debatir

  1. El retrato contra la postal. Busca una postal colonial de "tipos africanos" (c. 1900, hay archivos digitalizados) y un retrato de Seydou Keïta. Compara quién decide la pose, el vestido, el nombre y el destino de cada imagen. Redacta un párrafo sobre el poder de mirar y ser mirado, y conéctalo con la lección de historia del retrato.
  2. Tu manifiesto de síntesis. Lee sobre la "síntesis natural" de Uche Okeke. Después, escribe un manifiesto breve (10 líneas) que proponga una síntesis equivalente para tu propio contexto cultural: ¿qué tradiciones locales fusionarías con qué medios contemporáneos, y para qué?
  3. El juicio a la Négritude. Repartíos los papeles: Senghor defendiendo su política cultural, Iba N'Diaye exigiendo oficio sin consignas, Wole Soyinka con su "tigritud", y un artista joven de la Dak'Art actual. Debatid: ¿debe un Estado africano promover una estética nacional? ¿Con qué límites?
  4. Biografía de un material. Elige las chapas de botella de El Anatsui o la tela wax de Shonibare y reconstruye su cadena histórica completa (origen, comercio, colonialismo, uso actual). Presenta un "mapa del material" y explica cómo la obra activa esa historia sin ilustrarla.
  5. Comisaría tu bienal. A la manera de Enwezor, elige un título-tesis y seis obras de todo el curso (al menos dos de este módulo) que lo desarrollen. Justifica cada elección en dos líneas: ¿qué relato construye tu selección y qué deja fuera? ¿Quién habla y quién calla en tu bienal?
  6. ¿Incluir o extraer? Investiga el "redescubrimiento" de Keïta en los años noventa (exposición anónima de 1991, copias tardías, disputas por los derechos). Debate: ¿qué condiciones harían justa la entrada de un artista del sur en el sistema global del arte?

Ejercicio de mirada

Vamos a aplicar paso a paso el método de análisis a una obra. Usaremos un retrato de estudio de Seydou Keïta (busca, por ejemplo, el de la mujer reclinada con vestido estampado sobre fondo estampado, o el del joven con vespa; los fondos del legado Keïta y las colecciones de los grandes museos están bien documentados en línea).

  1. Mirar sin prejuicios (descripción). Describe solo lo que ves: una persona posando con cuidado extremo, un fondo de tela con motivos, quizá un objeto (reloj, radio, flor, vespa), el encuadre frontal, la luz suave. No interpretes todavía. ¿Qué te transmite la pose: orgullo, calma, deseo de agradar?
  2. Resistir la primera lectura. Tu instinto puede archivar la imagen como "documento etnográfico" o "África vintage". Detente. Esa es la inercia que esta lección desmonta: no estás ante un "tipo", sino ante un encargo privado. Pregúntate: ¿quién pagó esta foto y para quién era?
  3. Forma y material. Observa el juego de estampados entre vestido y fondo: ¿compiten, riman, vibran? Fíjate en cómo la placa de gran formato registra cada textura, y en la geometría de la composición. ¿Dónde has visto antes esta inteligencia textil? (Piensa en el kente, en los paños kuba de la primera lección.)
  4. Función y contenido. Investiga los accesorios: muchos eran del estudio y significaban modernidad, éxito, urbanidad. La foto viajaba a la familia, al prometido, al pueblo de origen: era una declaración de quién se estaba llegando a ser. ¿Cambia eso tu lectura de la pose?
  5. Contexto. Sitúa la imagen: Bamako bajo dominio colonial tardío y en vísperas de la independencia; un estudio africano para clientes africanos; y luego, medio siglo después, la misma imagen ampliada a escala mural en un museo occidental con otro público y otro precio. ¿Qué gana y qué pierde en ese viaje?
  6. Juicio fundamentado. Responde: ¿dónde reside el valor de esta obra: en su belleza formal, en su función original de autorrepresentación, en su condición de contra-archivo histórico, o en cómo interpela al museo que hoy la exhibe? Justifica con lo que has observado, no con lo que "se supone".

Autoevaluación

  1. (Opción múltiple) La "síntesis natural" formulada por Uche Okeke y la Zaria Art Society (c. 1958–1960) proponía: a) Rechazar todo medio artístico occidental y volver a las técnicas precoloniales. b) Fusionar las tradiciones plásticas locales (como el uli igbo) con las técnicas y medios modernos útiles. c) Copiar el academicismo europeo para demostrar destreza. d) Sustituir la pintura por la fotografía documental.
  2. (Opción múltiple) ¿Quién fue la primera persona no europea en dirigir la Documenta de Kassel (2002) y el primer comisario africano de la Bienal de Venecia (2015)? a) Léopold Sédar Senghor. b) El Anatsui. c) Okwui Enwezor. d) Ben Enwonwu.
  3. (Opción múltiple) Los grandes tapices metálicos de El Anatsui están hechos, principalmente, de: a) Láminas de oro batido sobre lienzo. b) Chapas y precintos de aluminio de botellas de licor, cosidos con alambre de cobre. c) Placas de latón fundidas a la cera perdida. d) Hilos de kente teñidos industrialmente.
  4. (Abierta) Explica cómo el retrato de estudio de Bamako (Keïta, Sidibé) invierte la lógica de la fotografía colonial, y qué problemas críticos planteó su "descubrimiento" por el mundo del arte occidental en los años noventa.
  5. (Abierta) "El arte africano moderno importa porque influyó en Picasso." Refuta esta afirmación a partir de lo aprendido en la lección, usando al menos dos ejemplos concretos (artistas, obras o instituciones) de la modernidad africana en primera persona.

Clave de respuestas.

  1. b) La síntesis natural proponía fusionar lo mejor de las tradiciones propias con los medios modernos útiles: ni imitación de Europa ni pasado congelado.
  2. c) Okwui Enwezor (Nigeria, 1963–2019), que dirigió la Documenta 11 (2002) y la Bienal de Venecia de 2015, además de comisariar In/sight (1996), la II Bienal de Johannesburgo (1997) y The Short Century (2001).
  3. b) Chapas y precintos de aluminio de botellas de licor, aplanados y cosidos con alambre de cobre; el material arrastra la memoria del comercio atlántico.
  4. Respuesta orientativa: la fotografía colonial producía "tipos" anónimos, medidos y clasificados para consumo europeo; en el estudio de Bamako, en cambio, el cliente africano pagaba, elegía pose, vestido y accesorios, y decidía el destino de su imagen: autorrepresentación frente a objetificación. El "descubrimiento" occidental (exposición de 1991 con fotos sin autor, ampliaciones de lujo para el mercado, disputas por derechos y copias) planteó problemas de autoría, reparto de beneficios y control del relato: la inclusión en el canon puede funcionar también como extracción. (Se valora el uso crítico de ambos planos.)
  5. Respuesta orientativa: la afirmación reduce África a materia prima de la vanguardia europea (centrismo de recepción). Contraejemplos posibles: la Zaria Art Society y la síntesis natural como programa teórico propio (1958–60); Anyanwu de Enwonwu como alegoría moderna de la nación en bronce (1954–55); los estudios de Keïta y Sidibé como modernidad fotográfica autónoma; la École de Dakar y el FESMAN de 1966 como política estética de Estado; Dak'Art, los Rencontres de Bamako y la obra curatorial de Enwezor como reescritura del mapa global. El valor de todo ello no depende de Picasso ni de su recepción europea. (Se valora la precisión de los ejemplos y la claridad del argumento.)

Para profundizar

Lecturas recomendadas (referencias reales).

  • Chika Okeke-Agulu, Postcolonial Modernism: Art and Decolonization in Twentieth-Century Nigeria (Duke University Press, 2015): el estudio de referencia sobre Zaria y la síntesis natural.
  • Okwui Enwezor y Chika Okeke-Agulu, Contemporary African Art Since 1980 (Damiani, 2009): panorama fundamental, escrito por sus mejores conocedores.
  • Okwui Enwezor (ed.), The Short Century: Independence and Liberation Movements in Africa, 1945–1994 (Prestel, 2001): catálogo-manifiesto de la exposición que reordenó el campo.
  • Sidney Littlefield Kasfir, Contemporary African Art (Thames & Hudson, "World of Art", 1999; ed. revisada 2020): introducción clara y crítica.
  • Elizabeth Harney, In Senghor's Shadow: Art, Politics, and the Avant-Garde in Senegal, 1960–1995 (Duke University Press, 2004): la École de Dakar y sus tensiones.
  • Seydou Keïta (catálogo de la retrospectiva del Grand Palais, RMN, 2016) y André Magnin (ed.), Malick Sidibé (Scalo, 1998): los dos fotógrafos de Bamako en profundidad.
  • Susan M. Vogel, El Anatsui: Art and Life (Prestel, 2012), y Okwui Enwezor y Chika Okeke-Agulu (eds.), El Anatsui: Triumphant Scale (Haus der Kunst/Prestel, 2019).
  • Mark Rosenthal (ed.), William Kentridge: Five Themes (SFMOMA/Yale, 2009): panorámica de su obra por temas.
  • Rachel Kent (ed.), Yinka Shonibare MBE (Prestel, 2008; ed. ampliada 2014) y Sarah Allen y Yasufumi Nakamori (eds.), Zanele Muholi (Tate Publishing, 2020).
  • John Peffer, Art and the End of Apartheid (University of Minnesota Press, 2009): el arte sudafricano bajo y contra el régimen.
  • N'Goné Fall y Jean Loup Pivin (eds.), An Anthology of African Art: The Twentieth Century (Revue Noire/D.A.P., 2002): antología panafricana del siglo XX.

Museos y recursos (dónde ver este arte).

  • Zeitz MOCAA (Ciudad del Cabo) y Norval Foundation (Ciudad del Cabo): las grandes colecciones de arte contemporáneo africano en el continente.
  • Museo de las Civilizaciones Negras (Dakar): el proyecto de Senghor inaugurado en 2018; en la misma ciudad, la bienal Dak'Art (años pares).
  • Rencontres de Bamako (Malí): la bienal africana de la fotografía, en la ciudad de Keïta y Sidibé.
  • Smithsonian National Museum of African Art (Washington): fondos de fotografía africana (Keïta, Sidibé) y modernismo (Uche Okeke), con recursos en línea.
  • Tate Modern (Londres): Muholi, Shonibare, El-Salahi y colecciones crecientes de arte africano moderno; Metropolitan Museum (Nueva York): Dusasa II y The Refusal of Time.
  • Sede de las Naciones Unidas (Nueva York): el bronce Anyanwu de Enwonwu; Museo Nacional de Lagos (Nigeria): la fundición original.
  • Centre for Contemporary Art (CCA), Lagos, y la feria ART X Lagos; en Europa, la feria 1-54 (Londres, Nueva York, Marrakech).
  • El futuro EMOWAA (Benin City, Nigeria), pensado para reunir los bronces restituidos y el arte contemporáneo: el lugar donde esta lección y la primera del módulo se darán la mano.

El arco que abrió la cabeza de Ifé se cierra aquí: del bronce que Frobenius no quiso creer africano al comisario africano que dirigió Venecia, la lección es la misma —África no necesita el permiso de nadie para ser moderna, porque nunca dejó de serlo—. El módulo 12 —Temas transversales— recoge ahora todos los hilos: quién posee el patrimonio, cómo se descoloniza un museo, quién escribe el relato. Y la pregunta del módulo recibe su respuesta más rotunda: el mapa del arte no se amplía; se redibuja, y ya no se dibuja solo desde el norte.